EDITORIAL TSC /
Si hoy el mundo asiste a una nueva y preocupante escalada bélica en Medio Oriente es porque Israel se ha embarcado en uno de los más pavorosos genocidios de las últimas décadas, pero también porque Estados Unidos y la Unión Europea no han hecho nada para evitarlo.
Esta nueva confrontación bélica se debe a una jugada política y guerrerista que apunta a la manipulación por parte de Occidente para tratar de tapar lo evidente como es el genocidio israelí en la Franja de Gaza.
En efecto, ante un escenario de creciente dificultad de Israel y de Occidente por lo que ocurre en Gaza y las manifiestas dificultades de Ucrania para contener a Rusia, desde hace algunos meses se ha provocado a Irán, más de lo habitual, con múltiples fines, siendo uno de ellos desenfocar el genocidio israelí en Palestina y la desastrosa situación que afronta el gobierno de Kiev ante el avance de Moscú.
Los reportes hasta este 14 de abril muestran que Israel ha asesinado a 33.729 personas en Gaza, de las cuales 14.560 son niños; más de 7000 están desaparecidas bajo los escombros. Pero, una vez más, el sionismo con su ataque a Irán hace su magia y transforma a Israel en la víctima.

Tras el ataque reciente de Israel a la Embajada de Irán en Damasco que costó la vida a 16 personas, entre ellas dos generales de alto rango, Teherán respondió militarmente el pasado sábado 6 de abril. Si bien los efectos del contraataque iraní sobre Israel con 170 drones, 30 misiles de crucero y 120 misiles balísticos han sido mínimos, a nadie se le escapa que la escalada bélica en Medio Oriente ha cruzado una nueva y significativa línea.
Es evidente que Palestina es un escenario que desnuda a Occidente, muestra su cinismo e hipocresía y su palmaria falsedad en cuanto a los derechos humanos y el derecho internacional. De ahí que era urgente cambiar el tablero como fuera y, tras semanas de múltiples provocaciones, lo han conseguido.
Ahora el foco, el tablero, es Irán, la ‘perversa’ Irán. Porque desde ahora en Occidente se habla del ataque de Irán, no de las provocaciones perpetradas por Israel. Un escenario en el que Occidente se siente más cómodo y puede mediante manipulación mediática y propagandística, oxigenar su relato.
En el corto plazo, la jugada es un movimiento ganador: atacar a Irán una y otra vez en múltiples dimensiones. Si no responde, se gana; y si responde, se gana más porque se traslada el foco actual de Palestina a la confrontación Irán-Israel.
Por lo pronto este enfrentamiento constituye un aumento claro de la tensión regional y mundial, cuyas consecuencias son cada día más imprevisibles. Es momento de reflexionar si Occidente quiere seguir escalando la tensión o destensar.

Pero para destensar es vital comprender que hay varios actores, asumir que Occidente ya no es hegemónico y comprender que la solución pasa, ineludiblemente, por pactar en lugar de imponer.
Aunque queda claro que el ataque –hasta donde se sabe, fallido– contra Israel se inscribe en el conflicto de baja intensidad que algunos Estados mantienen desde hace décadas, y que la verdadera escalada no fue la respuesta de Irán, sino el bombardeo israelí contra una sede diplomática protegida por la soberanía siria y por la Convención de Viena, el efecto que puede tener este insuceso es el de fortalecer al régimen de Benjamin Netanyahu y de revertir el desgaste autoinfligido por el político ultraderechista tras medio año del brutal genocidio conducido por las Fuerzas Armadas israelíes contra la población palestina en la Franja de Gaza.
Además, está el riesgo de desatar una verdadera guerra regional e incluso global, puesto que estas acciones podrían facilitar el exterminio del pueblo palestino al desviar la atención internacional y reavivar la victimización con que Israel justifica todas sus atrocidades contra la nación cuyos territorios usurpó hace más de 70 años.



