LA JORNADA /
Mediante chantajes, presiones económicas y con el entusiasta apoyo de los demás gobiernos ultraderechistas de la región, Washington impuso a la terrorista y mercenaria cubana Rosa María Payá Acevedo como integrante de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Todo un contrasentido si se tiene en cuenta que su trayectoria se ha caracterizado por conspirar contra la Revolución, promoviendo acciones de desestabilización y endurecimiento del bloqueo económico, financiero, comercial y político de EE.UU. contra la isla, considerado un crimen de lesa humanidad.
Payá Acevedo, que desde 2015 cuenta con el padrinazgo político del cubano-estadounidense Marco Rubio, exsenador y actual secretario de Estado, pertenece a un grupo criminal que perpetra atentados terroristas en la isla; ha recibido millones de dólares en financiamiento de USAID, el rostro amable del golpismo estadounidense; fue una estrecha aliada de Luis Almagro, exsecretario de la OEA y coautor del golpe de Estado de 2019 en Bolivia; y mantiene una campaña permanente para reforzar el bloqueo de Washington contra Cuba, el cual constituye un crimen de guerra en tanto usa el hambre como instrumento para conseguir la rendición de La Habana y la instalación de un régimen títere que restablezca el control colonial al que puso fin la Revolución cubana en 1959.

En su discurso de toma de posesión y en entrevistas posteriores, Payá ratificó que su agenda consiste en servir como ariete de la Casa Blanca en el derrocamiento de los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela. Ante la CIDH, denunció que vivimos en un continente donde la democracia se debilita, la represión crece y millones de personas sufren los efectos del colapso del Estado de derecho; la violencia, el crimen de Estado, el desplazamiento forzado y la persecución golpean con más fuerza a los más vulnerables, pero no pareció darse cuenta de estar describiendo punto por punto lo que ocurre en Estados Unidos bajo Donald Trump.
No consideró un ejemplo de debilitamiento de la democracia las reiteradas ocasiones en las que el magnate ha dicho desconocer si está obligado a respetar la Constitución y las garantías individuales, ha llamado “animales” a los migrantes, el confinamiento de niños y bebés en jaulas o sus comprobados intentos para subvertir los resultados electorales de 2020. Ni siquiera tuvo una palabra crítica para la política trumpiana que busca expulsar a cientos de miles de sus compatriotas.
Para esta ultraderechista, está claro, no importa el pueblo cubano sino los intereses del capital estadounidense y cubano-estadunidense que ansía apoderarse de Cuba.

Con la imposición de Payá Acevedo se confirma por enésima vez que, en su actual configuración, la OEA es un simple apéndice de la CIA, el Departamento de Estado, el Comando Sur y las demás instancias estadounidenses consagradas al injerencismo, la desestabilización y la defensa de los intereses corporativos sobre la voluntad popular en las naciones latinoamericanas y caribeñas.
Cabe recordar que a inicios del mes de junio la nueva dirigencia del organismo envió un mensaje claro de continuidad en sus empeños intervencionistas al desalentar la participación democrática en México y pronunciarse de manera indebida a favor del modelo oligárquico de conformación del Poder Judicial.

En este contexto, México y los demás países de la región comprometidos con la soberanía y la democracia deben estudiar con detenimiento si es pertinente seguir dentro de un organismo que no les aporta nada en términos de integración regional, mediación de conflictos, vigencia de los derechos humanos o solidaridad internacional y que, por el contrario, supone una amenaza permanente contra su libertad, su independencia y sus esfuerzos de impulsar el bienestar de sus habitantes.
La Jornada, México.



