febrero 11, 2026 7:10 pm
Perspectivas sobre codicia monopólica, neoliberalismo y transformación de relaciones sociales en la era digital

Perspectivas sobre codicia monopólica, neoliberalismo y transformación de relaciones sociales en la era digital

POR ALONSO YUPANQUI DE LA CHIRA /

El término ‘tecnofeudalismo’ fue acuñado por el economista griego Yanis Varoufakis para describir una transformación fundamental en el sistema económico global contemporáneo. Según Varoufakis, el tecnofeudalismo no es simplemente una evolución del capitalismo tradicional, sino un cambio de paradigma en el que las grandes corporaciones tecnológicas operan como señores feudales modernos, ejerciendo control sobre vastos territorios digitales y sobre la información, el trabajo y el consumo de millones de personas.

En este modelo, las plataformas tecnológicas no solo intermedian transacciones, sino que las dictan y regulan, extrayendo rentas y limitando la competencia. Varoufakis sostiene que estas empresas han logrado acumular un poder monopólico, que supera la lógica del mercado competitivo que caracterizaba al capitalismo clásico. En vez de mercados libres, existen ecosistemas cerrados donde los usuarios y productores dependen de las reglas impuestas por los propietarios de las plataformas.

El tecnofeudalismo surge como respuesta a la concentración de poder en manos de unas pocas empresas tecnológicas, como Google, Amazon, Facebook y Apple. Estas empresas han evolucionado desde ser competidores en mercados abiertos, a convertirse en monopolios digitales que controlan el acceso, la distribución y la monetización de la información y los servicios en línea.

Desde la perspectiva del capitalismo, la intención monopólica siempre ha estado presente, pero bajo el tecnofeudalismo se intensifica y se institucionaliza. Los mecanismos tradicionales del capitalismo —la competencia, el libre mercado, la innovación— son reemplazados por el control centralizado y la extracción de rentas a través de plataformas digitales. Los usuarios dejan de ser consumidores libres para convertirse en “vasallos” dependientes de los algoritmos y políticas de estas empresas.

Varoufakis argumenta que, bajo el tecnofeudalismo, el valor económico ya no se genera únicamente por la producción y el intercambio, sino por la apropiación de datos, la vigilancia y la manipulación de comportamientos. Las plataformas tecnológicas no solo buscan dominar sus sectores, sino también eliminar cualquier competencia potencial, consolidando un poder monopólico que recuerda la estructura jerárquica y excluyente del feudalismo medieval.

Yanis Varoufakis

Implicaciones y alcance del tecnofeudalismo

El alcance del tecnofeudalismo es global y afecta tanto a la economía como a la sociedad. Los mercados digitales se convierten en feudos privados donde los propietarios de las plataformas tienen la capacidad de decidir quién participa, cómo se distribuye el valor y qué reglas rigen el juego económico. Esta concentración de poder pone en riesgo principios democráticos y limita las posibilidades de movilidad social y económica.

Además, el tecnofeudalismo plantea desafíos profundos en términos de regulación, derechos digitales y equidad. El Estado y las instituciones tradicionales se ven desbordados por el poder de las corporaciones tecnológicas, que pueden influir en políticas públicas, manipular la opinión y determinar el acceso a información vital.

El concepto de tecnofeudalismo de Varoufakis exhorta a reflexionar sobre la evolución del capitalismo hacia formas más concentradas y monopólicas, donde la tecnología y los datos se convierten en herramientas de control y extracción de valor. Este fenómeno exige repensar las estrategias de regulación y protección de derechos en el entorno digital, para evitar que el poder de unos pocos determine el destino de la mayoría.

Dentro de este contexto es preciso ampliar el horizonte respecto de los retos sociales que implica la era digital a partir de la metamorfosis del capitalismo bajo el influjo de las tecnologías digitales, habida cuenta que las arquitecturas digitales han reemplazado al mercado tradicional, dando lugar a nuevas formas de renta y subordinación social, articuladas por las grandes plataformas. Ello constituye una nueva forma de codicia inherente al capitalismo neoliberal.

La transformación estructural del capitalismo en este sentido está sustentada fundamentalmente por la codicia como motor histórico y actual del sistema. Bajo la hegemonía neoliberal, la lógica de la acumulación sin límites se intensifica, desplazando barreras institucionales y sociales que moderaban la voracidad capitalista. El neoliberalismo, lejos de domesticar la codicia, la legitima y la expande, promoviendo la mercantilización de esferas antes ajenas al cálculo económico y subordinando la vida social a la lógica del beneficio privado.

Esta perspectiva resulta esencial para comprender el trasfondo en el que Varoufakis enmarca su diagnóstico: la emergencia de un modo de dominación donde la captura de valor se apoya en nuevas infraestructuras tecnológicas, pero conserva el impulso esencial del capitalismo por maximizar la extracción de renta y plusvalía.

El principal mérito del análisis de Varoufakis reside en su capacidad para identificar la expansión del poder económico y la transformación radical de las relaciones sociales y productivas bajo el capitalismo digital. Las plataformas digitales —Google, Amazon, Facebook, Apple, entre otras— no sólo median el intercambio, sino que lo condicionan y lo controlan mediante arquitecturas algorítmicas que sustituyen al mercado tradicional. Este tecnofeudalismo está caracterizado por la emergencia de nuevas fuentes de renta (renta de plataforma, de datos, de acceso), la subordinación directa de usuarios y productores a normas privadas y el debilitamiento de la competencia y la libre empresa.

El diagnóstico capta con agudeza la manera en que las plataformas digitales instauran relaciones de subordinación algorítmica, donde la extracción de valor ya no depende únicamente del intercambio mercantil, sino de la apropiación de datos, la vigilancia constante y la imposición de condiciones contractuales asimétricas. Varoufakis, en este sentido, ilumina la forma en que el capitalismo digital ha sofisticado los mecanismos de dominación y ampliado la frontera de la rentabilidad.

No obstante, es preciso señalar los límites teóricos y las posibles confusiones categoriales de la metáfora tecnofeudal. En primer lugar, la equiparación entre las plataformas digitales y los señores feudales resulta problemática, pues omite diferencias fundamentales entre el modo de producción feudal —basado en la propiedad de la tierra y la servidumbre personal— y el capitalismo digital, que sigue articulado en torno a la propiedad privada de los medios de producción y la explotación del trabajo asalariado.

La metáfora, aunque sugerente, corre el riesgo de oscurecer la especificidad de las relaciones capitalistas contemporáneas, presentando la renta de plataforma como una regresión histórica, cuando en realidad puede entenderse como una mutación interna del propio capitalismo.

Asimismo, la interpretación de la renta como forma dominante de ingreso en el tecnofeudalismo puede llevar a subestimar el papel persistente de la plusvalía y la explotación del trabajo, que continúan siendo centrales en la economía digital. La renta de plataforma, lejos de desplazar la extracción de plusvalía, suele complementarla y potenciarla, integrándose en un circuito ampliado de valorización del capital. Así, el énfasis en la metáfora feudal puede conducir a confusiones analíticas respecto de las formas de dominación y acumulación vigentes.

Desde una perspectiva marxista el capitalismo digital debe interpretarse no como una regresión feudal, sino como una intensificación de la subsunción del trabajo al capital. La digitalización y la expansión de plataformas no eliminan la lógica de la explotación, sino que la reconfiguran y la profundizan, ampliando la capacidad del capital para controlar, fragmentar y rentabilizar el trabajo vivo.

Las plataformas no reemplazan al capitalista industrial, sino que asumen nuevas formas de mediación y control, apropiándose de la cooperación social y generando nuevas modalidades de extracción de valor.

En este sentido, la relación entre renta y plusvalía en el capitalismo digital es de complementariedad: la renta de plataforma se erige sobre la base de la explotación del trabajo y la captura de externalidades generadas por la socialización digital. La subordinación algorítmica intensifica la dependencia del trabajo respecto del capital, reforzando la tendencia histórica del capitalismo a subordinar todos los aspectos de la vida social a la lógica de la acumulación. Así, el tecnofeudalismo, más que una ruptura, representa una fase avanzada de la dominación capitalista.

Al analiza críticamente la tesis de Varoufakis, se puede observar y comprender la complejidad de las transformaciones actuales del capitalismo. Si bien la metáfora del tecnofeudalismo resulta provocadora y útil para captar ciertas novedades del poder digital, sus límites teóricos invitan a repensar la especificidad de la dominación contemporánea.

Más que una regresión feudal, la era de las plataformas digitales expresa una intensificación de la codicia capitalista y una sofisticación de sus mecanismos de explotación y control, bajo la hegemonía neoliberal. Comprender el capitalismo digital exige, por tanto, articular la crítica de la renta de plataforma con el análisis de la subsunción del trabajo y la expansión de la lógica de la acumulación, evitando reduccionismos y simplificaciones categoriales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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