febrero 12, 2026 7:59 am
Pierre Dardot y Christian Laval, treinta años de pensamiento en común dedicados a una sólida crítica del neoliberalismo

Pierre Dardot y Christian Laval, treinta años de pensamiento en común dedicados a una sólida crítica del neoliberalismo

Los científicos sociales franceses Pierre Dardot y Christian Laval.

POR YOUNESS BOUSENNA /

Con ‘Instituir los mundos’, el filósofo y el sociólogo culminan un ciclo de nueve ensayos dedicados a una crítica del neoliberalismo y centrados en la noción de “común” como principio de organización de toda la sociedad.

A veces, las palabras más simples engendran los conceptos más poderosos. Común: he aquí uno de los que emergieron en la efervescencia de los años 2010. Mientras en Francia se forma una “zona a defender” (ZAD) en Notre-Dame-des-Landes (Loira Atlántico) y la efímera Nuit debout se esparce por las plazas, los “indignados” españoles se manifiestan en Madrid y el movimiento Occupy Wall Street protesta en Nueva York contra una finanza que, pocos años antes, había puesto al mundo de rodillas.

Si la teoría del “común” acompañó esta erupción social, fue en gran parte gracias a un dúo de intelectuales, el filósofo Pierre Dardot y el sociólogo Christian Laval: en 2014, publican ‘Commun’. Ensayo sobre la revolución en el siglo XXI (La Découverte). “Hasta entonces, la cuestión de los comunes se abordaba a partir de bienes naturales, como los ríos. Ellos lo convirtieron en un principio político con alcance revolucionario”, subraya Ferhat Taylan, profesor de filosofía del medio ambiente en la Universidad Bordeaux-Montaigne.

Su revolución intelectual no se detuvo allí. En febrero de 2025, ambos filósofos publicaron su noveno ensayo, ‘Instituir los mundos. Por una cosmopolítica de los comunes’ (La Découverte, 776 páginas). Este libro se anuncia también como el término definitivo de una compañerismo singular en el panorama intelectual francés, que, a lo largo de las 4.545 páginas de toda su obra (hemos contado), ha contribuido a renovar el pensamiento de la izquierda.

Así ocurre también con su enfoque de los comunes. Hasta entonces, la noción se relacionaba con la economista estadounidense Elinor Ostrom (1933-2012), quien teorizó cómo ciertas riquezas (un bosque, una especie de peces…) se preservaban mejor cuando se gestionaban como bienes comunes, de manera asociativa. Un pensamiento que se oponía a la privatización sin límites promovida por una corriente neoliberal dominante.

Pierre Dardot y Christian Laval, por su parte, radicalizan el enfoque, pasando del plural al singular: de los “comunes” como propiedad de ciertos objetos, ellos piensan el “común” como principio de organización de toda la sociedad. Esto implica, según avanzan en su nuevo libro, que el “autogobierno de los entornos de vida” por los comunes se articule con un “eco-comunismo libertario” —es decir, una mezcla de ecología social y autonomía democrática.

“A la célebre fórmula altermundialista ‘Otro mundo es posible’, le sustituimos la fórmula zapatista: ‘Un mundo donde haya lugar para muchos mundos’”, afirma Pierre Dardot, en una sala de reuniones de su siempre casa editorial, La Découverte, donde encontramos al dúo. De ahí la idea de una “cosmopolítica”, esa manera de pensar varios mundos en una sola Tierra, cuya urgencia es preservar la habitabilidad frente a las fuerzas que la destruyen. Una fuerza que para ellos tiene nombre: el neoliberalismo, cuyo auge a finales del siglo XX llevó a un impulso sin precedentes de la dinámica de financiarización y privatización de los bienes.

Este nuevo aire de los tiempos consolidó una amistad que podría haber nacido veinte años antes. El dúo se cruzó sin vincularse ya en 1972, en la efervescente universidad de Nanterre, dentro de la joven Liga Comunista de Alain Krivine. Se reencontrarán gracias al azar de los cambios en la educación nacional. Ambos, jóvenes profesores, son nombrados en 1988 en el Liceo François-Villon, en Les Mureaux (Yvelines).

Inmediatamente, y casi instintivamente, inventan un método de reflexión colectiva llamado a convertirse en su sello distintivo, creando un “lugar autogestionado” que mezclaba pedagogías vanguardistas, conferencias, debates y apoyo a las revueltas estudiantiles. “Ese fue nuestro primer común”, recuerdan riendo los dos intelectuales, quienes volverán tardíamente, a principios de los años 2010, a la Universidad de Nanterre, donde hoy están adscritos al laboratorio Sophiapol. Era entonces un primer “gesto de resistencia en un momento en que el neoliberalismo empezaba a imponerse”.

Radicalidad política

¿Con qué herramientas intelectuales luchar contra ese neoliberalismo? Ahí está su “gran pregunta”, en el centro del giro que será la creación del colectivo Question Marx en 2004. El objetivo: “Recuperar un marxismo vivo”. Despojado de los abismos del siglo XX, adaptado al capitalismo del siglo XXI.

En 2009, el dúo toma de los trabajos del seminario su primera gran obra, ‘La Nueva Razón del mundo. Ensayo sobre la sociedad neoliberal’ (La Découverte, 2009), cuyo alcance está en su subtítulo. Cuando los análisis hasta aquí resumían el neoliberalismo como un modo de producción, ellos lo ven como una “sociedad”. Es decir, una arquitectura jurídica, social e incluso psicológica, que va más allá de la economía. Ahora, su reto será reconstruir un pensamiento de izquierda para contrarrestar la ola neoliberal que, desde la crisis de las subprimes hasta la de la deuda griega, provoca choques brutales para las sociedades.

‘Commun’ aparece en 2014. “En ese momento, todo el mundo hablaba de los comunes, frente al neoliberalismo percibido como un vasto movimiento de cercamiento [expansión de la propiedad privada]”, recuerda Pierre Dardot. “Era necesario elaborar una síntesis crítica que aportara un filo político a la noción”.

El libro es celebrado, pero incomoda a cierta izquierda. En La Vie des idées, el investigador Sébastien Broca reconoce un “monumento de erudición”, pero lamenta que la radicalidad política prime sobre una “estrategia internalista de subversión”. Es decir, prefiere el llamado revolucionario a la reflexión sobre el uso de las herramientas jurídicas ya en vigor para hacer realidad una sociedad del común.

Ellos creen en la transformación, no en la reforma. Y en las luchas locales, no en el Estado. En 2020, publican una nueva suma, ‘Dominar. Investigación sobre la soberanía del Estado en Occidente’ (La Découverte, 2020), una gigantesca arqueología de la soberanía, esa noción que una parte de la izquierda, de Arnaud Montebourg a Jean-Luc Mélenchon, desea convertir en herramienta al servicio de la transformación.

“A la izquierda, muchos ven en el recurso a la soberanía estatal un principio positivo para oponerse al neoliberalismo”, se irrita Pierre Dardot. Una izquierda que el dúo critica en varios ensayos que se enfrentan a algunos de los tótems revolucionarios; de ¿Salvar a Marx? (con El Mouhoub Mouhoud, La Découverte, 2007), directamente derivado de los trabajos del seminario “Question Marx”, a Marx, nombre: Karl (Gallimard, 2012) y La Sombra de Octubre (Lux, 2017), afinan su enfoque libertario basado en el autogobierno.

Pierre Dardot y Christian Laval
Pierre Dardot y Christian Laval

La espontaneidad de las luchas

Revolucionario y libertario, su pensamiento divide dentro de la izquierda. “Su obra ha permitido cuestionar el Estado como solución a la cuestión social y política y, sin innovar completamente en el tema, producir un análisis pertinente sobre el neoliberalismo como fuerza que también moldea las subjetividades”, celebra el filósofo Edouard Jourdain, especialista en anarquismo y en los comunes.

Pero el historiador Jean-Numa Ducange, codirector de la revista Actuel Marx, que ha firmado en 2025 un “Que sais-je?” sobre ‘Los Marxismos’ (PUF, 128 páginas), lamenta su “rechazo a toda lógica de soberanía” y una confianza excesiva en la espontaneidad de las luchas para inventar la sociedad futura.

¿Condenaría este rasgo la obra teórica a la esterilidad política? “Su resolución de los problemas es puramente conceptual, basada en facilidades retóricas. Chiapas no es exportable a Europa, y me cuesta concretamente imaginar su proyecto en sociedades complejas como las nuestras”, considera el filósofo e investigador Guillaume Fondu.

Este autor de ‘El nacimiento del marxismo’ (CNRS Editions, 2024) se declara sin embargo “admirado ante la amplitud de su esfuerzo teórico, que ha permitido ordenar el pensamiento de la izquierda”.

Edouard Jourdain, más cercano al dúo por su vena libertaria, matiza: “Lo que falla en ellos, como en tantos otros, es la cuestión de cómo pasar del mundo actual a la ‘cosmopolítica de los comunes’ a la que aspiran”. Más que de “esterilidad”, prefiere hablar de “impensados”, como en el caso del papel de la guerra o de la diplomacia.

“Es un pensamiento de las prácticas, de ahí el volumen impresionante de sus libros, porque cartografían las luchas y solo piensan el futuro desde el terreno”, defiende Ferhat Taylan, quien también ha sido editor de algunas de sus obras en Turquía.

Este último recuerda especialmente que la traducción de ‘La Nueva razón del mundo’ tuvo un “gran eco”, pues resonaba con el movimiento de la plaza Taksim, en 2013, en Estambul.

Su obra es también muy apreciada en América Latina, donde el dúo viaja a menudo. Hasta el punto de que son “más conocidos en América Latina que en Francia”, comenta Ferhat Taylan. De hecho, la elección de Jair Bolsonaro a la Presidencia de Brasil en 2018 les lleva a crear el Grupo de estudios sobre el neoliberalismo y las alternativas, del que saldrá ‘La elección de la guerra civil. Otra historia del neoliberalismo’ (con Haud Guéguen y Pierre Sauvêtre, Lux, 2021), que enmienda ‘La Nueva razón del mundo’ enfatizando las “fuertes conexiones del neoliberalismo con el fascismo”.

Pierre Dardot y Christian Laval, por su parte, hacen de este rechazo a definir de antemano los contornos de un mundo futuro una marca de fábrica, y no un defecto. “Esa es la limitación de nuestra intervención política: señalar la brújula, pero dejar que la figura de ese mundo por venir se invente mediante las luchas”, indica Christian Laval. Instituir los mundos concluye así con “trazados estratégicos”, y no con una teoría llave en mano.

Desde la Comuna de París en 1871 hasta la creación de la Casa común (un espacio de democracia local) en Brasilia en 2024, el dúo toma sus fuentes de inspiración de todas las épocas y lugares del mundo. Sin fronteras, como el mundo futuro que se imagina a lo largo de las 4.545 páginas de su obra común.

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