febrero 12, 2026 1:27 am
Por primera vez Colombia logra un alto cargo en la OEA sin depender de los condicionamientos de EE.UU.

Por primera vez Colombia logra un alto cargo en la OEA sin depender de los condicionamientos de EE.UU.

La diplomática colombiana Laura Gil tras su elección como Secretaria General Adjunta de la Organización de los Estados Americanos (OEA) el pasado lunes 5 de mayo en la sede del organismo en Washington.

TSC /

“Colombia inicia su transformación abierta al mundo”, reaccionó el presidente Gustavo Petro desde su cuenta en la red social X, tras la elección de la embajadora Laura Gil como nueva Secretaria Adjunta de la Organización de Estados Americanos (OEA). De esta manera, el primer mandatario pretendió destacar el grado de independencia con que el país asume esta alta responsabilidad diplomática, habida cuenta que a través de los 77 años de existencia de este organismo continental el rol de Colombia en el mismo ha estado subordinado a los requerimientos y dictados de Washington.

En efecto, el primer secretario general de la OEA, el expresidente Alberto Lleras Camargo, elegido en la Conferencia Panamericana realizada durante el ‘Bogotazo’ en abril de 1948, a pocos años del comienzo de la Guerra Fría, se caracterizó por su acento “anticomunista” y el alineamiento total a la tradicional política hegemónica de EE.UU. en la región.

Lleras Camargo, quien ocupó la Secretaría General del organismo entre abril de 1948 y julio de 1954 perfiló a la OEA a imagen y semejanza del esquema injerencista diseñado por Washington. En ese sentido su gestión estuvo orientada a avalar la visión de la Casa Blanca respecto de su relacionamiento con el resto de los países de hemisferio, lo que sirvió para para justificar posteriormente intervenciones políticas y militares en América Latina como en Guatemala (1954), República Dominicana (1965), Chile (1973) y el criminal Plan Cóndor, diseñado por la CIA y ejecutado por las dictaduras militares del Cono Sur durante las décadas 70 y 80 del siglo pasado.

Alberto Lleras Camargo (1906-1990).

El vergonzoso papel de Colombia en la expulsión de Cuba de la OEA

En la cuestionada historia de la OEA sobresale el vergonzoso rol que cumplió Colombia en la expulsión de Cuba del organismo, como consecuencia del triunfo de su revolución en 1959 que constituyó una muy incómoda piedra en el zapato para EE.UU.

José Joaquín Caicedo Castilla, como Ministro de Relaciones Exteriores de Colombia durante el segundo Gobierno de Alberto Lleras Camargo (1958-1962), desempeñó un papel relevante en el contexto de la expulsión de Cuba de la Organización en 1962.

Caicedo Castilla, en su calidad de canciller, representó a Colombia en la VIII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, celebrada en Punta del Este, Uruguay, entre el 22 y el 31 de enero de 1962. En esta reunión, Colombia presentó la resolución que propuso la expulsión de Cuba de la OEA, argumentando que el régimen marxista-leninista de Fidel Castro era incompatible con los principios del sistema interamericano. La propuesta del representante colombiano fue aprobada con 14 votos a favor, alcanzando el mínimo requerido, mientras que seis países (Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Ecuador y México) se abstuvieron.

Tal decisión tuvo consecuencias a largo plazo, como el aislamiento de Cuba en el sistema interamericano, el tratar de justificar el bloque económico de la Isla por parte de EE.UU, considerado un crimen de lesa humanidad, y la interrupción de relaciones diplomáticas con varios países, incluida Colombia, hasta su restablecimiento en años posteriores.

Avalando las políticas neoliberales

 

En septiembre de 1994 asumió como Secretario General de la OEA el expresidente colombiano César Gaviria Trujillo, sinigual personaje del conservadurismo económico que logró imponer Washington en el organismo para que avalara y promoviera las políticas neoliberales a lo largo y ancho del hemisferio.

Gaviria Trujillo, al igual que Lleras Camargo, cumplió a cabalidad los designios de EE.UU, al frente de la OEA.

Además, la Casa Blanca pagó a Gaviria manteniéndolo por una década al frente de la OEA, sus “buenos oficios” como mandatario de Colombia (1990-1994) en favor de los intereses estadounidenses.

Es preciso recordar que durante el final del Gobierno neoliberal de Gaviria y bajo el falaz argumento de construir una escuela, se permitió la presencia de militares estadounidenses en el Pacífico colombiano, cuyo propósito era el de detectar la presencia de material radioactivo en esta importante zona geográfica para su industria militar.

¿Una nueva etapa?

El presidente Gustavo Petro impulsó la candidatura de la internacionalista y embajadora en Austria y representante ante la ONU en Viena, Laura Gil, a la Secretaría Alterna de la OEA y al celebrar su elección el pasado lunes 5 de mayo sostuvo que es un triunfo del progresismo latinoamericano.

Es relevante que una expresión progresista llegue a tal posición por cuanto que acompañará a partir del próximo mes de junio al surinamés Albert Randim, quien fue elegido en marzo pasado como Secretario General en sustitución del uruguayo Luis Almagro, convirtiéndose en el primer caribeño en liderar el organismo.

La OEA con la cuestionada gestión de Almagro termina un periodo de diez años caracterizado por su opacidad, injerencia y sumisión a Washington.

Durante este periodo la OEA ha sido especialmente criticada por su postura frente a la crisis política en Venezuela. Desde 2017, la organización ha adoptado una posición dura contra el Gobierno de Nicolás Maduro, alineándose con la política exterior de Estados Unidos. Esto llevó a Venezuela a retirarse de la OEA en 2019, acusando a la organización de intervenir en sus asuntos internos.

Asimismo, en 2019, la OEA fue acusada de facilitar el golpe de Estado en Bolivia al cuestionar la legitimidad de las elecciones que dieron la victoria a Evo Morales. La organización emitió un informe sobre irregularidades electorales que fue utilizado por la oposición para justificar la destitución de Morales y la instalación de una dictadura avalada por Estados Unidos.

Con la llegada del surinamés Albert Randim y la colombiana Laura Gil a este organismo ¿comenzará una etapa?, es el interrogante que se cierne tras su elección. ¿Será que la presencia de un caribeño y de una representante de un gobierno progresista como el colombiano deparará que la OEA por fin suelte las amarras de Washington? El tiempo lo dirá.

 

 

 

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