POR VALMIRO RANGEL RANGEL
Ya se sabe, que Abelardo de la Espriella, “ganó” entre otras artimañas, por las trampas manipuladoras del fascismo internacional, liderado por Donald Trump y Banjamin Netanyahu. Habría que investigar si la mafia, que manipuló el software electoral de los hermanos Bautista, es la misma de los proveedores del espía Pegasus de Duque. Según el peritaje de los analistas de sistema, – que hoy hace parte del acervo probatorio de una demanda presentada al Consejo Nacional Electoral (CNE) y ante la Corte Suprema-, por Abelardo no votaron casi 13 millones de personas, sino 7 millones 600 mil; resultado real, con el cual Iván Cepeda casi lo doblaba en votación.
Sin embargo, viendo el actuar cantinflesco de míster De la Espriella (hay que recordar que es gringo), resulta inconcebible que más de 7 millones de colombianos lo hayan apoyado en las urnas. Bueno, aquí va mi explicación.
En un escrito que publiqué en mis redes, una semana antes de posesionarse el ‘Enviado’ de la “Patria Milagro”, esbocé cuatro de las muchas características del fascismo, que serán la impronta del Gobierno de Abelardo. Las dos que anunciaré y sustento a continuación y que omití exprofeso para que me sirvieran de insumo en esta ocasión, en mi opinión, fueron el pilar de ese “triunfo” espurio.

Los fascistas para acceder al poder y mantenerse en él, utilizan muchas estratagemas, pero hay dos que calan muy hondo en el alma del pueblo aculturado: una falsa religiosidad y un falso nacionalismo; materializado, en nuestro caso, con los símbolos patrios y con el uso de la camiseta de la Selección de futbol. Con estos dos ardides, le trabajan a la emotividad y la irracionalidad, es decir, a la pasión de la franja iletrada del pueblo, quienes salen a votar con furor y con odio sin sentido contra el “comunismo”, contra “Satanás” y por “salvar a la Patria” y a la supuesta “democracia”.
Fue muy patético escuchar al falso mesías de la “Patria Milagro”, al decir tajantemente, que él no creía en Dios y que solo creía en lo que la razón y la ciencia explicara, pero unos meses después se fue a arrastrar de rodillas ante los cristos “milagrosos” de la Villa de San Benito Abad y el de Buga.
Para entender cómo esa falsa religiosidad ha ido penetrando en la mente de las masas populares en Colombia, tenemos que poner el retrovisor y remontarnos hasta el Gobierno de Alberto Lleras Camargo (1958-1962), quien por esa época, trajo al Instituto Lingüístico de Verano (ILV); los gringos lo recompensaron, ungiéndolo como el primer Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Coincido con algunos antropólogos y sociólogos, cuando afirman que El Instituto Lingüístico de Verano fue un enclave neocolonial que se construyó en Loma Linda, jurisdicción del municipio de Puerto Lleras, en el departamento del Meta. Allí, Los Estados Unidos, con la anuencia del presidente Lleras Camargo, construyeron viviendas, oficinas, bodegas, una iglesia, un centro de estudio, infraestructura de comunicaciones, vías, edificios para escuelas, una pista de aterrizaje, redes eléctricas, comedores, casas de huéspedes, canchas de futbol americano, de tenis, baloncesto y futbol.
Desde allí los gringos, en 1962, iniciaron un proyecto de “evangelización”, cuyo producto final es la elección del actual Presidente, El ‘Mesías de Loma Linda’. El ILV, inició con el adoctrinamiento de comunidades indígenas, mediante la traducción del Nuevo Testamento a sus lenguas. Después del adoctrinamiento de los indígenas, que era el más difícil, comenzaron a enviar “misioneros” por todas las ciudades y veredas con sus maletas llenas de biblias, revisadas y ajustadas a los intereses de los nuevos colonizadores.

A toda esa avalancha de traficantes de la fe, el pueblo los llama “los evangélicos o los aleluyas”. Y es tan rentable el negocio, que, ante el Ministerio de Gobierno de Colombia, al día de hoy, existen 8.300 comunidades o sectas religiosas registradas (evangelistas, adventistas, Testigos de Jehová…).
Básicamente, los gringos se inventaron esta estrategia para contrarrestar el auge de la Teología de la Liberación y de la Doctrina Social de la Iglesia católica, y la admiración por la Revolución cubana, que se había extendido por toda la América Latina.

El verdadero propósito de los predicadores gringos no era traducir la Biblia, sino adoctrinar a toda la población; en el sentido de que la desigualdad y la violencia en Colombia se acabarían con la venida de un “mesías” y que el socialismo o el comunismo eran sinónimo de miseria, que el mundo estaba dividido entre “buenos y malos”, que los buenos son los empresarios que generan empleos, y los malos son aquellos que andan promoviendo la justicia social.
Con un discurso parecido a este, al que le agregaron que los Estados Unidos son los defensores de la “libertad y la democracia”, fue que alienaron a la mayoría de los fieles seguidores que tienen, para que votaran por el “mesías” que al fin había llegado; por lo que ahí no valió requerimiento alguno para que cambiaran de opinión.



