marzo 18, 2026 3:36 pm
Una mirada histórico-política sobre la genealogía de las opresiones de género a propósito de la lucha feminista en el mes de marzo consagrado al proceso emancipatorio de la mujer

Una mirada histórico-política sobre la genealogía de las opresiones de género a propósito de la lucha feminista en el mes de marzo consagrado al proceso emancipatorio de la mujer

POR ALONSO YUPANQUI DE LA CHIRA /

La aparición del sistema capitalista en el siglo XVI a nivel global, aunque sus raíces se gestaron desde la Baja Edad Media con el auge del comercio y las ciudades, estuvo marcada por procesos de acumulación originaria profundamente violentos y deshumanizadores. El saqueo de recursos, el expolio de territorios, el exterminio de poblaciones originarias y la explotación brutal de la fuerza de trabajo fueron prácticas sistemáticas que permitieron la consolidación de grandes capitales y el surgimiento de nuevas relaciones económicas, sobre todo en el siglo XVIII con la Revolución Industrial.

Dichos mecanismos, lejos de ser excepcionales, se convirtieron en la norma durante la expansión colonial y la formación de los mercados mundiales, sentando las bases de un orden que priorizó el beneficio económico por encima de la dignidad humana.

Al violar los principios fundamentales de justicia y respeto a la vida, el capitalismo temprano instauró una lógica de despojo y desigualdad estructural que aún resuena en las dinámicas globales contemporáneas.

El desarrollo capitalista no fue, por lo tanto, un proceso neutral ni inevitable, sino que estuvo cimentado en la negación sistemática de derechos fundamentales y en la subordinación de pueblos enteros a los intereses de acumulación y poder, a costa de pisotear la dignidad humana.

Patriarcalismo y explotación de la mujer

 

El sistema capitalista no solo transformó las estructuras económicas, sino que profundizó la explotación femenina mediante la acumulación primitiva y el refuerzo del patriarcalismo. En la transición hacia el capitalismo, la subordinación de las mujeres fue clave para garantizar la reproducción de la fuerza de trabajo y la apropiación de sus cuerpos y labores, especialmente en el ámbito doméstico.

Una de las connotadas investigadoras sociales que ha abordado con detenimiento el tema como la filósofa e historiadora ítalo-estadounidense Silvia Federici revela cómo la caza de brujas y la institucionalización de roles de género sirvieron para disciplinar a las mujeres y consolidar nuevas formas de opresión, vinculando el control sobre la sexualidad y la maternidad a intereses económicos y políticos.

Desde una perspectiva sociológica y de género, la explotación femenina se perpetuó bajo sistemas políticos y culturales que legitiman la desigualdad, evidenciando la necesidad de revisar críticamente las raíces históricas del patriarcado en el capitalismo.

En el contexto del mes de marzo, dedicado a la lucha feminista, es propicio reflexionar sobre la vigencia de estas dinámicas y la importancia de reconocer la intersección entre la opresión de género y los procesos económicos para avanzar hacia una sociedad justa, incluyente y equitativa.

El sugerente libro ‘Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria’ que se ha consolidado como una obra fundamental para comprender la relación entre género, capitalismo y familia en los orígenes de la modernidad, Federici ofrece una mirada incisiva que articula la opresión de las mujeres con los procesos de acumulación originaria de capital, situando el cuerpo femenino en el centro del análisis socioeconómico.

Su trabajo resuena especialmente en los debates contemporáneos sobre la persistencia de la desigualdad y la violencia de género, aportando herramientas conceptuales y políticas para la reflexión crítica en el Sur Global.

Publicado originalmente en 2004, la obra es fruto de la trayectoria intelectual y militante de Federici, quien ha investigado la historia de la subordinación femenina desde una perspectiva materialista y feminista. La autora se ha destacado por su participación en movimientos sociales y redes internacionales de mujeres, y por sus contribuciones al pensamiento crítico sobre el trabajo doméstico y reproductivo. Su trabajo investigativo se inscribe en la tradición de la crítica marxista, pero la supera al centrar el análisis en la experiencia y los cuerpos de las mujeres, rompiendo con la invisibilización sistemática a la que han sido sometidas en la historiografía tradicional.

Federici plantea que la transición del feudalismo al capitalismo no fue un proceso lineal ni progresista, sino que estuvo marcado por la violencia sistemática y la expropiación de las masas campesinas, especialmente de las mujeres.

La autora sostiene que la acumulación originaria fue inseparable de la desposesión de tierras, la destrucción de las antiguas formas comunitarias y la instauración de nuevas formas de control social y sexual. Así, la historia de la acumulación de capital es también la historia de la transformación de la sexualidad, la maternidad y la familia, donde el cuerpo femenino se convierte en territorio de disputa y regulación.

Violencia, mercantilización y patriarcado del salario

Uno de los mayores aportes de Federici es su análisis de la violencia contra las mujeres como fundamento estructural del capitalismo naciente. La mercantilización del cuerpo femenino, la criminalización de la sexualidad y la persecución de las mujeres que desafiaban el orden patriarcal sirvieron para consolidar un modelo de trabajo asalariado masculino y un trabajo doméstico y reproductivo femenino, no remunerado e invisibilizado.

En desarrollo del texto la autora describe y analiza cómo el “patriarcado del salario” se erigió sobre la base de esta división, reforzando la dependencia económica y social de las mujeres y legitimando su subordinación dentro de la familia nuclear.

El libro subraya cómo la separación entre trabajo asalariado y doméstico, impuesta durante la transición capitalista, redefinió la posición de las mujeres en la sociedad. La maternidad y la domesticidad fueron naturalizadas como destinos inevitables, y cualquier forma de autonomía femenina se percibió como una amenaza al orden social y económico.

Federici demuestra que esta imposición no fue solo ideológica, sino sostenida por políticas estatales, marcos jurídicos y sofismas religiosos que restringieron la movilidad y la agencia de las mujeres, afianzando el binomio mujer-madre como pilar del nuevo régimen capitalista.

La caza de brujas: mecanismo de control estatal y eclesiástico

La autora aborda la caza de brujas como un fenómeno central para entender la instauración de la modernidad capitalista. Lejos de ser un episodio marginal o supersticioso, la persecución masiva de mujeres acusadas de brujería fue un mecanismo de disciplinamiento social y control estatal y eclesiástico.

La caza de brujas, uno de los primeros feminicidios en la historia de la humanidad, permitió erradicar saberes y prácticas femeninas autónomas, como la medicina tradicional y la sexualidad no reproductiva, y sembró el terror necesario para imponer la nueva moralidad capitalista. El impacto de esta violencia fue devastador, no solo en términos de vidas perdidas, sino en la configuración de subjetividades y relaciones de género hasta nuestros días.

El origen del capitalismo para imponer su modelo patriarcal se caracterizó por la caza y quema de brujas, uno de los primeros feminicidios en la historia de la humanidad.

El título del libro alude a las figuras de Calibán y la bruja en ‘La tempestad’ de William Shakespeare, utilizadas por Federici como metáforas de la resistencia y la alteridad frente al poder colonial y patriarcal.

Calibán representa al subalterno colonizado y explotado, mientras que la bruja encarna la rebeldía femenina y la amenaza que supone para el orden hegemónico. Ambas figuras sintetizan la convergencia de opresiones –clase, género, raza– y la potencialidad de las luchas populares y feministas para subvertir el sistema.

Federici concluye que capitalismo, racismo y sexismo han estado históricamente entrelazados, y que los procesos de acumulación originaria continúan reproduciéndose bajo nuevas formas en el Sur Global.

La persecución de las mujeres, la mercantilización de sus cuerpos y la violencia estructural siguen vigentes en contextos de despojo, extractivismo y neoliberalismo.

Este aporte investigativo de Federici no solo constituye una obra clave para entender la genealogía de las opresiones de género y familia, sino que invita a repensar las estrategias de resistencia y emancipación desde una perspectiva interseccional y situada.

Acceso al libro

 

Para acceder al libro en archivo PDF, ingresar al siguiente enlace:

Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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