abril 20, 2026 8:14 am
Se consolida alianza del progresismo global en medio del belicismo y las acciones de la ultraderecha contra la democracia y los derechos humanos

Se consolida alianza del progresismo global en medio del belicismo y las acciones de la ultraderecha contra la democracia y los derechos humanos

Los mandatarios latinoamericanos Yamandú Orsi, Claudia Sheinbaum, Gustavo Petro y Luiz Inácio Lula da Silva en el Encuentro Progresista realizado en Barcelona.

RESUMEN AGENCIAS /

El pasado sábado 18 de abril, Barcelona fue escenario de la IV Cumbre ‘En Defensa de la Democracia’ y del foro Global Progressive Mobilisation (GPM), encuentros organizados por el Gobierno de España liderado por el presidente Pedro Sánchez y la Generalitat de Cataluña en cabeza de Salvador Illa. Estos eventos congregaron a destacados líderes del progresismo internacional como los mandatarios de México, Claudia Shienbaum; Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva; Colombia, Gustavo Petro; y de Uruguay, Yamandú Orsi, en un momento crucial para la democracia, marcado por la intensificación de los conflictos bélicos, la desigualdad, el auge del extremismo, la violación flagrante de los derechos humanos, el debate sobre el multilateralismo y la gobernanza digital, así como la emergencia de desafíos globales que demandan respuestas coordinadas.

La relevancia del encuentro internacional radicó en su capacidad para articular diagnósticos compartidos y propuestas innovadoras ante el retroceso democrático y la crisis de legitimidad que enfrentan los sistemas políticos contemporáneos.

La cumbre reunió a representantes de gobiernos, partidos políticos, organizaciones sociales y expertos en políticas públicas, provenientes de Europa, América Latina, África y Asia. El programa giró en torno a cinco ejes: desigualdad social, extremismo político, multilateralismo, gobernanza digital y los desafíos globales del siglo XXI. El diálogo, marcado por la pluralidad y el intercambio de perspectivas, buscó identificar puntos de convergencia y rutas de acción para fortalecer la democracia frente a amenazas internas y externas.

El diagnóstico geopolítico presentado en Barcelona evidenció una fragmentación del orden internacional, con la proliferación de movimientos autoritarios y el debilitamiento de organismos multilaterales.

El diagnóstico de la realidad geopolítica mundial fue muy pesimista: la democracia está en disputa, se deshilacha en distintas regiones. Se desgasta cuando el insulto reemplaza al argumento, cuando el adversario deja de ser interlocutor y pasa a ser enemigo, cuando el miedo empieza a rendir más que la esperanza, cuando la concentración de la riqueza se vuelve obscena.

Más de cinco mil personas. Más de cien fuerzas políticas. Idiomas distintos, trayectorias diversas, historias incluso contradictorias. En cada panel, en cada charla informal de la Global Progressive Mobilisation, una palabra vuelve una y otra vez: guerra. Palestina, el Líbano, Irán, Ucrania. Escenarios distintos, una lógica común. La violencia como herramienta de la política global por parte de los inescrupulosos.

El presidente Lula dijo que el mundo no aguanta más esta locura de guerra. Da un paso más. Señala que quienes deberían garantizar la paz muchas veces la ultrajan. Cuestiona el funcionamiento del Consejo de Seguridad, reclama una reforma profunda, con representación real del Sur Global. No como gesto simbólico, sino como condición para que el multilateralismo deje de ser una promesa vacua.

Por su parte, el presidente Gustavo Petro insistió en la necesidad de pasar de los diagnósticos a la acción mediante medidas concretas y coordinadas entre los países, con el fin de enfrentar de manera efectiva los desafíos compartidos.

En ese sentido, el mandatario colombiano reiteró la importancia de revitalizar el sistema multilateral, especialmente el papel de la Organización de las Naciones Unidas, como escenario central para la concertación internacional y la construcción de soluciones colectivas.

Petro subrayó que la crisis climática y la desigualdad están estrechamente relacionadas, por lo que su atención requiere compromisos reales y transformaciones estructurales. En este punto, reafirmó su apuesta por la transición energética como eje para avanzar hacia un modelo de desarrollo más equitativo, sostenible y con mayor autonomía territorial.

La presidenta Sheinbaum, a su turno, presentó tres propuestas en su discurso en el marco de la IV Reunión en Defensa de la Democracia: que se realice una declaración contra “una intervención militar en Cuba”, destinar el 10 por ciento de gasto mundial en armamento a políticas de reforestación del medio ambiente y que el próximo encuentro multilateral de este foro se celebre en México el próximo año.

En el ambiente de este encuentro internacional lo que más pesó no es solo la guerra como hecho. Es el clima que se impone en la política cotidiana. La lógica del enfrentamiento pugnaz permanente. Las ultraderechas no solo crecen en ese terreno, lo necesitan, lo alimentan, lo amplifican. Ahí despliegan sus intereses y negocios.

Los mandatarios de Colombia, Gustavo Petro y de España, Pedro Sánchez durante una reunión bilateral en el marco del Encuentro de Barcelona en Defensa de la Democracia.

Entonces aparece la pregunta incómoda. ¿Por qué avanzan? ¿Por qué, incluso cuando sus propuestas generan daño, siguen creciendo? El mandatario español Pedro Sánchez lo plantea con una frase potente: no gritan porque estén ganando, gritan porque saben que su tiempo se acaba. Puede ser. Pero esa afirmación, por sí sola, no alcanza para explicar la crítica realidad que se vive.

Es en este contexto de amenazas a la democracia y creciente control del poder económico sobre el político que debe apreciarse el valor histórico del encuentro en Barcelona: mandatarios como Sheinbaum, Sánchez, Lula, Petro, encabezan gobiernos que han reducido la pobreza, integrado a la sociedad a cientos de miles de migrantes, apostado por la paz, protegido la soberanía frente a los amagos del trumpismo, recuperado el poder adquisitivo del salario mínimo y, en suma, trabajado a favor de las mayorías. Sin obviar las imperfecciones de sus respectivos proyectos o los defectos personales de cada uno, los mandatarios progresistas han demostrado que es posible y necesario poner los cimientos de un mundo mejor incluso –o sobre todo– cuando los vientos hegemónicos sugieren que no hay alternativas al predominio de la codicia, el egoísmo, la desigualdad extrema y la ley de la selva en las relaciones intra e internacionales.

Los líderes progresistas enfatizaron la necesidad de revitalizar la cooperación internacional, apostando por la defensa de los derechos humanos y el fortalecimiento de instituciones democráticas. Entre las propuestas destacaron la creación de mecanismos de protección ante la desinformación, la regulación de plataformas digitales, la promoción de políticas redistributivas y la construcción de alianzas transnacionales para enfrentar el extremismo y el alto grado de pugnacidad social.

El evento abordó el fenómeno de la desigualdad como uno de los principales obstáculos para la democracia, señalando la urgencia de políticas inclusivas y sistemas de protección social robustos. Se discutió el papel de la gobernanza digital y la necesidad de regular el poder de las empresas tecnológicas, garantizando la transparencia y la protección de datos personales.

En cuanto al multilateralismo, se destacó la importancia de revitalizar espacios de diálogo global y cooperar en la gestión de desafíos como el cambio climático, la migración y la seguridad internacional.

Retos futuros, autocrítica progresista y escenarios posibles

La autocrítica progresista estuvo presente en los debates, reconociendo las limitaciones de las respuestas tradicionales ante nuevas amenazas, así como la necesidad de innovar en formas de participación y representación.

Los retos futuros incluyen la adaptación de la democracia a un entorno digital acelerado, la recuperación de la confianza ciudadana y la construcción de alternativas frente a la desafección y el avance de discursos excluyentes. Se plantearon escenarios posibles, desde la consolidación de una gobernanza democrática global hasta el riesgo de retrocesos autoritarios si no se logran consensos efectivos y respuestas ágiles.

La IV Cumbre y el GPM evidenciaron la capacidad del campo progresista para articular diagnósticos y propuestas, pero también la urgencia de pasar del debate a la acción.

La democracia enfrenta desafíos inéditos que requieren respuestas creativas, alianzas amplias y una autocrítica genuina. Solo mediante la renovación de estrategias y la apertura a nuevas formas de participación será posible defender y fortalecer el proyecto democrático en el siglo XXI.

La articulación internacional de la izquierda no puede limitarse a la cooperación entre gobiernos afines, siempre contingentes, sino que debe institucionalizarse como una red permanente de poder político, social y comunicativo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Scroll al inicio