abril 22, 2026 4:26 am
Neofascismo, trabajo y crisis del capitalismo occidental: una advertencia contemporánea

Neofascismo, trabajo y crisis del capitalismo occidental: una advertencia contemporánea

CLACSO /

El siglo XXI ha sido testigo de una reconfiguración profunda de los paradigmas políticos y sociales a nivel global. En este contexto, la irrupción del neofascismo emerge como un fenómeno multifacético, caracterizado por la presencia de líderes totalitarios que desafían los consensos democráticos y promueven discursos excluyentes.

El neofascismo, lejos de ser un resurgimiento simple de formas autoritarias del pasado, se manifiesta hoy como una respuesta global a las crisis políticas, económicas y culturales. Líderes como Donald Trump en Estados Unidos, Javier Milei en Argentina y Giorgia Meloni en Italia encarnan esta tendencia, cada uno desde contextos nacionales distintos, pero bajo una lógica común: el rechazo de la pluralidad, la exaltación de la identidad nacional y la promesa de restaurar un orden perdido.

Estos liderazgos de tinte fascista emplean estrategias comunicativas que apelan al miedo, la pugnacidad social y el desprestigio de las instituciones democráticas, consolidando un fenómeno transnacional que trasciende fronteras y tradiciones políticas.

La expansión del neofascismo implica un retroceso significativo en la garantía de derechos humanos y sociales. Las políticas impulsadas por estos líderes suelen restringir libertades civiles, limitar el acceso a servicios sociales y marginar a grupos vulnerables.

El discurso autoritario, al privilegiar la seguridad y el control social sobre la inclusión y la justicia, tiende a debilitar los mecanismos de protección institucional y a erosionar los avances en materia de derechos conquistados durante décadas. Este fenómeno se acompaña de una retórica que justifica la discriminación y el endurecimiento de políticas migratorias, generando escenarios de exclusión y conflictividad social.

Desde una perspectiva sociológica, el neofascismo surge como síntoma de profundas transformaciones sociales, entre ellas la desconfianza en las instituciones, la fragmentación del tejido comunitario y la incertidumbre frente al futuro. El debilitamiento de los vínculos sociales y la percepción de amenaza ante cambios culturales acelerados propician la adhesión a discursos simplificadores y excluyentes.

Además, la globalización neoliberal y la digitalización han amplificado la capacidad de los líderes neofascistas para difundir sus ideas, consolidando comunidades virtuales que refuerzan la pugnacidad y el aislamiento social.

Mutaciones en el ámbito laboral: precarización, automatización y fragmentación

El mundo laboral ha experimentado mutaciones profundas en las últimas décadas, reflejadas en la precarización del empleo, la automatización de procesos y la fragmentación de derechos laborales.

Estas transformaciones han generado una sociedad más vulnerable, donde la inseguridad y la falta de protección social alimentan la sensación de desamparo. La pérdida de estabilidad laboral y la erosión de garantías históricas favorecen la emergencia de discursos autoritarios que prometen restaurar el orden y la seguridad, aunque a costa de sacrificar derechos y libertades.

Así, el neofascismo encuentra terreno fértil en la angustia y el malestar derivados de la crisis laboral, convirtiendo la vulnerabilidad en un recurso político para la consolidación de liderazgos excluyentes.

La vulnerabilidad social, exacerbada por las transformaciones en el ámbito laboral y la fragmentación de las estructuras comunitarias, constituye un factor clave en el auge de discursos autoritarios.

El neofascismo capitaliza el miedo y la incertidumbre, ofreciendo soluciones simplistas y promesas de estabilidad que resultan atractivas para sectores afectados por la precarización y la pérdida de derechos. Esta dinámica refuerza la exclusión y el grado de pugnacidad social, dificultando la construcción de alternativas democráticas y solidarias que respondan a las necesidades reales de la sociedad.

El avance del neofascismo como fenómeno global plantea desafíos cruciales para la defensa de los derechos humanos, la reconstrucción de estructuras sociales inclusivas y la promoción de modelos laborales justos.

Frente a la amenaza de retrocesos autoritarios, resulta imprescindible fortalecer la educación cívica, la participación democrática y la solidaridad como principios rectores para contrarrestar la vulnerabilidad social y los discursos excluyentes.

Solo a través de una respuesta colectiva, crítica y comprometida será posible enfrentar las mutaciones del siglo XXI y preservar los valores fundamentales que sostienen la convivencia y la justicia.

El neofascismo no es una amenaza política, sino que funciona como síntoma de involución social

El libro digital ‘La distopía del mal vivir. Trabajo y fascismo en el siglo XXI’ (CLACSO Buenos Aires, septiembre 2025) de autoría de la antropóloga argentina Nuria Giniger, constituye un aporte fundamental para comprender las dinámicas actuales entre el trabajo, el fascismo y la involución y amenaza en que se ha constituido el capitalismo occidental.

La autora reconocida por su enfoque crítico y su capacidad para articular análisis interdisciplinarios explora en esta obra la emergencia del neofascismo como fenómeno global y como advertencia, vinculando los cambios en el mundo laboral con la reconfiguración de las estructuras sociales y políticas en el siglo XXI.

Giniger plantea que el neofascismo no solo representa una amenaza política, sino que funciona como síntoma de profundas transformaciones sociales. El libro examina cómo las mutaciones en el ámbito laboral —marcadas por la precarización, la automatización y la fragmentación de los derechos laborales— generan una sociedad cada vez más vulnerable, propiciando la aparición de discursos autoritarios y excluyentes.

Según el análisis de la autora, el neofascismo emerge como respuesta a la inseguridad y el desarraigo de los trabajadores, quienes ven erosionadas sus garantías históricas y enfrentan una creciente individualización.

La relación entre fascismo y trabajo se revisita en clave contemporánea: Giniger advierte que, al igual que en el pasado, los regímenes neofascistas buscan disciplinar y controlar a la fuerza laboral, presentando la pérdida de derechos como una condición necesaria para la supervivencia colectiva.

El neofascismo se convierte así en una advertencia sobre el riesgo de aceptar la degradación del trabajo como norma, legitimando prácticas que profundizan la desigualdad social.

En el plano geopolítico, la autora analiza cómo el neofascismo se utiliza como mecanismo para revitalizar el capitalismo occidental, que enfrenta una competencia creciente de las economías asiáticas.

Giniger sostiene que, ante la incapacidad de Occidente para mantener su hegemonía económica, se recurre a estrategias autoritarias y nacionalistas que buscan cohesionar sociedades fragmentadas y reactivar la productividad mediante la imposición de nuevas formas de control social.

Este fenómeno se observa en diversas regiones, donde el neofascismo se presenta como solución ante la amenaza externa, aunque en realidad profundiza la crisis civilizatoria.

El libro destaca el papel de las élites políticas y económicas en la promoción de estos discursos, utilizando el miedo y la inseguridad como herramientas para justificar la restricción de derechos y libertades.

El texto pone en evidencia cómo el neofascismo, lejos de resolver los desafíos del capitalismo, actúa como un paliativo temporal que agrava las tensiones internas y debilita las bases democráticas de las sociedades occidentales.

Sociedad individualista y ausencia de derechos

Uno de los puntos centrales de la obra es la crítica al capitalismo contemporáneo, que configura una sociedad profundamente individualista y despojada de derechos. Giniger argumenta que la lógica del mercado, orientada a la maximización de beneficios y la competencia permanente, ha erosionado los valores de solidaridad y pertenencia, dejando a los individuos aislados y expuestos a la precariedad.

En este contexto, el neofascismo se presenta como un mecanismo de falsa salvación, prometiendo orden y estabilidad, aunque en realidad solo perpetúa la fragmentación y el desamparo.

La autora sostiene que la ausencia de derechos y la disolución de vínculos sociales favorecen la aceptación de propuestas autoritarias, en las que el sacrificio individual se justifica por un supuesto bien común. Esta dinámica, según Giniger, no solo no resuelve los problemas estructurales del capitalismo, sino que profundiza la crisis civilizatoria al limitar la capacidad de respuesta colectiva y democrática.

Este trabajo bibliográfico es, ante todo, una advertencia: Giniger invita a reflexionar sobre la urgencia de reconstruir espacios de solidaridad y defensa de derechos ante la avanzada neofascista.

Nuria Giniger

El análisis de la autora señala que el neofascismo, lejos de ser una solución, representa un agravante de la crisis global, poniendo en riesgo los logros históricos y la posibilidad de imaginar alternativas democráticas y justas.

En suma, la obra propone un llamado crítico a la acción colectiva, alertando sobre las consecuencias de aceptar la degradación laboral y la pérdida de derechos como destino inevitable de la sociedad contemporánea.

Acceso al libro

 

Para acceder al libro en archivo PDF, ingresar al siguiente enlace:

La distopía del mal vivir. Trabajo y fascismo en el siglo XXI

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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