junio 23, 2026 3:23 pm
Colombia: ¿vuelve la horrible noche o nace una nueva resistencia popular?

Colombia: ¿vuelve la horrible noche o nace una nueva resistencia popular?

POR OMAR ROMERO DÍAZ /

Terminó la jornada electoral en Colombia. Como ocurre en toda democracia, hay un ganador y hay un perdedor, que está pendiente por definir por los jueces y notarios. Pero cuando la diferencia entre ambos proyectos de país es mínima, el verdadero resultado no es únicamente quién ocupa la Presidencia: el verdadero resultado es la fotografía de una nación dividida en dos mitades casi idénticas.

Una mitad del país votó por un proyecto que reivindica la justicia social, la defensa de los derechos laborales, el cuidado del medio ambiente y la presencia activa del Estado para proteger a los sectores históricamente excluidos. La otra mitad respaldó una propuesta asociada al libre mercado, al endurecimiento de las políticas de seguridad, al tutelaje de EE.UU., y a una visión más conservadora de la sociedad con antecedentes fascistas, narcotráfico y paramilitarismo.

Esa fractura no puede ignorarse. Colombia ya no es el país donde una sola oligarquía gobernaba sin encontrar resistencia social organizada. Hoy existe una ciudadanía movilizada, consciente y dispuesta a disputar democráticamente el rumbo de la nación.

Sin embargo, el triunfo de una opción política identificada con la ultraderecha despierta preocupaciones legítimas en amplios sectores populares. Muchos trabajadores, campesinos, estudiantes, comunidades indígenas, minorías étnicas, feministas y organizaciones sindicales se preguntan qué ocurrirá con las reformas sociales conquistadas o impulsadas durante los últimos años. Surge entonces una pregunta que recorre barrios, fábricas, universidades y veredas: ¿volverá la horrible noche?

La respuesta no es simple. La historia enseña que ningún gobierno llega a gobernar sobre una sociedad pasiva. Si cerca de la mitad del país votó por la ampliación de derechos, esa fuerza social seguirá existiendo después de las elecciones. Los derechos laborales, las conquistas democráticas y las garantías sociales no desaparecen por decreto; son el resultado de décadas de lucha colectiva.

La preocupación aumenta cuando sectores de la opinión pública perciben una alineación internacional entre fuerzas fascistas conservadoras globales. Desde esa mirada crítica, figuras como el arrogante presidente estadounidense Donald Trump o el genocida primer ministro israelí Benjamin Netanyahu representan proyectos políticos que privilegian el poder económico, la seguridad militar y una visión geopolítica distante de las reivindicaciones sociales de los pueblos latinoamericanos. Para quienes sostienen esta interpretación, el triunfo de la ultraderecha en Colombia sería parte de una tendencia internacional de restauración conservadora.

Ecos del fascismo en Colombia.

Pero la dialéctica de la historia demuestra que ningún poder es absoluto. Cuando una fuerza política avanza, genera también una fuerza de resistencia. La misma elección que podría llevar a la Presidencia a un proyecto ultraconservador revela simultáneamente que millones de colombianos exigen igualdad, dignidad y justicia social. Esa contradicción será el motor de la política en los próximos años.

Por eso el debate no debe limitarse a quién ganó una elección. La discusión de fondo es si el nuevo Gobierno gobernará únicamente para quienes votaron por él o si entenderá que existe otra Colombia que reclama participación, derechos y reconocimiento. Una democracia madura no consiste en aplastar a la mitad derrotada, sino en construir consensos que eviten que la pugnacidad política y social se transforme en confrontación permanente.

La «horrible noche» no regresa automáticamente porque gane un sector político. Regresaría si se persigue la diferencia, si se restringen las libertades democráticas, si se desconocen los derechos sociales o si se pretende gobernar ignorando a millones de ciudadanos. Pero también puede ocurrir lo contrario: que la movilización social, la organización popular y la vigilancia democrática se conviertan en la garantía de que ninguna conquista sea arrebatada.

La gran lección de esta elección es que Colombia cambió. Ya no existe una ciudadanía silenciosa. Existe un pueblo que aprendió a disputar el poder en las urnas, en las calles, en los sindicatos, en las organizaciones sociales y en los espacios democráticos.

Por eso, más que preguntarse si vuelve la horrible noche, la pregunta histórica es otra: ¿será capaz la sociedad colombiana de defender pacíficamente sus conquistas y seguir ampliando la democracia, cualquiera que sea el gobierno de turno?

La respuesta no la dará un presidente. La dará el pueblo colombiano con su capacidad de organización, resistencia y participación democrática.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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