EDITORIAL TESEO / CALAS /
La humanidad como consecuencia de un sistema económico rapaz, codicioso, depredador y expoliador vive un particular momento de profunda crisis global, alarmante militarización, normalización del horror en Gaza, procesos inflacionarios, pauperización acelerada, creciente desigualdad social en un contexto de crisis climática, extrema violencia y agudo racismo, tanto en los centros del poder político y económico como en las periferias. Al tiempo, vivimos todos el fracaso de las luchas subalternas por la diversidad y las múltiples formas de concebir un convivir no basado en la idea de competencia, superación, optimización y aceleración que proponen el capitalismo e individualismo occidentales.
Ciertamente, hay hegemonías en crisis; los imperialismos se resisten a perder sus privilegios y poder colonial. Asistimos en la actualidad en Abya Yala a una renovación de las estrategias coloniales por parte del Norte Global, esta vez sin grandes eufemismos, pero con la misma violencia de siempre.
Los logros que se habían dado en las luchas por los derechos sociales hoy están en grave crisis y se difuminan en nuevas formas de exclusión socioeconómica y simbólica. Y también, la conflictividad política y económica está alcanzando una magnitud nunca sospechada a principios al superar el cuarto de siglo de la presente centuria.
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En un mundo enfrentado a la crisis del modelo civilizatorio dominante es preciso explorar las profundas raíces estructurales de la dependencia y la colonialidad que sostienen y reproducen la desigualdad, la destrucción ecológica y la vulnerabilidad social en América afro-Abya Yala. Desde las perspectivas de la teoría de la dependencia y la decolonialidad se puede evidenciar cómo el sistema-mundo capitalista, en su lógica extractivista y excluyente, perpetúa relaciones de dependencia estructural en las periferias, particularmente en América Latina y otras regiones del Sur Global.
‘Decolonialidad y dependencia en el capitaloceno’ es una obra colectiva que interviene en uno de los debates más urgentes de nuestro tiempo: la crisis civilizatoria producida por la articulación entre capitalismo, colonialidad, dependencia estructural y devastación ecológica. Publicado por Editorial Teseo y CALAS (Buenos Aires, 2026), el volumen reúne aproximaciones teóricas y estudios situados que examinan cómo América afro-Abya Yala continúa siendo organizada como periferia extractiva, espacio de sacrificio y laboratorio de múltiples formas de despojo.
La tesis que atraviesa el libro puede formularse así: la crisis ecológica no es un accidente externo al capitalismo, sino una consecuencia de su metabolismo histórico, colonial y dependiente. Por ello, la respuesta no puede limitarse a reformas tecnocráticas, a transiciones energéticas administradas por las mismas élites ni a un ambientalismo compatible con el mercado. La transformación exigida es radical: ecológica y social a la vez, orientada a superar la lógica del crecimiento infinito, la mercantilización de la vida y la subordinación de los territorios periféricos a los centros de acumulación global.
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Colonialismo vs. ecosocialismo
El volumen articula teoría de la dependencia, pensamiento decolonial, ecología política latinoamericana, marxismo crítico, feminismos del cuidado y debates sobre derechos de la naturaleza. Entre sus contribuciones se encuentran reflexiones sobre colonialismo y ecosocialismo en América Latina, el sostenimiento de la vida por mujeres racializadas, la lectura de Mariátegui como marxista decolonial, el capitalismo fósil dependiente y la transición energética en México, el trabajo reproductivo en los márgenes del capital, el extractivismo hídrico en Centroamérica, la crítica al ecologismo acrítico como ideología de la dependencia y la propuesta de los derechos de la naturaleza como giro civilizatorio.
La diversidad de enfoques no dispersa el argumento; por el contrario, lo refuerza. Cada capítulo muestra, desde un ángulo distinto, que la dependencia no es solo económica, sino también epistémica, energética, ecológica, racial, patriarcal y territorial.
La colonialidad del poder opera como gramática profunda de la modernidad capitalista: clasifica cuerpos, jerarquiza saberes, naturaliza desigualdades y convierte territorios en fuentes de materias primas, energía, agua, fuerza de trabajo y rentabilidad.
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Arquitectura histórica de dominación
Desde una mirada sociológica, el libro ilumina la relación entre estructura social y crisis ecológica. La desigualdad no aparece como simple distribución asimétrica de ingresos, sino como una arquitectura histórica de dominación que combina clase, raza, género y territorio.
Los pueblos indígenas, afrodescendientes, campesinos, trabajadores precarizados y mujeres racializadas no son presentados como víctimas pasivas, sino como sujetos que sostienen la vida y producen conocimientos alternativos frente al orden moderno/colonial.
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La obra permite comprender que la reproducción social del capitalismo depende de trabajos invisibilizados: cuidados, labores comunitarias, economías de subsistencia, defensa del agua, preservación de semillas, crianza, alimentación y protección de territorios. En ese sentido, el capitaloceno no solo designa una época de destrucción ambiental, sino un régimen social que transfiere costos ecológicos y humanos hacia los sectores subalternizados.
La sociología que propone el libro es, por tanto, una sociología de la interdependencia: muestra que la acumulación de riqueza en los centros se apoya en la vulnerabilización de las periferias.
Lucha por un cambio sistémico
En el plano politológico, el texto propone una crítica de las formas estatales y globales que administran la crisis sin modificar sus causas. Las élites económicas, los gobiernos dependientes, los organismos multilaterales y las corporaciones transnacionales aparecen como actores que promueven una transición controlada: sustituyen tecnologías, modernizan discursos y adoptan vocabularios verdes, pero conservan la matriz extractivista, la subordinación periférica y la concentración del poder.
Frente a ello, la obra coincide en que la lucha por un cambio sistémico requiere movilización popular, autoorganización y resistencia activa. No se trata de esperar una ruptura instantánea ni de confiar en reformas concedidas desde arriba, sino de construir una estrategia de transición que combine victorias parciales con exigencias mayores.
Esa perspectiva reconoce la dificultad del escenario —el poder de las élites, la militarización, el racismo, la derechización y la captura corporativa de la agenda ambiental—, pero ubica la esperanza en las fuerzas sociales capaces de activar mecanismos de resistencia y frenar el curso catastrófico del capitalismo.
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Por una ética de la sustentabilidad, la igualdad y la participación democrática
Filosóficamente, el libro cuestiona el núcleo ontológico de la modernidad capitalista: la separación entre sociedad y naturaleza, sujeto y objeto, humanidad y mundo vivo. La crítica decolonial permite mostrar que esa separación no es universal ni neutral, sino una construcción histórica vinculada al colonialismo, al patriarcado y a la racionalidad económica occidental.
Al convertir la naturaleza en recurso, el trabajo en mercancía y el territorio en soporte de inversión, el capitalismo produce una civilización incapaz de reconocer la vida como trama relacional.
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La propuesta filosófica del volumen apunta hacia una ética de la sustentabilidad, la igualdad y la participación democrática. En lugar de una libertad entendida como apropiación ilimitada, la obra sugiere una libertad situada, responsable y relacional; en lugar de progreso como acumulación, propone plenitud colectiva, cuidado y justicia ecológica.
Así, la revolución ecológica y social no es únicamente un programa político, sino una transformación de los criterios con los que se define qué cuenta como vida buena, conocimiento válido y civilización deseable.
Reconfiguración del desarrollismo
La dimensión socioeconómica se organiza alrededor de la teoría de la dependencia. El libro actualiza esta tradición al mostrar que la inserción periférica de América Latina y del Sur Global no pertenece al pasado desarrollista, sino que se reconfigura en el presente bajo nuevas formas de extractivismo, deuda, financiarización, transición energética corporativa y división internacional del trabajo ecológico.
La dependencia ya no se expresa solo en términos industriales o comerciales; también aparece como dependencia energética, tecnológica, alimentaria, hídrica y cognitiva.
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Una de las virtudes del volumen es mostrar que incluso ciertos discursos de transición verde pueden reproducir la dependencia. La electrificación, la minería para tecnologías limpias, los mercados de carbono y las políticas de conservación sin justicia territorial pueden desplazar la devastación hacia comunidades periféricas.
De este modo, el libro advierte contra una transición energética que cambie las fuentes de energía sin cambiar las relaciones sociales de producción, propiedad y poder.
Una ecología política de la totalidad
En términos ecológicos, el concepto de “capitaloceno” resulta decisivo porque desplaza la responsabilidad abstracta atribuida a “la humanidad” y la sitúa en un sistema histórico concreto: el capitalismo colonial, patriarcal y fósil.
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La catástrofe ambiental no deriva de una especie humana genérica, sino de un modo de producción, consumo y dominación organizado por la ganancia, la competencia, la expansión ilimitada y la externalización de daños.
El libro aporta una ecología política de la totalidad: agua, energía, trabajo, cuerpo, territorio y conocimiento aparecen integrados en una misma trama. Por eso, la revolución ecológica que propone no puede reducirse a conservación ambiental ni a innovación tecnológica. Exige desmercantilizar la naturaleza, reconocer los derechos de la vida no humana, fortalecer bienes comunes, democratizar las decisiones territoriales y garantizar condiciones materiales para sostener la vida con dignidad.
Historia de despojos, resistencias y memorias subalternas que disputan el futuro
Históricamente, la obra inscribe la crisis contemporánea en la larga duración del colonialismo. La conquista, la esclavización, la racialización, la expropiación territorial y la subordinación económica no son antecedentes superados, sino condiciones que persisten bajo nuevas modalidades.
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La colonialidad del poder sigue ordenando quién trabaja, quién decide, quién es escuchado, qué saberes se consideran legítimos y qué territorios pueden ser sacrificados.
En esa perspectiva, América afro-Abya Yala aparece como un espacio histórico de violencia, pero también de imaginación política. Las luchas indígenas, campesinas, afrodescendientes, feministas, obreras y socioambientales no son meras reacciones defensivas, sino archivos vivos de alternativas civilizatorias.
La historia que recupera el libro no es lineal ni eurocéntrica; es una historia de despojos y resistencias, de derrotas y persistencias, de memorias subalternas que disputan el futuro.
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El reto de abrir una transición hacia una civilización sustentable, igualitaria y democrática
El principal mérito del libro reside en su capacidad de articular debates que a menudo se presentan separados: dependencia económica, colonialidad del saber, racismo estructural, patriarcado, crisis climática, extractivismo y transición energética. Su apuesta interdisciplinaria resulta especialmente valiosa porque evita tanto el economicismo como el culturalismo: la dominación es material y simbólica, ecológica y epistémica, local y global.
Una posible tensión del volumen, propia de toda obra colectiva, radica en la amplitud de sus registros teóricos y territoriales. Sin embargo, esa heterogeneidad es también una fuerza: permite comprender que la crisis del capitaloceno no se expresa de una sola manera y que las alternativas tampoco pueden imponerse desde un modelo único.
La pluralidad de voces confirma que la emancipación ecosocial debe pensarse desde experiencias concretas, saberes situados y coaliciones populares capaces de disputar el sentido de la transición.
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Este trabajo bibliográfico es una contribución relevante y sugerente para pensar el presente latinoamericano y global desde una perspectiva crítica, situada y transformadora. Su diagnóstico es severo: el capitalismo, en su forma colonial y dependiente, conduce a una intensificación de la desigualdad, la devastación ecológica y la vulnerabilidad social. Pero su horizonte no es fatalista.
La esperanza reside en la capacidad de los pueblos para organizarse, resistir, construir victorias parciales, ampliar sus demandas y abrir una transición hacia una civilización sustentable, igualitaria y democráticamente participativa.
En última instancia, el libro invita a pensar que la revolución ecológica y social no consiste solo en frenar la catástrofe, sino en descolonizar la imaginación política: abandonar la idea de que no hay alternativa al capitalismo y reconocer que los saberes, luchas y formas comunitarias de América afro-Abya Yala ya contienen elementos de otro mundo posible.
Acceso al libro
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