julio 3, 2026 3:07 pm
La modernidad política no nace del consenso abstracto, sino del conflicto y la contingencia: leer a Maquiavelo en el siglo XXI

La modernidad política no nace del consenso abstracto, sino del conflicto y la contingencia: leer a Maquiavelo en el siglo XXI

POR ALONSO YUPANQUI DE LA CHIRA /

A diferencia de visiones utópicas que buscan la armonía total, Nicolas Maquiavelo (1469-1527) entendió que el conflicto y la tensión entre los intereses del pueblo y las élites son inevitables. Este choque, bien canalizado, es lo que permite la ampliación de derechos y la vitalidad de una república.

Su pensamiento sigue vigente porque fue el pionero en separar la moral y la religión del ejercicio del poder, instaurando el realismo político (la Realpolitik): analizar y gestionar el Estado como es en la realidad y no como «debería ser».

Explicó que la moral tradicional (judeocristiana) y la gobernanza a menudo responden a lógicas distintas. Para Maquiavelo, el éxito de un gobierno se mide por la eficacia de sus resultados—mantener la estabilidad y el orden del Estado—más que por la pureza de sus intenciones.

Nicolas Maquiavelo (1469-1527).

Su análisis se fundamenta en una visión pragmática (e incluso pesimista) del ser humano, al que describe como egoísta, voluble y ambicioso. Los líderes modernos aún basan muchas de sus estrategias en el control de estas pasiones.

El pensamiento de Maquiavelo en su obra cumbre, ‘El príncipe’, sigue siendo plenamente vigente a más de cinco siglos de su publicación porque introdujo una visión realista y pragmática de la política, centrada en la conservación del poder y en la comprensión de la naturaleza humana, alejándose de las idealizaciones morales y utópicas. Su legado se mantiene como referencia obligada en el análisis del poder y la estrategia política contemporánea.

Maquiavelo vivió en una Italia fragmentada en repúblicas y principados, constantemente amenazada por invasiones extranjeras. Su experiencia como diplomático y funcionario le permitió observar de primera mano la lucha por el poder y la fragilidad de los Estados. Este entorno turbulento lo llevó a formular un pensamiento político secular y realista, distinto de las visiones idealizadas de la antigüedad.

El aporte central de ‘El príncipe’ es el análisis que hace de la política como lucha por el poder, no como búsqueda de ideales morales. El fin último del gobernante es mantener la estabilidad y la autoridad, incluso si debe recurrir a medios cuestionables.

Maquiavelo parte de la premisa de que los hombres son volubles, egoístas y movidos por intereses, lo que obliga al gobernante a actuar con astucia. La obra rompe con la tradición clásica que subordinaba la política a la moral o la religión.

El florentino es considerado fundador del análisis político como disciplina autónoma. Sus ideas son aplicadas en estudios de poder, negociación y hasta en el mundo empresarial.

El concepto de “maquiavélico” aunque usado con connotación negativa, refleja la influencia duradera de su pensamiento en el lenguaje político y social. Su obra sigue generando discusión sobre los límites de la ética en la política y la legitimidad de los medios para alcanzar fines.

Su legado radica en haber mostrado que la política es un ejercicio práctico, condicionado por la realidad y la naturaleza humana, más que por ideales abstractos.

‘El príncipe’ no prescribe tiranía, sino que describe con crudeza las dinámicas del poder, lo que lo convierte en un texto fundamental para comprender tanto la política del siglo XVI como la contemporánea.

Leer a Maquiavelo hoy

 

‘Maquiavelo. Una guía contemporánea de lectura sobre lo político y el Estado’, Ciudad de México (Taurus, 2017), obra colectiva coordinada por el politólogo mexicano Israel Covarrubias, ofrece una lectura rigurosa y actual de Nicolás Maquiavelo a partir de una premisa decisiva: la política moderna no puede pensarse sin pasar por la ruptura intelectual que introduce el secretario florentino.

El libro no se limita a glosar tópicos consagrados de la tradición maquiaveliana, sino que reconstruye las condiciones históricas, conceptuales y discursivas en las que emerge una nueva comprensión de lo político y del Estado. Su aporte principal consiste en mostrar que Maquiavelo no funda simplemente una técnica del poder, sino una forma inédita de pensar la conflictividad, la contingencia y la organización de la vida pública.

La obra se inscribe en el campo de la teoría política contemporánea y de la historia del pensamiento político. El volumen está compuesto por diez artículos y una introducción, y se articula en dos ejes: uno conceptual, orientado al léxico político de Maquiavelo, y otro histórico, centrado en su contexto de producción y recepción. Esta arquitectura permite al lector desplazarse de los conceptos fundamentales —virtù, fortuna, verità effettuale, escritura de la política, secularización de la ética— hacia la trama histórica del Renacimiento italiano, el humanismo cívico, la crisis florentina y la formación de la razón de Estado.

Maquiavelo en la era digital.

Desde el punto de vista bibliográfico, el texto destaca por reunir voces especializadas de distintas tradiciones académicas latinoamericanas e iberoamericanas, lo que amplía el horizonte de lectura habitual sobre Maquiavelo. La coordinación de Covarrubias no sólo ordena contribuciones heterogéneas, sino que les da una unidad problemática: interrogar cómo la obra maquiaveliana sigue ofreciendo claves para comprender la autonomía de la política, la centralidad del conflicto y la historicidad del Estado. En este sentido, el libro funciona simultáneamente como introducción, compilación crítica y plataforma de debate para releer al autor florentino desde el presente.

La política, un campo de decisiones, riesgos y correlaciones de fuerza

Históricamente, el valor del volumen reside en situar a Maquiavelo en el tránsito entre el orden medieval y la temprana modernidad. El florentino escribe desde una Italia fragmentada, atravesada por guerras, repúblicas inestables, injerencias imperiales y eclesiásticas, y rápidas mutaciones institucionales.

En ese escenario, la política deja de aparecer como reflejo de un orden cósmico o teológico para convertirse en un campo de decisiones, riesgos y correlaciones de fuerza. El libro muestra que esta mutación no es un simple cambio terminológico, sino una transformación de la inteligibilidad histórica: comienza a perfilarse aquello que después reconoceremos como Estado, entendido como una forma relativamente autónoma de organización del poder, con sus propias lógicas de preservación, expansión y legitimación.

Uno de los méritos del estudio es evitar una lectura anacrónica del Estado. En lugar de proyectar retrospectivamente una definición contemporánea sobre el siglo XVI, reconstruye el proceso mediante el cual se consolidan categorías y prácticas estatales a partir de la experiencia renacentista.

Así, la historia deja de ser un telón de fondo y se vuelve laboratorio analítico. Maquiavelo aparece entonces como un observador de coyunturas críticas, alguien que lee en la inestabilidad de su tiempo la necesidad de nuevas herramientas para comprender la dominación, la obediencia, la guerra, la ley y la libertad.

Esa contextualización histórica fortalece la tesis central del libro: la modernidad política nace no del consenso abstracto, sino del conflicto y la contingencia.

El poder como relación móvil

 

En el plano político, el libro subraya con acierto que Maquiavelo no debe reducirse a un manualista del cinismo gubernamental. Su originalidad consiste en pensar el poder como relación móvil, no como sustancia fija, y en advertir que la estabilidad del orden político depende menos de la virtud moral del gobernante que de su capacidad para leer las circunstancias y actuar eficazmente dentro de ellas.

La virtù, en esta perspectiva, no es bondad, sino inteligencia práctica, energía instituyente y capacidad de decisión frente a la fortuna. Por eso el volumen recupera la dimensión estratégica del pensamiento maquiaveliano y lo desplaza de las caricaturas que lo presentan como apologista de la crueldad.

Desde una perspectiva politológica, uno de los núcleos más fecundos de la obra es la reivindicación del conflicto social como principio constitutivo de la libertad. Frente a las tradiciones que interpretan el antagonismo entre gobernantes y gobernados como patología del cuerpo político, la lectura de Maquiavelo presentada aquí muestra que esos choques pueden tener una productividad institucional.

El conflicto, lejos de ser una anomalía destructiva, opera como motor de leyes, contrapesos y formas republicanas de autocorrección. Esta intuición resulta especialmente valiosa para las ciencias políticas contemporáneas, porque permite pensar la democracia no sólo como procedimiento de agregación de preferencias, sino como orden conflictivo capaz de tramitar tensiones sin anularlas.

La acción política posee criterios propios de racionalidad

Filosóficamente, el volumen muestra que la gran ruptura maquiaveliana consiste en emancipar la política de la tutela moral y teológica medieval. No se trata de negar la moral, sino de afirmar que la acción política posee criterios propios de racionalidad.

La célebre atención a la verità effettuale de las cosas indica precisamente ese desplazamiento: el pensamiento político no debe partir de cómo deberían comportarse los hombres en un mundo ideal, sino de cómo actúan efectivamente en condiciones históricas determinadas. Esta operación tiene consecuencias de largo alcance, pues inaugura una ontología de la contingencia donde la estabilidad jamás está garantizada y donde toda forma política está expuesta al azar, al conflicto y a la mutabilidad de las pasiones humanas.

El interés filosófico del libro también reside en destacar que Maquiavelo escribe políticamente: su forma de argumentar, su uso de ejemplos históricos y su composición textual participan del contenido mismo de su teoría.

De ahí que la obra insista en la “escritura de la política” como arte moderno y clásico a la vez. La filosofía política no aparece aquí como sistema cerrado, sino como saber orientado por problemas. Esa ausencia de sistematicidad total, lejos de ser una carencia, explica parte de su permanencia: Maquiavelo sigue interpelando porque su pensamiento está abierto a la experiencia histórica y no clausurado por un esquema doctrinal exhaustivo.

La sociedad como composición precaria entre fuerzas divergentes

Desde el ángulo sociológico, la obra resulta sugerente porque devuelve a Maquiavelo a la densidad de la vida social. La política no emerge en un vacío institucional, sino en un espacio atravesado por pasiones, intereses, desigualdades y luchas por el reconocimiento y la seguridad. Gobernantes y gobernados no representan aquí esencias fijas, sino posiciones relacionales dentro de un campo de fuerzas.

El libro permite apreciar que la conflictividad social no sólo expresa fracturas materiales, sino diferentes deseos políticos: unos desean mandar y conservar; otros, no ser dominados. Esta formulación, célebre en los Discursos sobre la primera década de Tito Livio, anticipa una sociología del poder en la que la libertad se construye a partir de la tensión entre aspiraciones contrapuestas.

Leído desde el presente, este enfoque conserva una notable vigencia. En sociedades marcadas por alto grado de pugnacidad política, desigualdad, crisis de representación y disputas por la legitimidad, el pensamiento maquiaveliano ayuda a entender que el orden político no es la supresión del conflicto, sino su encauzamiento institucional.

Por eso el libro tiene un valor sociológico adicional: evita el idealismo armónico y reconoce que la vida en común está hecha de tensiones persistentes. La sociedad política moderna no es una comunidad reconciliada de una vez y para siempre, sino una composición precaria entre fuerzas divergentes.

Mirar la política sin velos

En conjunto, ‘Maquiavelo. Una guía contemporánea de lectura sobre lo político y el Estado’ es una contribución sólida, sugerente y pedagógicamente útil para releer al pensador florentino más allá de los estereotipos. Su principal virtud radica en articular con claridad la dimensión histórica de la obra maquiaveliana con sus alcances conceptuales para el presente.

La compilación permite entender por qué Maquiavelo sigue siendo un autor inevitable: porque identificó, con una precisión todavía incómoda, que la política se mueve entre necesidad y azar, entre fuerza y ley, entre ambición y libertad. A través de esa clave, el volumen coordinado por Covarrubias restituye a Maquiavelo como interlocutor central para pensar el Estado, la democracia, el conflicto y la vida pública contemporánea.

Más que una simple introducción a un clásico, el libro constituye una invitación a pensar políticamente. Su apuesta por releer a Maquiavelo desde el cruce entre historia, teoría política y análisis conceptual lo convierte en una obra especialmente valiosa para el estudio y análisis sobre la naturaleza del poder.

Después de cinco siglos, la lección maquiaveliana sigue vigente no porque ofrezca fórmulas infalibles, sino porque enseña a mirar la política sin velos: como práctica humana, conflictiva, contingente y radicalmente histórica.

Acceso al libro

 

Para acceder al libro en archivo PDF, ingresar al siguiente enlace:

Maquiavelo. Una guía contemporánea de lectura sobre lo político y el Estado

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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