POR OMAR ROMERO DÍAZ /
El pasado 8 de agosto, Colombia despertó con un nuevo Presidente «electo». Pero también despertó con una cortina de humo mediática tan perfectamente orquestada que parecía ensayada. Durante toda la semana, los titulares de medios corporativos de la derecha como Caracol, RCN, Semana y El Tiempo repitieron al unísono el mismo mantra: «El descalabro fiscal es inminente», «Petro dejó el país sin dinero», «El hueco fiscal es insostenible» y sacan un dizque ‘Libro de la Verdad’ elaborado a las ligeras con Inteligencia Artificial, lleno de falacias y sin una sola prueba
No se trata de una coincidencia periodística. Es la maquinaria de la oligarquía mediática preparando el terreno para lo que viene: el paquetazo de impuestos más agresivo que haya visto el país, y lo más cínico de todo, con la orientación, manejo y complicidad del Gobierno que supuestamente llegó a «cambiar» las cosas.

El libreto perfecto
La fórmula es vieja, pero funciona: primero se fabrica una crisis fiscal. Se magnifican números, se ocultan variables, se satura el debate con supuestos ‘expertos’ neoliberales de la banca que advierten sobre el «colapso». Luego, cuando el miedo ya está instalado en la mesa de los colombianos, se presenta la «solución inevitable»: subir impuestos a las clases medias, recortar derechos, ajustar el gasto social.
El propósito de estos titulares es claro: que cuando el nuevo Gobierno, con su vicepresidente José Manuel Restrepo al frente del equipo de Hacienda, grave impuestos a la leche, el pan, los huevos y toda la canasta familiar, la gente agache la cabeza y acepte el sacrificio como si no hubiera alternativa.
Pero hay alternativas, y el expresidente Gustavo Petro ha tenido que salir en múltiples ocasiones a desmentir la narrativa catastrofista. ¿La razón? Porque mientras los medios oligárquicos vociferan sobre un déficit que no termina de concretarse, la realidad muestra una economía que, pese a todo, ha resistido y ha mejorado indicadores sociales.

La farsa del «outsider o forastero»
Abelardo de la Espriella se subió a la tarima a gritar que ganó en contra de los partidos tradicionales. Se vistió de rebelde, de outsider, de aquel que venía a «romper con la casta política». Pero la verdad, como lo ha denunciado la senadora Carolina Corcho, es que su campaña fue sostenida bajo la mesa por entre 50 y 57 clanes políticos regionales.
No hubo tal rebelión. Hubo una alianza de los de siempre: Cambio Radical, el Partido Liberal, el Clan Char, el Centro Democrático, Conservadores, el Partido de la U. Y al frente de las decisiones económicas, el mismo equipo de Iván Duque, con Restrepo como el hombre fuerte que ya mostró su talante en la pandemia: proteger a los súper ricos y endeudar al país.
El Vicepresidente, caracterizado ferviente del Opus Dei, no es un improvisado. Es el mismo que profundizó el déficit fiscal, el mismo que ahora, con el pretexto de «ordenar las cuentas», buscará exprimir a las clases populares y medias. La historia no perdona.

Injerencia y sumisión
El dato más humillante, que los grandes medios han naturalizado con una vergonzosa normalidad, es que el nuevo Presidente de Colombia es ciudadano de los Estados Unidos. Juró lealtad a la nación norteamericana. Y con ese poder prestado, con los respaldos abiertos de Donald Trump y de congresistas de Florida, se sienta a gobernar un país que le exige soberanía.
No contentos con eso, ya amenaza con acabar con 700 mil empleos públicos, con eliminar la Jurisdicción Agraria y con allanar el camino para perseguir a sus opositores. Todo esto, mientras los grandes medios aplauden o guardan silencio.
La resistencia que no esperaban
Pero hay algo que la oligarquía mediática no calculó bien. Colombia ya no es la misma de hace veinte años. El progresismo no es una minoría asustada y aplastada. Son casi 13 millones de votos, la bancada más grande del Congreso con 26 senadores y un pueblo que ha aprendido a organizarse.

Si De la Espriella se atreve a recortar derechos laborales, a vulnerar a las mujeres o a perseguir a la población LGBTI, si insiste en masacrar el Estado Social de Derecho, se encontrará con marchas gigantescas que ya sacuden a Chile, Argentina y Estados Unidos.
El falso outsider se quitó la máscara, pero se olvidó de que 13 millones de colombianos lo están vigilando y no van a permitir que destruya el país.
La pregunta incómoda

Sabemos que el nuevo Gobierno juró lealtad a Estados Unidos. Sabemos que se alió con 57 clanes corruptos. Sabemos que su Vicepresidente es el hombre que profundizó el déficit en la pandemia. La pregunta no es si gobernarán para el pueblo o para la oligarquía (la respuesta es clara), sino si el pueblo, organizado y vigilante, permitirá que esta farsa consuma sus derechos.
La defensa del pueblo apenas comienza.



