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En el marco del XXXV Congreso Latinoamericano de Sociología de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS), celebrado en Río de Janeiro bajo el eje “Entre la policrisis y las alternativas: horizontes de la sociología crítica latinoamericana”, la socióloga y politóloga peruano-brasileña Mónica Bruckmann intervino en el set de CLACSO TV para interpretar las transformaciones de la geopolítica contemporánea desde una perspectiva latinoamericana, crítica y popular.
Su intervención articuló tres niveles de análisis: la ofensiva neofascista y ultraconservadora en América Latina; la disputa electoral brasileña como nudo decisivo para la continuidad del pacto democrático regional; y la emergencia del Sur Global, los BRICS y los mecanismos financieros alternativos como expresión de una transición hacia un orden multipolar.
Desde esta lectura, la coyuntura no aparece como una mera alternancia de gobiernos, sino como una confrontación histórica entre proyectos civilizatorios, modelos de desarrollo, formas de soberanía y sentidos de democracia.
La sociología crítica latinoamericana como herramienta para leer las tensiones de la vida cotidiana
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ALAS 2026 se desarrolló en un clima marcado por crisis múltiples e interdependientes: crisis política, económica, social, climática, energética, ecológica y geopolítica. Ese marco permite comprender por qué la entrevista a Bruckmann no se limita a una lectura coyuntural de la derecha radical, sino que la ubica dentro de una reestructuración profunda del sistema mundial.
La sociología crítica latinoamericana aparece, entonces, como herramienta para leer simultáneamente las tensiones de la vida cotidiana, las disputas estatales y las transformaciones de largo plazo del capitalismo global.
La trayectoria de Bruckmann —vinculada a los debates sobre integración regional, recursos naturales, economía mundial y sistema-mundo— le otorga a la entrevista un espesor particular: su diagnóstico enlaza la democracia latinoamericana con las disputas por recursos estratégicos, soberanía financiera, integración regional y autonomía frente a los centros hegemónicos.
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En ese sentido, su intervención dialoga con una tradición del pensamiento crítico latinoamericano que va de José Carlos Mariátegui a las teorías de la dependencia, la geopolítica de los recursos y los debates contemporáneos sobre multipolaridad.
Neofascismo, territorio y subjetividad popular
Uno de los núcleos más fuertes de la entrevista es la caracterización de la actual ola neofascista como una fuerza con “capacidad destructiva colosal”. La metáfora de la bomba atómica condensa la idea de una destrucción acelerada de instituciones, derechos sociales, pactos democráticos y formas de convivencia. No se trata únicamente de autoritarismo electoral o de retórica agresiva: Bruckmann describe una ofensiva socialmente organizada, con componentes racistas, xenófobos, antipopulares y profundamente regresivos.
Desde una mirada sociológica, el punto decisivo está en la disputa por el territorio. La académica sostiene que los gobiernos progresistas del siglo XXI lograron ampliar derechos, reducir pobreza y democratizar parcialmente el acceso al consumo, la educación y la protección social, pero descuidaron el trabajo político de base. Ese vacío fue ocupado por redes conservadoras, iglesias evangélicas y actores ultraderechistas capaces de construir presencia cotidiana, asistencia comunitaria, autoridad moral y sentido de pertenencia en barrios populares.
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La política, en esta lectura, no se juega solo en el Estado, sino en la organización molecular de la vida social.
El análisis también sugiere que la ultraderecha contemporánea no opera únicamente mediante coerción, sino mediante la producción de subjetividades: miedo, resentimiento, frustración social, moralismo punitivo y rechazo al otro.
Por ello, la respuesta democrática no puede limitarse a campañas electorales o coaliciones parlamentarias; requiere reconstruir vínculos populares, pedagogía política, organización territorial y horizontes colectivos capaces de disputar emociones, creencias y expectativas.
Brasil como bisagra regional
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En el plano político, Bruckmann ubica a Brasil como escenario definitorio para América Latina. La disputa electoral brasileña de octubre venidero no es solo una competencia por la Presidencia, sino una prueba histórica sobre la continuidad del pacto democrático en el continente.
Por el peso demográfico, económico, territorial, energético y diplomático de Brasil, el rumbo político del país reordena los equilibrios regionales: puede fortalecer proyectos de integración, soberanía y cooperación Sur-Sur, o habilitar una nueva fase de subordinación geopolítica y restauración autoritaria.
La entrevista insiste en que las fuerzas ultraconservadoras no actúan de manera aislada. Están articuladas con intereses externos, sectores económicos concentrados, redes mediáticas, aparatos religiosos fundamentalistas y plataformas de desinformación. Su eficacia política deriva de combinar institucionalidad electoral con presión callejera, movilización moral, captura territorial y erosión de la confianza pública.
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Por eso, la defensa democrática planteada por Bruckmann es inseparable de la recuperación de la soberanía popular y de la capacidad de las mayorías para organizarse desde abajo.
Límites del progresismo y disputa por el desarrollo
El balance socioeconómico de la entrevista es especialmente relevante porque evita tanto la idealización del ciclo progresista como su descalificación. Bruckmann reconoce los avances en reducción de pobreza, inclusión social y ampliación de derechos; sin embargo, señala un error estratégico: haber confiado demasiado en la redistribución desde el Estado sin consolidar una arquitectura social y política duradera en los territorios.
Las políticas públicas mejoraron condiciones materiales, pero no siempre construyeron organización popular capaz de defender esos avances cuando cambió la correlación de fuerzas.
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Este diagnóstico plantea una cuestión central para América Latina: la sustentabilidad de los proyectos transformadores no depende únicamente del crecimiento económico o del acceso al Gobierno, sino de la capacidad de articular redistribución, conciencia política, soberanía productiva, integración regional y participación popular.
Sin tejido organizado, las conquistas sociales quedan expuestas a ciclos de reversión rápida, privatización, ajuste fiscal, criminalización de la protesta y restauración conservadora.
Sur Global, BRICS y crisis de hegemonía occidental
En el plano geopolítico, Bruckmann interpreta la actual coyuntura como parte de una transición hacia un mundo multipolar. La emergencia del Sur Global y el fortalecimiento de espacios como los BRICS expresan una disputa por las reglas del orden mundial, especialmente en materia financiera, comercial, tecnológica y diplomática.
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La creación de sistemas de pagos alternativos, así como el uso de monedas locales en intercambios bilaterales y regionales, son leídos como intentos de erosionar la centralidad del dólar y reducir la vulnerabilidad de los países periféricos frente a sanciones, endeudamiento y dependencia monetaria.
La crítica al “fracaso ético y moral de Occidente” adquiere especial densidad en relación con tragedias humanitarias como Gaza. Para Bruckmann, la defensa selectiva de los derechos humanos, la tolerancia frente a la devastación de pueblos enteros y la instrumentalización geopolítica del derecho internacional revelan el agotamiento moral de un orden que se presenta como universalista, pero opera mediante jerarquías, dobles estándares y relaciones de dominación.
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En contraste, la multipolaridad aparece no como garantía automática de justicia, sino como oportunidad histórica para ampliar márgenes de soberanía, cooperación y autodeterminación.
Mariátegui y la vigencia del pensamiento crítico
La recomendación de leer ‘La escena contemporánea’, de José Carlos Mariátegui (1894-1930), cumple una función teórica y política. Bruckmann recupera las lecturas tempranas del pensador peruano sobre el fascismo para mostrar que los fenómenos autoritarios no pueden explicarse solo como anomalías institucionales, sino como respuestas reaccionarias a crisis orgánicas, frustraciones sociales, miedos de clase y disputas por el sentido común.
Mariátegui permite comprender que el fascismo moviliza pasiones, símbolos y promesas de orden en contextos de incertidumbre, y que por ello debe ser enfrentado tanto en el plano material como en el cultural.

La apelación al pensamiento crítico no es nostálgica. Funciona como una invitación a reconstruir categorías propias para interpretar la crisis contemporánea desde América Latina, sin depender exclusivamente de marcos europeos o norteamericanos.
En esa recuperación, la sociología latinoamericana aparece como una práctica intelectual situada, comprometida con la emancipación, la soberanía y la transformación democrática de las estructuras sociales.
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Encrucijada histórica
La entrevista a Mónica Bruckmann en CLACSO TV, realizada en el contexto de ALAS 2026, ofrece una lectura integral de la coyuntura latinoamericana y mundial. Su tesis central es que la región atraviesa una encrucijada histórica: o reconstruye protagonismo popular, integración regional y soberanía en el marco de un mundo multipolar, o queda expuesta a una ofensiva neofascista capaz de destruir en poco tiempo conquistas sociales acumuladas durante décadas.
El valor de su intervención radica en conectar escalas que suelen analizarse por separado: el barrio y el sistema mundial, la subjetividad popular y la arquitectura financiera internacional, las elecciones nacionales y la crisis de hegemonía occidental. Su llamado final es claro: ningún proyecto transformador será sustentable si no se organiza desde abajo, si no disputa el sentido común y si no convierte la soberanía en práctica social, política y económica cotidiana.
El diálogo periodístico en el siguiente video:



