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En su más reciente columna periodística para el Diario Red, la exministra y excongresista Clara López Obregón explicó los alcances del Tercer Congreso Panamericano que se realizó en Montevideo entre el 21 y 23 de agosto, así como las conclusiones a las que se llegó al termino de los debates.
La dirigente política, referente del Pacto Histórico, hizo parte de la Comisión Primera sobre Paz, Multilateralismo y Soberanía que deliberó durante dicho encuentro internacional y en la que se coligió que “sin igualdad soberana, el multilateralismo se vacía; sin derechos humanos y control civil, la seguridad degenera en represión; y cuando las relaciones internacionales se organizan en zonas de influencia, la paz corre el riesgo de convertirse en obediencia”.


Algunas de las consideraciones del debate de esta nueva versión del Congreso Panamericano realizado en la capital uruguayo las comenta la exministra López Obregón en su nota periodística, cuyo texto es el siguiente:
El nuevo orden mundial se disputa en América
POR CLARA LÓPEZ OBREGÓN
Hay una paradoja que debería incomodar a las fuerzas democráticas y progresistas del continente: quienes proclaman que cada nación debe encerrarse en sí misma ya construyeron su propia internacional. Comparten asesores, fundaciones, recursos, relatos, tecnologías de comunicación, Inteligencia Artificial (IA) y estrategias electorales. Mientras tanto, quienes reivindicamos la solidaridad y la integración seguimos reaccionando país por país, casi siempre tarde y por separado.
Esa contradicción atravesó la discusión de la Comisión Primera sobre Paz, Multilateralismo y Soberanía del Congreso Panamericano, celebrado en Montevideo. Allí quedó claro que la paz, la seguridad y el multilateralismo no son tres expedientes separados. Sin igualdad soberana, el multilateralismo se vacía; sin derechos humanos y control civil, la seguridad degenera en represión; y cuando las relaciones internacionales se organizan en zonas de influencia, la paz corre el riesgo de convertirse en obediencia.

La vieja disputa entre monroísmo y bolivarismo ha regresado con nuevos instrumentos. La Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos de 2025 denomina “Corolario Trump” a la reafirmación de su preeminencia en el hemisferio y de su acceso a geografías, infraestructura y recursos estratégicos. No se trata de reeditar consignas antiestadounidenses ni de confundir el ideal bolivariano con adhesiones partidistas. Se trata de decidir si América será una estructura vertical, tutelada por la potencia dominante, o una comunidad horizontal de repúblicas soberanas, capaces de relacionarse con Estados Unidos, China y el resto del mundo desde el respeto mutuo y la diversificación.
Hoy la soberanía tampoco termina en las fronteras. Incluye la integridad de las elecciones, la propiedad y protección de los datos, la autonomía de los sistemas de pagos, el control sobre la infraestructura crítica y la vigilancia democrática de la cooperación militar y de inteligencia. Y la seguridad no puede volver a ser el nombre amable de una guerra que multiplica violencia y exclusión. Enfrentar el crimen organizado exige cooperación judicial, policial y financiera, pero siempre dentro del Estado de Derecho, bajo control civil y con respeto irrestricto de los derechos humanos.
El aporte más importante del Congreso fue pasar del diagnóstico a la organización. Propusimos un Compromiso de Montevideo con tres brazos: una Red Panamericana de Equipos Parlamentarios, capaz de intercambiar alertas y coordinar respuestas rápidas; una Mesa Social que articule sindicatos y movimientos campesinos, feministas, indígenas, afrodescendientes, ambientales y juveniles; y una Iniciativa Ciudadana Panamericana que convierta las demandas continentales en audiencias, debates y acciones legislativas simultáneas.

La integración no puede depender exclusivamente de la coincidencia ideológica entre gobiernos, porque cada cambio electoral puede deshacer años de avances. Necesita instituciones, memoria, participación social, financiación transparente y capacidad de actuar incluso cuando los ejecutivos retroceden. También requiere una pequeña secretaría técnica, rotativa y multilingüe que sostenga los acuerdos y rinda cuentas.
La derecha radical ya entendió que el poder contemporáneo se disputa en red. Si quienes defendemos la democracia, la paz y la soberanía continuamos dispersos, estaremos entregando el continente sin haber librado la batalla política. La solidaridad debe dejar de ser solamente un valor. Debe convertirse en organización, presencia y poder democrático continental.



