agosto 28, 2026 12:48 am
Angela Davis en la UNAM: esperanza, anticapitalismo y feminismo en tiempos de reacción global

Angela Davis en la UNAM: esperanza, anticapitalismo y feminismo en tiempos de reacción global

Angela Davis muestra la bandera del pueblo heroico de Palestina durante la jornada magistral en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

RESUMEN AGENCIAS /

La jornada académica organizada por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) con motivo de la presentación del libro Abolición, feminismo, ¡ahora! constituyó mucho más que un acto editorial: fue un acontecimiento político, pedagógico y simbólico en el que convergieron memorias de lucha, urgencias del presente y horizontes emancipatorios. La presencia de la figura emblemática de Angela Davis, acompañada por la intelectual estadounidense Gina Dent, reactivó en el espacio universitario una discusión decisiva para América Latina: cómo pensar la justicia, la libertad y la igualdad más allá del castigo, del encierro, del capitalismo racial y de las formas contemporáneas de fascistización social.

El pasado miércoles 26 de agosto, la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario se vio desbordada por una convocatoria que superó toda previsión. Alrededor de setecientas personas ocuparon el recinto, mientras muchas otras siguieron la actividad desde espacios alternos y transmisiones habilitadas por la institución.

La extensa fila formada desde horas tempranas reveló no solo el magnetismo intelectual de Davis, sino también la existencia de una juventud politizada que busca lenguajes capaces de nombrar la violencia patriarcal, racista, colonial, penitenciaria y capitalista.

Angela Davis y Gina Dent durante el diálogo magistral Abolición, feminismo, ¡Ahora!, el cual tuvo lugar en la UNAM el 26 de agosto de 2026.

La frase central de Davis —“la desesperanza no es una opción”— condensó el tono de la jornada. Frente al avance de campañas antifeministas, antigénero y de gobiernos semifascistas o abiertamente autoritarios, la activista norteamericana propuso una política de la esperanza organizada. No se trató de optimismo ingenuo, sino de una esperanza disciplinada, colectiva y militante: aquella que nace de la organización social y de la memoria de los movimientos que hicieron posible, incluso, que ella sobreviviera a la persecución estatal y a las condenas de muerte que enfrentó en Estados Unidos.

Movimientos, universidad y conflicto social

Desde una perspectiva sociológica, el evento puede leerse como una escena de condensación de movimientos sociales. La universidad pública funcionó como espacio de encuentro entre feminismos, antirracismos, luchas antipunitivistas, denuncias contra la desaparición forzada, exigencias contra los feminicidios y solidaridades internacionalistas, especialmente con Palestina.

La multitud no fue un simple público consumidor de ideas: fue un sujeto colectivo en formación, atravesado por agravios sociales y por la necesidad de producir horizontes comunes de acción.

La saturación del recinto revela, además, una crisis de representación. Muchas de las personas presentes acudieron no solo a escuchar a una figura histórica, sino a reconocerse en un vocabulario político que articula experiencias dispersas de precariedad, violencia institucional, racismo, sexismo y desposesión.

La jornada mostró que los movimientos contemporáneos ya no se organizan únicamente alrededor de una demanda sectorial, sino en torno a diagnósticos complejos sobre las relaciones entre Estado, mercado, policía, prisión, patriarcado y colonialidad.

Feminismo abolicionista frente al punitivismo

El eje de género de la jornada giró en torno a una paradoja fundamental: frente a violencias extremas como los feminicidios, transfemicidios, desapariciones y agresiones sexuales, el feminismo abolicionista rechaza que la cárcel sea la respuesta suficiente o deseable.

La catedrática universitaria Gina Dent subrayó que no es posible enfrentar la violencia íntima sin desmontar simultáneamente las violencias institucionales que la producen y reproducen. Esta tesis desplaza el énfasis desde el castigo individual hacia la transformación de las condiciones sociales que hacen posible la violencia.

En el contexto mexicano, esta discusión resulta especialmente provocadora. La exigencia de justicia frente al feminicidio suele formularse en clave penal: más castigo, más prisión, más policía, más tipificación.

Davis y Dent no niegan el dolor ni la urgencia de protección; por el contrario, advierten que una política feminista radical debe preguntarse por qué las instituciones encargadas de “proteger” suelen reproducir racismo, clasismo, misoginia, transfobia y abandono.

El feminismo abolicionista propone, entonces, imaginar formas de seguridad comunitaria, reparación, prevención, redistribución y cuidado que no dependan exclusivamente del aparato penal.

Durante su conferencia en la UNAM, la filósofa y activista estadounidense Angela Davis reivindicó la esperanza como una herramienta política y defendió el feminismo abolicionista como vía para transformar las estructuras de violencia.

Memoria radical contra el fascismo contemporáneo

La intervención de Davis, referente del partido Pantera Negra de EE.UU., estuvo atravesada por su propia biografía política. Su militancia en organizaciones antirracistas, comunistas y feministas, su persecución por el FBI, su encarcelamiento y la campaña internacional que exigió su liberación permiten comprender por qué la esperanza aparece en su discurso como una práctica histórica y no como una emoción privada.

Davis habla desde una vida salvada por la organización colectiva: su existencia pública es prueba de que los movimientos pueden alterar el curso de la violencia estatal.

Históricamente, su lectura vincula la segregación racial estadounidense, la esclavitud, el colonialismo y el capitalismo racial con las formas actuales de dominación.

Al señalar que en México también operan legados de esclavitud y colonialismo, Davis invitó a desplazar la mirada nacionalista que suele imaginar el racismo como un problema externo. La jornada permitió, por tanto, colocar a México dentro de una genealogía hemisférica de violencia racial, colonial y patriarcal, sin reducirla a una copia de la experiencia estadounidense.

Políticamente, la advertencia sobre el fascismo contemporáneo adquiere relevancia en un mundo marcado por autoritarismos, militarización, discursos antigénero, criminalización de la protesta y restauraciones conservadoras.

Davis no concibe el fascismo solo como régimen estatal formal, sino como una constelación de prácticas: culto al orden, odio a las diferencias, expansión policial, racismo, misoginia, nacionalismo excluyente y subordinación de la vida al capital.

Esperanza, imaginación y libertad

Filosóficamente, la charla colocó la esperanza en el centro de una ética de la emancipación. Para la emblemática activista política y feminista, esperar no significa aguardar pasivamente un futuro mejor, sino producirlo colectivamente mediante organización, imaginación política y acción sostenida.

La esperanza aparece como una virtud pública: una disposición que se cultiva en común y que permite resistir la naturalización del sufrimiento.

La abolición, en este marco, no es mera destrucción institucional. Es una filosofía práctica de la posibilidad. Abolir las prisiones, el capitalismo racial o las formas coloniales de dominación implica crear instituciones, vínculos y modos de vida distintos. Por eso el libro y la jornada insisten en el carácter constructivo del feminismo abolicionista: no basta con denunciar la violencia; es necesario imaginar y construir las condiciones materiales, afectivas y políticas de una vida vivible.

Estado penal, capitalismo racial y democracia

Desde la ciencia política, la propuesta de Davis obliga a repensar el lugar del Estado penal en las democracias contemporáneas. El punitivismo opera como respuesta rápida ante demandas legítimas de seguridad, pero con frecuencia fortalece aparatos que administran diferencialmente la violencia sobre cuerpos racializados, empobrecidos, feminizados o disidentes.

El abolicionismo cuestiona la idea de que más coerción estatal equivalga necesariamente a más justicia.

La jornada también evidenció una tensión propia de la universidad pública: el espacio académico puede ser plataforma de pensamiento crítico, pero también objeto de cuestionamiento por parte de movimientos que denuncian sus contradicciones internas. La irrupción de protestas y consignas mostró que la legitimidad institucional no se produce solo mediante eventos de alto perfil, sino mediante respuestas efectivas a violencias, exclusiones y demandas de justicia dentro y fuera del campus.

Visión internacionalista de la justicia

La presentación de Abolición, feminismo, ¡ahora! en la UNAM fue un acontecimiento intelectual y político de alta densidad. Angela Davis no ofreció una consigna consoladora, sino una exigencia: transformar la desesperanza en organización.

Su llamado a poner fin a las prisiones, abolir el capitalismo racial, enfrentar el feminicidio y solidarizarse con Palestina articula una visión internacionalista de la justicia.

En una época de ofensivas reaccionarias, la jornada recordó que la imaginación política no es un lujo académico, sino una condición de supervivencia colectiva.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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