septiembre 22, 2026 3:05 am
Ejército de las sandalias yemení arrodilló a monarquía saudí servil a los intereses de EE.UU.: victoria militar, poder marítimo y límites de la maltrecha hegemonía de Arabia Saudita

Ejército de las sandalias yemení arrodilló a monarquía saudí servil a los intereses de EE.UU.: victoria militar, poder marítimo y límites de la maltrecha hegemonía de Arabia Saudita

RESUMEN AGENCIAS /

Tras años de estancamiento, el grupo armado de los rebeldes hutíes (que controla la mayor parte de Yemen) ha ejecutado una ofensiva de gran escala que ha puesto en jaque a la coalición militar liderada por Arabia Saudita y respaldada por Estados Unidos e Israel.

Arabia Saudita, bajo la sombra de Washington y con la cooperación de las monarquías del Golfo, no ha logrado someter a un pueblo que desde 2015 lucha por su independencia y soberanía. Ni los cazas de combate, ni los tanques de última generación, ni los vehículos Hummer construidos por la industria de guerra estadounidense han podido doblegar a los combatientes yemeníes que enfrentan a un gobierno sumiso y obsecuente, primero con Saleh y ahora con los nuevos «gobernantes» que orbitan a la monarquía saudita y a Washington.

La ofensiva de Ansarolá (movimiento político yemení predominante compuesto por las etnias zaidí, chiita y suníe), comúnmente conocida bajo la denominación de  hutíes, iniciada el 3 de septiembre de 2026 produjo el mayor cambio territorial en Yemen desde la tregua de 2022: la caída de Moca, Dhubab y la isla de Mayun/Perim dio al movimiento una posición dominante sobre los accesos yemeníes a Bab al-Mandeb. Es razonable hablar de una victoria operacional y de una derrota estratégica para la arquitectura respaldada por Riad (capital de Arabia Saudita); no, todavía, de una victoria definitiva en la guerra ni de un control jurídico o físico absoluto de todo el estrecho, cuya ribera africana permanece en manos de Yibuti y Eritrea y cuya navegación depende también de fuerzas navales externas.

Las agencias de noticias Reuters, AP, con sus sesgo característico, así como Naciones Unidas y Chatham House confirman la captura de Moca y Mayun/Perim entre el 10 y el 11 de septiembre, el repliegue de fuerzas gubernamentales y la nueva capacidad hutí para presionar Bab al-Mandeb.

La ONU informó que la calma relativa posterior a 2022 terminó y advirtió sobre desplazamiento masivo y víctimas civiles.

Del territorio al poder de estrangulamiento

La ganancia decisiva no es solo territorial, sino geoeconómica. Desde Moca, Dhubab y Mayun, Ansarolá puede vigilar, amenazar o encarecer el tráfico en la puerta meridional del corredor mar Rojo–Suez. La estrechez del paso —unos 29 kilómetros en su punto mínimo— magnifica el valor de misiles antibuque, drones, minas, lanchas rápidas y artillería costera.

Controlar la costa no equivale a cerrar sin oposición la vía, pero sí permite imponer una prima de riesgo a navieras, aseguradoras, importadores y exportadores. La experiencia de 2023–2025 ya mostró el efecto: desvíos por el cabo de Buena Esperanza, viajes más largos y mayores costos de combustible y flete. La EIA registró que el flujo de petróleo por Bab al-Mandeb cayó de 8,7 millones de barriles diarios en 2023 a 4 millones durante los primeros ocho meses de 2024.

Para Arabia Saudita, el avance amenaza la salida occidental de su sistema energético, precisamente cuando Yanbu y el oleoducto Este–Oeste funcionan como alternativa a Ormuz.

Para Estados Unidos, encarece la protección simultánea de dos cuellos de botella y revela que la superioridad aérea y naval no produce automáticamente control político duradero en tierra. Para Irán y el llamado Eje de la Resistencia, aumenta la capacidad de presión regional; sin embargo, describir a Ansarolá como simple apéndice iraní oculta su base social, su trayectoria zaydí y su agenda nacional, mientras negar la asistencia iraní ignora evidencias recogidas por fuentes regionales y occidentales. La realidad se sitúa entre autonomía local y alianza estratégica.

Dimensión histórica: zaydismo, Estado y periferia

El zaydismo gobernó amplias zonas del norte yemení durante siglos hasta la revolución republicana de 1962. Ansarolá surgió, no obstante, de circunstancias modernas: marginación percibida de Saada, expansión salafista, centralización estatal, guerras libradas por el Gobierno de Alí Abdalá Saleh entre 2004 y 2010 y colapso del orden político tras 2011. Reducir el conflicto a una guerra milenaria entre suníes y chiíes borra alianzas cambiantes, rivalidades tribales, desigualdades regionales y disputas por recursos y representación.

En el zaydismo, cuya doctrina enfatiza el deber de levantarse contra la injusticia, esa narrativa puede convertir privación material y desigualdad militar en legitimidad. Pero la movilización hutí combina religión con disciplina organizativa, administración fiscal, inteligencia, coerción y tecnología; explicarla únicamente por el martirio romantiza la guerra y oculta tanto su racionalidad institucional como sus costos humanos.

Por qué venció la fuerza materialmente inferior

La imagen del “ejército de las sandalias” expresa una asimetría real. Ansarolá ya no es una guerrilla rudimentaria: dispone de mandos experimentados, movilización masiva, arsenales capturados, producción y ensamblaje local, y capacidades de misiles y drones ampliadas durante la pausa posterior a 2022. Su ofensiva explotó sorpresa, concentración de fuerzas, presión simultánea en varios ejes y conocimiento del terreno.

También aprovechó la fragmentación del campo rival, compuesto por formaciones con patronos, mandos y proyectos políticos distintos. La retirada de las Fuerzas de Resistencia Nacional de Tareq Saleh —descrita por sus mandos como táctica— abrió una ruptura que precipitó la caída de Moca.

La lección es clásica: plataformas costosas no compensan objetivos políticos confusos, inteligencia insuficiente, tropas asociadas poco cohesionadas y falta de legitimidad local. El poder aéreo saudí puede destruir posiciones, pero no ocupar, gobernar ni asegurar por sí solo una costa extensa. Aun así, la superioridad no es irreversible. Mantener Mayun y los accesos al estrecho exige logística, defensa antiaérea y protección contra una eventual contraofensiva apoyada desde el mar y el aire.

El dominio hutí es, por tanto, una ventaja de negación y coerción, no soberanía incontestable sobre la navegación internacional.

Legitimidad, soberanía, coerción y heroísmo popular

La intervención saudí de 2015, el bloqueo, los bombardeos y la crisis humanitaria alimentaron un marco nacionalista de resistencia. Ansarolá convirtió la defensa de la soberanía, el agravio periférico y la solidaridad con Palestina en un repertorio común capaz de trascender parcialmente su base zaydí. Su cohesión contrasta con la dispersión del Gobierno reconocido internacionalmente.

La metáfora de las sandalias invierte la jerarquía imperial: el combatiente pobre derrota al ejército equipado por una superpotencia. El “chiismo rojo”, formulado como religión de justicia activa, ayuda a comprender el vínculo entre fe y acción política; no debe emplearse para esencializar a todos los chiíes ni para borrar las corrientes quietistas, reformistas y no violentas del islam.

Aumento del poder negociador yemení

Entre el 10 y el 15 de septiembre, Reuters, AP y la ONU confirmaron que los hutíes tomaron Moca, Dhubab, Mayun y otras islas del mar Rojo, mientras el Gobierno yemení preparaba una contraofensiva. El ataque contra infraestructura saudí y el cierre preventivo del oleoducto Este–Oeste elevaron la vulnerabilidad energética de Riad.

La consecuencia inmediata es un aumento del poder negociador de Saná. Riad enfrenta tres opciones: apoyar una contraofensiva costosa, internacionalizar aún más la protección del estrecho o buscar un arreglo que incluya seguridad fronteriza, salarios, puertos, aeropuertos y garantías sobre la navegación.

La primera opción puede devolver a Yemen a una guerra aérea extensa; la segunda expone a Estados Unidos y sus aliados a una escalada regional; la tercera reconoce de facto que Ansarolá es un actor político-militar imposible de excluir. Para Yemen, el reto es transformar la ventaja militar en un pacto nacional, no en una hegemonía unilateral que reproduzca el ciclo de exclusión.

Derecho internacional y límites del orden multilateral

La frustración con la rendición de cuentas es comprensible: años de ataques contra civiles, bloqueo, hambre y destrucción no produjeron justicia proporcional. No obstante, conviene precisar las instituciones. La Corte Penal Internacional (CPI) emitió en 2024 órdenes de arresto contra Benjamín Netanyahu y Yoav Gallant por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad, no una condena por genocidio.

La Corte Internacional de Justicia, en un proceso distinto, dictó medidas provisionales bajo la Convención contra el Genocidio; no había emitido entonces una sentencia definitiva sobre el fondo. Además, Yemen y Arabia Saudita no son Estados parte del Estatuto de Roma, lo que limita la jurisdicción automática de la CPI salvo remisión del Consejo de Seguridad u otras bases jurídicas. Estas restricciones muestran desigualdad de poder e insuficiencia institucional, pero no convierten toda acción militar de un actor no estatal en legal o legítima.

Septiembre de 2026 marca una victoria histórica de Ansarolá en sentido operacional: rompió una línea costera respaldada por Arabia Saudita, capturó puntos que dominan la entrada meridional del mar Rojo y demostró que una coalición técnicamente superior puede ser derrotada por una fuerza más cohesionada, adaptativa y arraigada. Es también una derrota política para la estrategia saudí iniciada en 2015, que no alcanzó su objetivo de someter a Ansarolá ni de restaurar un Estado yemení estable.

La prueba decisiva será si la victoria reduce el bloqueo y conduce a un acuerdo inclusivo, o si inaugura una nueva fase de ataques, desplazamientos, autoritarismo y militarización del comercio mundial.

La resistencia del pueblo yemení frente a sus enemigos es un referente de cómo los hombres luchan por sus ideales frente a un sistema de Naciones Unidas con sus cortes internacionales, sus asambleas y sus cortes penales ineficaces y obsecuentes a sus principales impulsores económicos.

El significado emancipador de la resistencia dependerá, en última instancia, de su capacidad para proteger a la población yemení y convertir la fuerza en soberanía compartida, instituciones y paz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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