CON INFORMACIÓN DE LA CEPAL /
La CEPAL llama a traducir los compromisos regionales en acciones concretas y avanzar en políticas públicas que garanticen el derecho al cuidado, una transformación indispensable para el desarrollo productivo, inclusivo y sostenible de América Latina y el Caribe.
La división sexual del trabajo se consolida como el nudo estructural más profundo que perpetúa la desigualdad en Latinoamérica, transformando el trabajo de cuidados no remunerado en una barrera histórica para el desarrollo de la región.
La Agenda Regional de Género apunta a deconstruir los estereotipos patriarcales arraigados en el imaginario colectivo, promoviendo una cultura de corresponsabilidad social y de género donde cuidar sea una tarea compartida entre familias, comunidad, mercado y Estado.
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Desde la perspectiva de las relaciones sociales, el cuidado constituye el tejido vital que sostiene el bienestar colectivo y la cohesión social.
La crisis del cuidado no afecta de manera homogénea. Se cruza con determinantes de clase, etnia, territorio (brechas urbano-rurales) y edad, marginando especialmente a mujeres indígenas, afrodescendientes y de sectores socioeconómicos precarizados. Las soluciones exigen escuchar e integrar de manera activa las voces tanto de quienes cuidan como de quienes requieren cuidados, reconociendo la interdependencia humana como condición ineludible de la vida en sociedad.
Mientras que la Agenda Regional de Género impulsada por la CEPAL busca trazar un nuevo paradigma para desmantelar esta crisis estructural, los datos demuestran que las mujeres siguen cargando con un peso desproporcionado, dedicando hasta el triple de tiempo que los hombres a las tareas domésticas y de asistencia.
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Esta flagrante asimetría no solo frena el potencial económico del continente, sino que impacta de manera directa en el relevo generacional y en la calidad de vida durante la vejez, obligando a los Estados a transitar de urgencia desde la asistencia social hacia un enfoque de derechos exigibles.
El panorama de la desigualdad en cifras
El modelo de desarrollo actual subestima el valor real de la economía del cuidado. Si este trabajo no remunerado se monetizara, representaría entre el 19 % y el 27 % del PIB regional, superando a la mayoría de los sectores industriales tradicionales.
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A pesar de que las mujeres registran hoy mayores niveles de escolaridad que en décadas pasadas, su participación en el mercado laboral formal sigue rezagada. Ello se traduce en trayectorias interrumpidas por la maternidad o el cuidado de dependientes, obligándolas a concentrarse en sectores informales, precarios y de menor remuneración.
El ciclo de la exclusión: de la juventud a la vejez
La crisis del cuidado golpea con fuerza en los extremos de la vida, perpetuando un círculo vicioso intergeneracional:
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Juventud truncada: el 69 % de las jóvenes de entre 15 y 24 años que no estudian ni trabajan formalmente están atrapadas en la provisión de cuidados domésticos no remunerados. En los varones, esta cifra es apenas del 15 %.
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Feminización de la vulnerabilidad tardía: debido a una mayor esperanza de vida, las mujeres son mayoría en la población de edad avanzada. Sin embargo, llegan a esta etapa con menores ingresos y baja cobertura previsional debido a su historial de informalidad laboral.
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La paradoja del cuidado eterno: lejos de descansar, muchas mujeres ancianas se ven forzadas a seguir ejerciendo labores de cuidado hacia otras personas mayores, cerrando su ciclo vital en un entorno de desprotección económica.
Institucionalidad y el nuevo paradigma legal
Frente a este escenario, la Agenda Regional de Género —respaldada por hitos recientes como el Compromiso de Tlatelolco— propone redefinir el cuidado: dejar de verlo como una carga privada o un acto de caridad familiar para elevarlo al rango de derecho humano exigible ante tribunales internacionales a través del sistema interamericano.
Hasta el momento, nueve países de la región ya cuentan con leyes específicas en la materia. El objetivo es construir sistemas universales e integrales de protección social mediante una articulación multinivel que sume a gobiernos locales, sector privado, sindicatos y alianzas internacionales avanzadas, como el Pacto Birregional entre América Latina y el Caribe y la Unión Europea (UE).
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Urgencia demográfica y el motor del futuro
La ventana de oportunidad para reformular este modelo se está cerrando. El rápido envejecimiento de la población proyecta que una de cada cuatro personas tendrá 60 años o más para el año 2050, enfrentando además el fenómeno del «envejecimiento del envejecimiento» (un aumento drástico de la población mayor de 80 años con severos requerimientos de apoyo).
La CEPAL insiste en que financiar la infraestructura del cuidado —centros infantiles, residencias para mayores y redes comunitarias— no debe considerarse un gasto corriente, sino una inversión estratégica.
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Lejos de contraer la economía, consolidar la «Sociedad del Cuidado» funcionará como un sector dinamizador capaz de generar empleo formal masivo, fomentar la innovación y garantizar la sostenibilidad macroeconómica frente a choques externos y climáticos.
El desafío actual ya no es técnico ni estadístico; es una cuestión de voluntad política y de financiamiento público transformador.



