octubre 13, 2026 6:27 pm
Michel Foucault a cien años de su nacimiento: poder, saber y crítica del presente

Michel Foucault a cien años de su nacimiento: poder, saber y crítica del presente

POR ALONSO YUPANQUI DE LA CHIRA /

Balance de un legado intelectual entre la filosofía, la historia y las ciencias sociales.

El primer centenario del nacimiento del filósofo francés Michel Foucault (1926-1984) ofrece una ocasión privilegiada para valorar una obra que transformó la manera de interrogar la historia, las instituciones y la constitución de los sujetos. Su importancia no reside en haber construido un sistema filosófico cerrado, sino en haber creado instrumentos de análisis —arqueología, genealogía, dispositivo, disciplina, biopoder, gubernamentalidad y prácticas de sí— capaces de mostrar que aquello que una sociedad presenta como natural, evidente o universal posee una historia.

La tesis que recorre su legado puede formularse así: el conocimiento nunca se produce al margen de relaciones de poder, y el poder no actúa únicamente mediante la prohibición o la violencia, sino también al clasificar, examinar, normalizar y producir formas de verdad y de subjetividad.

Desde esta perspectiva, la locura, la enfermedad, la delincuencia y la sexualidad no son simples realidades descubiertas por saberes neutrales; son también campos históricos organizados por discursos, instituciones, técnicas y prácticas. Esta mirada modificó profundamente la filosofía y dejó una huella decisiva en la historia, la sociología, la psicología y otras ciencias humanas.

Trayectoria intelectual y desplazamientos de una obra

Paul-Michel Foucault nació el 15 de octubre de 1926 en Poitiers, Francia. Luego de trasladarse a París, ingresó en la École Normale Supérieure y se formó en un ambiente marcado por la fenomenología, el marxismo, la historia de la ciencia, el psicoanálisis y el estructuralismo. Entre sus interlocutores y maestros se cuentan Maurice Merleau-Ponty y Louis Althusser; también fueron relevantes las discusiones abiertas por Ferdinand de Saussure, Jacques Lacan, Georges Canguilhem y Gaston Bachelard. Sin embargo, reducir a Foucault a una sola escuela desfigura una trayectoria caracterizada por desplazamientos constantes.

Durante los años sesenta, su trabajo compartió con el estructuralismo la crítica del sujeto soberano y la atención a los sistemas de relaciones que hacen posible el sentido. No obstante, Foucault se distanció de esa etiqueta. En ‘Las palabras y las cosas’ (1966) no buscó simplemente descubrir una estructura intemporal del lenguaje, sino describir las condiciones históricas —las epistemes— que delimitan lo pensable y lo decible en una época.

Más tarde, la arqueología de los discursos cedió protagonismo a la genealogía de las prácticas: la pregunta dejó de ser solo cómo se ordenan los enunciados y pasó a incluir cómo esos saberes se articulan con instituciones, técnicas de poder y procesos de subjetivación.

Este itinerario no supone etapas incomunicadas. La preocupación por la verdad atraviesa toda su obra: primero, como condición histórica de los discursos; después, como efecto y componente de relaciones de poder; finalmente, como vínculo ético mediante el cual los individuos se constituyen a sí mismos. Sus cursos en el Collège de France ampliaron esta investigación hacia la biopolítica, la gubernamentalidad, el liberalismo y el neoliberalismo.

Aportes a la historia y a las ciencias humanas

 

Historia: del relato continuo a la genealogía de las prácticas

Foucault amplió el campo de lo históricamente investigable. En lugar de narrar una marcha lineal de la razón o del progreso, estudió discontinuidades, exclusiones y transformaciones en los regímenes de verdad. Su arqueología analiza las reglas que permiten que ciertos objetos —la locura, la enfermedad, el “hombre” de las ciencias humanas— aparezcan como objetos de conocimiento.

La genealogía, inspirada en Nietzsche, reconstruye la emergencia contingente de prácticas y categorías sin atribuirles un origen puro ni un destino necesario.

Este enfoque renovó la historia intelectual, la historia de la medicina, la historia del cuerpo y la historia de las instituciones. Su lección metodológica consiste en desconfiar de las categorías retrospectivas: no debe suponerse que “locura”, “delincuencia” o “sexualidad” significaron siempre lo mismo. Antes de aplicar una noción al pasado, es preciso estudiar cómo se formó, qué prácticas la sostuvieron y qué efectos produjo.

Sociología: instituciones, disciplina y normalización

Aunque no fue sociólogo en sentido disciplinar, Foucault proporcionó una microsociología del poder. Mostró que el orden social se reproduce en procedimientos aparentemente modestos: horarios, expedientes, exámenes, distribuciones espaciales, estadísticas, jerarquías y sistemas de evaluación.

El poder, así entendido, no es una propiedad concentrada exclusivamente en el Estado; circula en relaciones y redes, se apoya en saberes especializados y encuentra resistencias.

Esta concepción enriqueció el análisis de escuelas, hospitales, cuarteles, fábricas, oficinas y prisiones. También permitió comprender la normalización: el proceso por el cual las personas son comparadas con una medida, clasificadas y orientadas a corregirse.

La norma no describe simplemente una población; interviene en ella y produce identidades, capacidades y desviaciones.

Psicología y psiquiatría: historicidad de la normalidad

‘Historia de la locura’ (1961) cuestionó los relatos triunfalistas según los cuales la psiquiatría moderna habría sustituido sin más la superstición por una comprensión científica y humanitaria. Foucault reconstruyó prácticas de encierro, separación y silenciamiento que contribuyeron a constituir la locura como alteridad de la razón.

Su argumento no equivale a negar el sufrimiento psíquico ni la utilidad de toda intervención clínica; obliga, más bien, a examinar la autoridad institucional que define lo normal, interpreta la palabra del paciente y decide tratamientos.

Para la psicología, su legado es doble. Por un lado, historiciza categorías diagnósticas y técnicas de evaluación. Por otro, revela que los saberes psicológicos no solo describen sujetos, sino que ofrecen lenguajes mediante los cuales las personas se reconocen, se juzgan y se transforman. Esta crítica conserva fuerza siempre que no se convierta en una descalificación indiscriminada de la evidencia clínica.

Filosofía: crítica de la verdad y del sujeto

Foucault desplazó la filosofía desde la búsqueda de fundamentos universales hacia una “historia crítica del pensamiento”. Su pregunta no es únicamente qué es verdadero, sino bajo qué condiciones algo puede presentarse como verdad, quién está autorizado para decirlo y qué efectos tiene.

La fórmula poder-saber no afirma que toda verdad sea una mentira del poder; indica que la producción, validación y circulación de conocimientos están institucionalmente organizadas y, a la vez, hacen posibles nuevas formas de intervención.

También transformó la concepción del sujeto. Lejos de considerarlo un origen autónomo y transparente, investigó cómo se constituye mediante saberes científicos, prácticas divisorias y técnicas de sí.

En sus últimos trabajos, esta perspectiva abrió una dimensión ética: si somos formados históricamente, también podemos someter a crítica las formas de gobierno que nos atraviesan y ensayar otras maneras de vivir.

La crítica de las instituciones modernas

Medicina y mirada clínica

En ‘El nacimiento de la clínica’, Foucault analizó la reorganización moderna del saber médico: el hospital, la observación sistemática y la correlación entre síntomas, lesiones y cuerpos hicieron posible una nueva “mirada clínica”.

El avance del conocimiento médico aparece unido a una transformación institucional de lo visible y lo decible. La medicina no es presentada únicamente como represión, sino como un saber eficaz cuya capacidad de curar se entrelaza con poderes de clasificación, registro y administración.

Ciencias humanas y figura del “hombre”

En su obra ‘Las palabras y las cosas’ examinó la emergencia relativamente reciente del ser humano como objeto y sujeto de conocimiento.

La célebre tesis de la posible “desaparición del hombre” no anuncia la extinción de la especie, sino el agotamiento de una configuración histórica en la que las ciencias humanas pretenden fundarse en una esencia universal.

Foucault critica su pretensión de transparencia y muestra que sus conceptos dependen de condiciones históricas de posibilidad.

Prisión, disciplina y examen

En ‘Vigilar y castigar’ (1975), la sustitución del suplicio público por la prisión no aparece como una simple humanización del castigo. El blanco del poder cambia: del cuerpo que debe ser marcado por el soberano al individuo que debe ser observado, adiestrado y corregido. El panóptico de Jeremy Bentham condensa esta lógica: la posibilidad permanente de ser visto induce al sujeto a regular su propia conducta.

La prisión forma parte de un continuo disciplinario que incluye escuelas, fábricas, cuarteles y hospitales. No porque todas estas instituciones sean idénticas, sino porque comparten técnicas como la vigilancia jerárquica, la sanción normalizadora y el examen.

El expediente individual combina saber y control: hace de cada persona un “caso” comparable y administrable.

Sexualidad: producción discursiva y subjetividad

El primer volumen de ‘Historia de la sexualidad’, publicado en 1976 y llegado en 2026 a su cincuentenario, discutió la “hipótesis represiva”. Según Foucault, la modernidad no se limitó a callar el sexo; multiplicó los discursos sobre él en la medicina, la pedagogía, la psiquiatría, el derecho y la demografía.

La confesión, el diagnóstico y la clasificación convirtieron la sexualidad en una clave privilegiada de la identidad.

Su aporte no consiste en negar prohibiciones reales, sino en mostrar que poder y placer, silencio y discurso, represión y producción pueden operar juntos. Los volúmenes posteriores desplazaron la investigación hacia las prácticas antiguas mediante las cuales los individuos elaboraban una relación ética consigo mismos.

Así, la historia de la sexualidad terminó siendo también una historia de la subjetividad.

Poder, conocimiento, discurso y gobierno de la vida

La originalidad de Foucault radica en pensar conjuntamente poder, saber y discurso sin reducir uno a otro. Los discursos establecen reglas de enunciación, definen objetos y distribuyen posiciones desde las cuales se puede hablar.

Los saberes aportan instrumentos para conocer e intervenir. Las relaciones de poder orientan conductas, pero dependen de libertades, apoyos y resistencias. Por eso el poder es productivo: crea campos de visibilidad, identidades, deseos y capacidades, además de imponer límites.

Biopoder y biopolítica

Desde el siglo XVIII, según Foucault, las técnicas disciplinarias centradas en los cuerpos individuales se articularon con mecanismos regulatorios dirigidos a poblaciones. Natalidad, mortalidad, salud, higiene, longevidad y riesgo se convirtieron en objetos de cálculo político.

El concepto de biopoder designa esta entrada de la vida en las estrategias de poder; la biopolítica permite analizar la regulación de procesos colectivos.

Su vigencia se advierte en las políticas sanitarias, la gestión migratoria, la seguridad, la vigilancia digital y la cuantificación de hábitos.

El enfoque foucaultiano no obliga a considerar toda intervención pública como ilegítima. Su pregunta crítica es más precisa: ¿qué saberes justifican una medida?, ¿cómo distribuye riesgos y beneficios, a quién hace visible, qué conductas promueve y qué posibilidades de impugnación conserva?

Gubernamentalidad y neoliberalismo

En sus cursos de 1978-1979, Foucault estudió el liberalismo como una racionalidad de gobierno y examinó el ordoliberalismo alemán y el neoliberalismo estadounidense.

La gubernamentalidad designa el conjunto de instituciones, cálculos y técnicas orientados a “conducir conductas”. Gobernar no significa solamente mandar desde arriba; implica configurar el campo en el que individuos y poblaciones actúan.

El neoliberalismo aparece como una reprogramación del liberalismo: el mercado deja de ser solo una esfera que el Estado debe respetar y se convierte en un principio normativo empleado para evaluar ámbitos diversos. La figura del individuo como “empresario de sí” expresa una subjetividad que administra capacidades, riesgos y decisiones como capital. En el presente, esta lógica ilumina la cultura del rendimiento, la precarización, la autoevaluación permanente y las plataformas que traducen la experiencia en métricas.

Resistencia y prácticas de libertad

La ubicuidad del poder no conduce necesariamente al fatalismo. Si el poder es relacional, donde hay poder hay posibilidades de resistencia. La crítica consiste en interrogar cómo somos gobernados y cómo participamos en nuestra propia sujeción.

En la obra tardía, las prácticas de libertad no significan escapar de toda relación de poder, sino transformar reflexivamente la relación consigo mismo y con los demás. Este componente ético impide leer a Foucault como un simple teórico del control total.

Debates, límites y fecundidad crítica

La recepción de Foucault ha sido intensa y polémica. Se le ha reprochado subestimar la agencia, ofrecer criterios normativos insuficientes para distinguir entre formas legítimas e ilegítimas de poder, generalizar a partir de archivos selectivos o describir instituciones con una coherencia mayor de la que poseen.

Historiadores de la psiquiatría y de la prisión han discutido aspectos empíricos de sus reconstrucciones; filósofos y teóricos sociales han cuestionado si su crítica puede justificar las resistencias que valora.

Estas objeciones no cancelan su legado; ayudan a emplearlo con rigor. Sus conceptos funcionan mejor como herramientas diagnósticas que como explicaciones totales. Conviene combinarlos con investigaciones empíricas, análisis económicos, perspectivas jurídicas y teorías normativas.

También es necesario distinguir entre señalar los efectos de poder de un saber y negar su validez, o entre analizar la vigilancia y suponer que toda observación es equivalente.

La productividad de Foucault reside precisamente en haber vuelto discutibles prácticas que parecían neutras. Preguntar quién clasifica, con qué criterios, a partir de qué archivo, mediante qué dispositivo y con qué efectos sigue siendo indispensable frente a bases de datos biométricos, algoritmos de evaluación, sistemas de productividad, protocolos clínicos y políticas de seguridad.

Su obra no entrega respuestas automáticas, pero enseña a formular preguntas capaces de revelar la contingencia del presente.

Un centenario para pensar el presente

A cien años de su nacimiento y cincuenta de ‘La voluntad de saber’, Michel Foucault continúa siendo una referencia central porque cambió la escala y el objeto de la crítica. Allí donde el análisis político buscaba ante todo una autoridad central, él mostró procedimientos cotidianos; donde la historia veía progreso continuo, señaló rupturas; donde las ciencias humanas creían describir sujetos preexistentes, reveló procesos de constitución; donde la libertad parecía opuesta al gobierno, examinó cómo puede ser organizada y administrada.

Su aporte a la historia fue hacer visible la historicidad de nuestras evidencias; a la sociología, ofrecer una analítica relacional de instituciones y normas; a la psicología y la psiquiatría, someter a examen la producción de normalidad; y a la filosofía, transformar la crítica en una investigación sobre los regímenes de verdad y las formas de subjetivación.

Biopolítica y gubernamentalidad prolongan estas intuiciones al terreno de la población, la seguridad y el mercado.

Conmemorar a Foucault el 15 de octubre de 2026 no significa convertirlo en autoridad incuestionable. Significa practicar sobre su propia obra la actitud que él promovió: leer históricamente, contrastar, discutir y emplear los conceptos sin dogmatismo.

Su legado más duradero es una invitación a interrogar cómo hemos llegado a ser quienes somos y qué transformaciones pueden abrir otras formas de pensar, actuar y vivir.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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