febrero 11, 2026 10:15 pm
Cuando el mundo reconoce lo que la oposición de ultraderecha niega en Colombia

Cuando el mundo reconoce lo que la oposición de ultraderecha niega en Colombia

POR OMAR ROMERO DÍAZ /

Durante años, la oposición y los profetas del desastre repitieron una mentira hasta el cansancio: que el Gobierno del Cambio llevaría a Colombia al abismo económico. Mintieron con arrogancia, apostaron al miedo y subestimaron al pueblo. Hoy, esa narrativa se derrumba frente a un hecho contundente e incómodo para los enemigos del Cambio: Colombia es una de las economías con mejor desempeño del mundo en 2025, según la ultra neoliberal revista británica The Economist.

No lo dice un panfleto progresista ni un discurso de plaza pública. Lo dice una de las revistas económicas del conservadurismo económico más influyentes del planeta, de propiedad de las potentadas familias Rothschild y Agnelli, la misma que durante décadas ha defendido el modelo neoliberal que empobreció a millones. Colombia ocupa el cuarto lugar entre 36 países, por encima de potencias tradicionales. ¿Dónde quedaron los augurios del colapso? En el basurero de la historia.

 

El crecimiento del 3,4 % del PIB, la inflación subyacente controlada y el buen desempeño del mercado accionario demuestran una verdad incómoda: sí se puede gobernar para la gente sin destruir la economía. El desempleo cayó a su nivel más bajo del siglo y la pobreza retrocedió a mínimos históricos. Estos no son números fríos: son hogares que comen mejor, jóvenes que consiguen trabajo y regiones que vuelven a producir.

Pero lo que más incomoda a las oligarquías no es el crecimiento, sino el cambio del modelo. Por primera vez, Colombia deja de depender exclusivamente del petróleo y el carbón. La inversión extranjera no fósil creció 9 % y las exportaciones no hidrocarburíferas aumentaron más del 21 % en solo seis meses. Agricultura, industria, turismo y tecnología empezaron a ocupar el lugar que el extractivismo les negó durante décadas. Se rompió el círculo vicioso de exportar riqueza e importar pobreza.

El Estado volvió a cumplir su función histórica: impulsar la economía real. Obras civiles, infraestructura férrea, inversión en salud y educación, y mejores salarios para soldados y policías dinamizaron el mercado interno. Mientras los gobiernos del pasado gobernaban para los balances financieros de las oligarquías, este Gobierno gobierna para que la plata circule en los bolsillos del pueblo.

Claro que existen tensiones. La más grave es la alta tasa de interés real, impuesta por un modelo financiero de la oligarquía que sigue privilegiando la especulación sobre la producción. Aun así, la economía creció. Esto demuestra que el verdadero freno no es el Cambio, sino quienes se resisten a perder sus privilegios.

Aquí está la contradicción central: el país avanza mientras una minoría poderosa intenta sabotearlo. Los mismos que privatizaron todo, precarizaron el trabajo y concentraron la riqueza hoy claman por “estabilidad”, cuando en realidad quieren regresar al pasado que los benefició.

Marzo de 2026 no será una elección más. Será una decisión histórica: profundizar el Cambio o retroceder al malhadado modelo neoliberal que fracasó. El mundo ya entendió que Colombia va por el camino correcto. Ahora le corresponde al pueblo defender lo conquistado.

Seguir con el Cambio no es ideología: es sentido común. No es promesa: son resultados. No es miedo al futuro: es la certeza de que Colombia, por fin, empezó a caminar con dignidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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