septiembre 28, 2026 1:45 am
El elocuente silencio de Colombia sobre Gaza en la ONU

El elocuente silencio de Colombia sobre Gaza en la ONU

POR OMAR ROMERO DÍAZ /

Hay momentos en la historia en los que un gobierno no puede esconderse detrás de las palabras diplomáticas. Gaza es uno de ellos.

Mientras el mundo observaba la intervención del impresentable Benjamin Netanyahu ante la Asamblea General de Naciones Unidas y decenas de delegaciones abandonaban el recinto durante su discurso, Colombia optó por otra ruta: el presidente Abelardo De la Espriella no asistió personalmente y su intervención fue leída por el insulso vicepresidente José Manuel Restrepo.

Pero el problema no es solamente quién habló por Colombia. El problema es qué decidió decir Colombia cuando Gaza exigía una voz clara.

Manifestación de solidaridad con la causa palestina en Bogotá.

El discurso oficial habló de soberanía, seguridad, cooperación internacional, narcotráfico, inversión, tecnología y de una reforma del sistema multilateral. También habló de derechos humanos sin distinciones políticas.

Pero frente a la tragedia palestina faltó lo fundamental: una denuncia política contundente de las acciones que han causado una devastación humanitaria de dimensiones enormes y una defensa inequívoca de la población civil palestina.Y eso no es un asunto menor.

Unicef reportó que al 30 de junio de 2026 habían sido asesinados al menos 21.700 niños en Gaza y que otros 45.000 habían resultado heridos.  La Comisión Internacional Independiente de Investigación de Naciones Unidas señaló en junio de 2026 que Israel había cometido genocidio en Gaza y documentó graves violaciones contra la población infantil.

Ante semejante realidad, Colombia no podía limitarse a hablar de derechos humanos en términos generales.

¿Dónde quedó Gaza? ¿Dónde quedó la denuncia de las víctimas civiles? ¿Dónde quedó la exigencia de respeto al derecho internacional? ¿Dónde quedó la voz de Colombia por los miles de niños palestinos muertos?

Porque cuando se habla de derechos humanos, no puede haber derechos humanos de primera categoría y derechos humanos de segunda.

La vida de un niño palestino vale exactamente lo mismo que la vida de cualquier otro niño del planeta.

Colombia conoce demasiado bien el dolor de las víctimas, los desplazamientos, las desapariciones y la violencia contra la población civil. Por eso resulta particularmente grave que, frente a Gaza, nuestra política exterior parezca inclinarse hacia el silencio cómplice

Más aún cuando diversos análisis han señalado un giro de la política exterior de De la Espriella hacia una mayor cercanía con Donald Trump y Benjamin Netanyahu.

Aquí está la pregunta que el Gobierno debe responderle al pueblo colombiano: ¿la política exterior de Colombia se guía por principios de derechos humanos y derecho internacional o por sus nuevas alianzas geopolíticas?

Tener relaciones diplomáticas con Israel es una cosa. Mantener relaciones con Estados Unidos es otra. Pero guardar silencio frente a crímenes internacionales es algo completamente diferente.

Las investigaciones y decisiones de los organismos internacionales deben ser respetadas, independientemente de quién sea el acusado. Y las denuncias sobre posibles crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio deben ser examinadas con seriedad, sin que ninguna potencia pueda colocarse por encima del derecho internacional.

Colombia no puede exigir respeto por su soberanía cuando le conviene y, al mismo tiempo, mirar hacia otro lado cuando otros pueblos reclaman el respeto de la suya.

No se puede hablar de un orden internacional basado en reglas mientras se guarda silencio ante la destrucción de un pueblo.

Por eso el pueblo colombiano tiene derecho a preguntar: ¿qué cambió en la política exterior colombiana? Porque el silencio también comunica. La ausencia también comunica.

Y las palabras que se escogen, pero también las que deliberadamente se omiten tienen consecuencias políticas.

Palestina no necesita discursos diplomáticos vacíos. Necesita que la comunidad internacional exija el respeto de la vida civil, el ingreso de ayuda humanitaria, el cumplimiento del derecho internacional y responsabilidades frente a los crímenes que sean debidamente establecidos por las instituciones competentes.

Colombia debe hablar con voz propia. No puede convertirse en eco de Washington. No puede convertirse en eco de Netanyahu. No puede convertir su política exterior en una política de alineamientos automáticos.

Colombia debe defender principios, no gobiernos. Porque los niños palestinos no son una ficha geopolítica. Son seres humanos. Y ante la muerte de miles de niños, el silencio de un gobierno no puede presentarse simplemente como neutralidad.

Cuando están en juego la vida humana y el derecho internacional, Colombia tiene el deber histórico de levantar la voz. Gaza no puede ser borrada del discurso colombiano.

Palestina no puede desaparecer de la política exterior colombiana. Y la dignidad de Colombia no puede quedar subordinada a los intereses de ninguna potencia.

Ante Gaza, Colombia debe escoger la defensa de la vida, la justicia y el derecho internacional. Porque la historia no solamente registra lo que los gobiernos dijeron.

También registra aquello que decidieron callar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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