septiembre 5, 2026 12:16 am
Gorgona ha sido alienada

Gorgona ha sido alienada

POR ARMANDO PALAU ALDANA /

Los Parques Naturales Nacionales, tienen como finalidad conservar los valores sobresalientes de fauna, flora y paisajes, con un régimen especial de manejo de planeación integral y con principios ecológicos para evitar su deterioro, perpetuando en estado natural comunidades bióticas, características fisiográficas, unidades biogeográficas, recursos genéticos y especies silvestres en vía de extinción.

Son puntos de referencia para investigaciones científicas y educación ambiental, asegurando la estabilidad ecológica y para mantener la biodiversidad protegiéndola de fenómenos naturales, culturales, históricos e internacionales, con el propósito de contribuir a la preservación del patrimonio común de la humanidad. Por todo esto, los Parques Nacionales Naturales son incompatibles con actividades militares.

Con ocasión de la visita de seguimiento de funcionarios de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) al Parque Natural Gorgona, para determinar la procedencia de una audiencia pública ambiental respecto de la construcción de la Estación Guardacostas, se argumentó por parte del Ministerio de Defensa en Guapi (con el beneplácito anticipado de la ANLA), que no podemos visitar ciertos senderos de la biodiversa isla, puesto que tienen restricción al público por razones de seguridad nacional, no obstante que se dijo también, en un lenguaje disuasivo, que la obra tiene como objetivo principal cuidar y salvar a los navegantes circunvecinos, sin hacer énfasis que su objetivo principal son misiones militares de defensa de la soberanía nacional y seguridad marítima mediante la represión de la delincuencia en el mar.

Esta narrativa no es solo del nuevo Gobierno (también se utilizó en el anterior), lo que nos lleva a abordar nuevamente la discusión sobre la riesgosa alienación militar de los frágiles y vitales nichos de biodiversidad, so pretexto de operaciones militares para salvar vidas, un indiscutible contrasentido y una evidente falacia.

Las labores para garantizar la seguridad nacional, corresponde a un criterio militar que contradice la vocación ambiental de un Parque Natural (así lo determinó el Código de los Recursos Naturales, 1974), poniéndose de presente un discurso maniqueísta, que lejos de su vocación guerrerista, pretende hacernos creer la priorización del disfraz de la ayuda humanitaria de la Estación de la Armada Nacional.

Así las cosas, las funciones legales militares de defensa de la soberanía nacional y seguridad marítima, confirman que estamos ante la construcción de una Estación Militar Guardacostas que se pretende aclamar falazmente como Centro Salvavidas dentro de un frágil nicho de megabiodiversidad, desatendiendo las dinámicas de la realidad de la contundencia de la madre natura que nos advierte la fragilidad de la vida con sus terremotos y avalanchas, sin que logren sensibilizar a mujeres y hombres al servicio pasajero de la función pública en las entrañas del establishment profundo.

Los parques nacionales naturales, desde tiempos iniciales de la república, en cualquiera de las visiones gubernamentales por las que ha trajinado nuestra matria en estos dos siglos de institucionalidad, constitucional y legalmente son bienes de uso público de carácter inalienable, uno de sus mayores atributos estatales. Así las cosas, a partir del licenciamiento para construir la Estación Militar Guardacostas con su muelle para el arribo de lanchas artilladas y la pretendida instalación del contaminante radar, quien administra el Parque Natural Gorgona no es la Unidad de Parques Nacionales sino la Armada Nacional que lo ocupa con propósitos de seguridad nacional. Nadie puede tapar el solo con un dedo, dice el refrán popular. Es un Parque Natural y ahora es una Estación Militar Guardacostas.

La noción latina de lo inalienable, nos indica que un bien desde la perspectiva jurídica no puede transferirse ni cederse su propiedad a otro, máxime en el caso de los Parques Nacionales catalogados desde todas las perspectivas como bienes de uso público, pues son constitucionalmente riquezas naturales de la Nación. Estas garantías jurídicas que permanecen en el imaginario normativo seguirán siendo reclamados contra viento y mareo por pocos y pocas, que luchamos incansablemente y sin declinar por la defensa de la vida haciendo camino al andar, pregonando por estas entelequias holísticas virtuales, que como los cantos de las ballenas jorobadas se escuchan remotamente bajo la superficie de la mar y alrededor de la Gorgona, el ombligo vital del Pacífico.

Por supuesto que estas disertaciones son constancias que más temprano que tarde afloraran como antesala a la tragedia de nuestra casa común, que esta tierra nos depara y nos presta para proyectar el bello y sublime don de la vida y de nuestra existencia. Dice el bello tango de Canaro y Pelay «Todo es mentira», cuando pensamos en funcionarios/as ambientales de turno y en una caterva de congresistas cómplices:

No creo en nada ni en nadie creo;

y en mi sendero desolador,

el desengaño tan solo brilla,

el desengaño y el desamor.

¡Noche en el alma. Caras siniestras!

Horas amargas solo encontré.

¡Mentira, todo es mentira!

Falso del mundo, ¡cuando soñé!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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