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Aunque el nuevo Gobierno de ultraderecha que liderará a partir del próximo 7 de agosto el cuestionado abogado Abelardo de la Espriella tenía la clara intención de controlar el Legislativo, las diferencias políticas y los intereses partidistas tanto del uribismo como del abelardismo terminaron convirtiendo al Pacto Histórico en un actor clave y decisivo para la elección del nuevo Presidente del Senado. Una derrota en toda línea no solo para el nuevo Gobierno sino principalmente para el ministro del Interior designado, Rodrigo Lara Restrepo.
La instalación del nuevo Congreso de la República no solo marcó el inicio del periodo legislativo 2026-2030. También dejó en evidencia el resquebrajamiento de la ultraderecha que hoy está dividida en dos bloques: el uribismo y el abelardismo.
Aunque varios sectores daban por sentado que la coalición afín al presidente electo Abelardo de la Espriella impondría sin dificultades al nuevo Presidente del Senado, las diferencias internas entre los partidos de derecha modificaron el panorama. El uribista Centro Democrático respaldó la candidatura de su congresista Honorio Henríquez, y otros sectores impulsaron el nombre de Alfredo Deluque del Partido de la U.

Ese escenario de disputa terminó convirtiendo al Pacto Histórico en un actor clave dentro de la negociación. Con una de las bancadas más numerosas del Senado, la colectividad terminó de influir de manera decisiva tal elección.
Los senadores del Pacto Histórico se inclinaron por favorecer al uribista Honorio Henríqueza. De esta forma, se resquebraja la coalición del entrante Gobierno y se endurece la competencia política por el liderazgo que ambos sectores de la ultraderecha se disputan por el control de las mesas directivas en ambas cámaras del Congreso de la República.
De hecho, este episodio legislativo se constituye en la primera derrota del próximo Gobierno y un duro revés para el titular de la cartera del Interior, Rodrigo Lara Restrepo, quien no logró armar las mayorías al interior del Senado.

La situación resulta significativa porque, tras la salida de Gustavo Petro de la Presidencia el próximo 7 de agosto, algunos analistas preveían una pérdida de influencia del Pacto Histórico en el Congreso. Sin embargo, las negociaciones para conformar las mesas directivas muestran que la bancada progresista sigue teniendo un peso político importante y que sus votos son determinantes cuando no existen mayorías consolidadas.
La elección de la Presidencia del Senado fue una de las primeras pruebas de fuerza del nuevo Congreso y permitió medir la capacidad de los distintos bloques para construir acuerdos. También mostró cuál será el margen de maniobra que tendrá la oposición durante el próximo cuatrienio y qué tan sólida será la gobernabilidad del nuevo Ejecutivo.



