julio 1, 2026 1:50 am
La arquitectura fiscal y financiera estadounidense: herramienta neoliberal para el privilegio patrimonial, el desmantelamiento estatal y la consolidación del capitalismo dinástico

La arquitectura fiscal y financiera estadounidense: herramienta neoliberal para el privilegio patrimonial, el desmantelamiento estatal y la consolidación del capitalismo dinástico

TRAFICANTES DE SUEÑOS /

La derecha estadounidense (desde Richard Nixon hasta Donald Trump) no ha buscado simplemente «reducir» el Estado, sino implementar una contrarrevolución constitucional. Su objetivo ha sido neutralizar la capacidad estatal para el gasto social redistributivo, utilizando la política fiscal y monetaria como herramientas disciplinarias apuntando a desmantelar el Estado de Bienestar para favorecer al gran capital.

El libro ‘Contrarrevolución. Economía política de la nueva derecha de Nixon a Trump’ (Traficantes de Sueños, colección Prácticas Constituyentes, Madrid, 2024), cuya autora es la socióloga australiana Melinda Cooper, constituye una intervención mayor en el debate contemporáneo sobre neoliberalismo, finanzas públicas y nueva derecha. Su argumento central es que la reestructuración fiscal y monetaria impulsada desde la segunda mitad del siglo XX no puede entenderse simplemente como una política de “menos Estado”, sino como una reorganización selectiva del poder estatal: austeridad para los usos redistributivos del presupuesto público y expansión extraordinaria de los apoyos fiscales, tributarios y monetarios destinados a proteger la riqueza patrimonial y financiera.

Cooper reconstruye una genealogía de largo alcance de la “contrarrevolución constitucional” estadounidense. Esta ofensiva, iniciada por demócratas sureños en las décadas de 1950 y 1960 como reacción frente a la expansión del Estado Social y los derechos civiles, fue posteriormente teorizada por corrientes de la economía política conservadora —en especial la teoría de la elección pública de la Escuela de Virginia y la economía de la oferta— y aplicada por administraciones republicanas desde Nixon y Reagan hasta Bush y Trump.

El magnate presidente Donald Trump en la emblemática sede de Wall Street, la Bolsa de Valores de Nueva York, el mayor centro de la especulación financiera a nivel global.

Austeridad y exceso como doble lógica del neoliberalismo

La tesis más potente del libro es que el neoliberalismo no opera únicamente mediante austeridad, disciplina presupuestaria y reducción del gasto social. Su funcionamiento real combina austeridad y exceso. Por un lado, impone límites estrictos al gasto público redistributivo, al crecimiento salarial, a los derechos sociales y a las demandas democráticas de igualdad material.

Por otro lado, despliega una política de abundancia para las clases propietarias: rebajas tributarias, subsidios indirectos al capital, estímulos a las ganancias de capital, rescates financieros, expansión del crédito y políticas monetarias que elevan el precio de los activos.

Esta lectura permite superar la interpretación convencional del neoliberalismo como simple retirada del Estado. Para Cooper, el Estado no desaparece: cambia de destinatario. La disciplina fiscal se aplica selectivamente sobre salarios, derechos sociales y bienes públicos, mientras la expansión fiscal y monetaria se orienta hacia la propiedad financiera, la herencia, el capital inmobiliario y la riqueza dinástica. La austeridad, por tanto, no es una moral universal del ahorro, sino una tecnología de gobierno de clase.

El emblemático toro de Wall Street, símbolo de la codicia y rapacidad del capitalismo.

Del Sur segregacionista al trumpismo

Desde el punto de vista histórico, la obra sitúa el origen de la contrarrevolución fiscal en la reacción contra el New Deal, la integración racial, la expansión de derechos civiles y la posibilidad de que el gasto federal se convirtiera en herramienta de democratización social. La oposición de sectores sureños al poder redistributivo del Estado federal no fue meramente presupuestaria: fue también racial, constitucional y social. El problema no era el gasto público en sí mismo, sino su posible uso para quebrar jerarquías regionales, raciales y de clase.

La Presidencia de Richard Nixon aparece como un momento de transición en el que la nueva derecha comienza a articular orden social, resentimiento fiscal y defensa de la mayoría silenciosa.

El Gobierno de Ronald Reagan profundiza esa transformación mediante la economía de la oferta: rebajas impositivas, legitimación del déficit cuando beneficia al capital y ofensiva antisindical.

Los Gobiernos de Bush (padre e hijo) prolongan esa arquitectura fiscal y financiera, mientras Trump radicaliza la convergencia entre populismo reaccionario, privilegio patrimonial, desmantelamiento administrativo y capitalismo dinástico.

La contribución histórica de Cooper reside en mostrar continuidad donde suele verse ruptura. El trumpismo no aparece como anomalía, sino como culminación de una larga recomposición del Estado estadounidense: un Estado hostil a la redistribución democrática, pero extraordinariamente activo en la protección de patrimonios, rentas financieras y jerarquías familiares.

Proyecto de Estado para limitar la soberanía presupuestal

En términos politológicos, la obra plantea que la nueva derecha estadounidense construyó una estrategia de poder capaz de articular instituciones, ideas económicas, coaliciones electorales y reformas jurídicas. No se trata únicamente de una doctrina económica, sino de un proyecto de Estado.

La “contrarrevolución constitucional” busca limitar la soberanía democrática sobre el presupuesto, blindar ciertas decisiones económicas frente a la deliberación popular y restringir la capacidad de las mayorías para convertir derechos formales en derechos materiales.

La teoría de la elección pública desempeña aquí un papel decisivo: traduce la sospecha conservadora hacia la democracia de masas en lenguaje técnico. Al presentar el gasto redistributivo como captura, despilfarro o irresponsabilidad fiscal, convierte demandas sociales legítimas en amenazas al equilibrio presupuestario.

La economía de la oferta, por su parte, legitima la reducción de impuestos al capital como condición de prosperidad general, aunque en la práctica contribuya a concentrar riqueza y debilitar la progresividad fiscal.

Desde esta perspectiva, Cooper ofrece una crítica incisiva al constitucionalismo fiscal neoliberal. Las reglas de equilibrio presupuestario, la independencia de los bancos centrales y la vigilancia permanente sobre salarios y déficits no son mecanismos neutrales: son dispositivos de despolitización. Su función es desplazar decisiones distributivas desde el conflicto democrático hacia arenas técnicas, judiciales, monetarias o administrativas menos permeables a la presión popular.

Riqueza dinástica, salarios y activos financieros

El análisis socioeconómico del libro se concentra en la redistribución regresiva producida por las finanzas públicas neoliberales. Cooper muestra cómo la presión contra salarios, sindicatos y gasto social convive con una política sistemática de valorización de activos. La Reserva Federal, pese a su imagen de prudencia monetaria, aparece como un actor clave en la estabilización de mercados financieros y en la inflación de precios de activos, mientras mantiene una vigilancia estricta frente a cualquier aumento salarial que pueda alterar la distribución del ingreso.

Esta paradoja —austeridad para las mayorías y exceso para el capital— explica el retorno de la riqueza dinástica. Las ganancias de capital, los patrimonios heredados, los activos financieros y la propiedad inmobiliaria reciben un trato privilegiado frente al ingreso laboral. El resultado es una sociedad más desigual, donde el acceso a riqueza depende crecientemente de la propiedad previa, la herencia y la inserción en circuitos financieros, no del salario ni de la ciudadanía social.

En este punto, la obra ilumina una contradicción central del capitalismo contemporáneo: el Estado se presenta como incapaz de financiar derechos sociales universales, pero demuestra una enorme capacidad para sostener la liquidez, rescatar mercados, subvencionar rentas privadas y estabilizar patrimonios.

La escasez fiscal, en consecuencia, no es un dato natural, sino una construcción política.

Conservadurismo social y economía política

Uno de los aportes más relevantes de Cooper es su insistencia en que neoliberalismo y conservadurismo social no son fuerzas externas ni contradictorias. La defensa del mercado, la familia patrimonial, la propiedad heredada y el orden moral forman parte de una misma matriz política. La nueva derecha no solo busca liberar al capital de regulaciones: también pretende reinstalar jerarquías sociales, familiares, raciales y territoriales capaces de disciplinar a las mayorías.

En ese sentido, la obra permite comprender por qué la derecha contemporánea puede combinar retórica antiestatal con demandas de autoridad, control fronterizo, moralización de la pobreza y protección activa de intereses empresariales. La contradicción es solo aparente: se rechaza el Estado redistributivo, pero se reivindica el Estado punitivo, patrimonial y monetariamente expansivo cuando actúa a favor del capital.

Arquitectura de poder y de riqueza contra la democracia

Esta es una obra ambiciosa, documentada y conceptualmente fértil. Su principal virtud consiste en articular historia intelectual, economía política, sociología fiscal y análisis institucional. Cooper evita dos reduccionismos frecuentes: no presenta el neoliberalismo como mera ideología de mercado ni el trumpismo como accidente populista. En cambio, muestra una arquitectura de poder construida durante décadas, capaz de reorganizar el Estado para proteger la riqueza y limitar la democracia social.

Su lectura resulta especialmente valiosa para América Latina y Europa, donde los debates sobre reglas fiscales, independencia de bancos centrales, deuda pública, subsidios al capital y límites al gasto social reproducen tensiones semejantes.

El libro invita a preguntar quién se beneficia de la disciplina fiscal, qué formas de gasto permanecen invisibles y por qué ciertos déficits son condenados mientras otros son normalizados.

Como posible límite, el alcance estadounidense de la investigación exige cautela al trasladar sus conclusiones a otros contextos. Sin embargo, esa especificidad no reduce su valor; al contrario, permite identificar con precisión la matriz histórica de muchas categorías hoy globalizadas: austeridad, responsabilidad fiscal, disciplina monetaria, estímulo a la inversión y demonización del gasto social.

Finanzas públicas y gobierno de clase

El cierre del libro es políticamente provocador. Cooper no se limita a denunciar la austeridad, sino que pregunta si es posible imaginar otra política del exceso monetario y fiscal.

Si el neoliberalismo ha demostrado que el Estado sí puede crear abundancia, expandir balances, sostener mercados y reorganizar expectativas, la cuestión decisiva es por qué esa capacidad no podría orientarse hacia salarios, cuidados, vivienda, transición ecológica, servicios públicos y democratización material.

En suma, este aporte editorial es un material bibliográfico clave para comprender las mutaciones actuales del capitalismo, la persistencia de la nueva derecha y la relación entre finanzas públicas y gobierno de clase.

Su mayor aporte es desplazar el debate desde la falsa oposición entre Estado y mercado hacia una pregunta más radical: qué Estado, para quién, con qué reglas fiscales y al servicio de qué proyecto democrático o antidemocrático.

Acceso al libro

 

Para acceder al libro en archivo PDF, ingresar al siguiente enlace:

Contrarrevolución. Economía política de la nueva derecha de Nixon a Trump

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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