septiembre 8, 2026 4:44 pm
La obscenidad de la ultraderecha en el poder

La obscenidad de la ultraderecha en el poder

POR OMAR ROMERO DÍAZ /

¡Basta de barbarie! El Presidente que patea cadáveres no puede seguir en el poder.

Un gesto obsceno observar que, a los muertos, los patea. Los trata como piedras en el camino. Ese hombre que en Colombia llegó a la Presidencia de la República con antecedentes de narcotráfico y paramilitarismo. No es casualidad. Es la misma lógica: la vida de unosvale, la de otros no.

Y mientras el ilegítimo Presidente posa para la cámara haciéndose el «tigre», en Medicina Legal de Bogotá hay trece cuerpos de niños y adolescentes esperando que sus familias los reclamen. Son indígenas nasa del Cauca. Murieron en bombardeos y combates. El Estado los mató o los dejó morir.

¿Qué clase de Presidente tiene Colombia?

No es un Presidente cualquiera. Es un hombre que construyó su carrera política en el mundo del narcotráfico y la paramilitaridad. Llegó al poder con votos, sí. Pero eso no lo vuelve legítimo. La legitimidad no se gana en las urnas cuando se usan balas, dinero sucio, manipulación de algoritmos y alianzas con grupos criminales para llegar.

Ahora ese mismo Presidente patea cadáveres. Y su Ministro de Defensa, que viene de familia paramilitar, dice que «no hay violación de derechos humanos» mientras los cuerpos de niños se pudren en una morgue sin que nadie los reclame.

La verdad que no quieren que veas

Los trece cuerpos de niños y adolescentes no son «bajas en combate». Son niños asesinados. Son víctimas de un conflicto que el Estado no ha sabido resolver. Son el resultado de una guerra que convierte a los indígenas, a los campesinos, a los pobres, en objetivos o en lo que eufemísticamente denominan “daños colaterales”.

Sus familias no pueden reclamarlos porque viven en medio del fuego cruzado. Porque el Estado los abandonó. Porque sus vidas nunca fueron importantes para este Gobierno de ultraderecha.

Y ahora el Presidente, el principal funcionario encargado de dirigir el país, camina entre esos cuerpos y los patea. Como si fueran basura. Como si no hubieran sido personas con nombre, con sueños, con familias.

El poder que se muestra es el poder que tiembla

Hay algo que este Gobierno no entiende: el poder de verdad no necesita exhibirse.  Pero este Presidente y su Ministro de Defensa necesitan que los vean. Necesitan el espectáculo. Porque en el fondo saben que su poder es débil. Saben que el pueblo los rechaza. Saben que su tiempo se acaba.

Por eso patean cadáveres. Porque solo así, con la barbarie a la vista, intentan recordarnos que tienen el control. Pero no lo tienen. Colombia merece respeto

No podemos normalizar esto. No podemos aceptar que un funcionario público patee cadáveres mientras los cuerpos de los adolescentes y niños indígenas esperan en una morgue. No podemos permitir que un presidente con pasado criminal gobierne con impunidad.

La dignidad no se negocia. La vida de un niño Nasa vale lo mismo que la vida de cualquier otro colombiano. Y quienes no lo entienden así, no merecen gobernar.

Lo que debemos hacer

Los colombianos demócratas y los sectores progresistas debemos exigir explicaciones: ¿por qué los cuerpos de esos niños siguen en Medicina Legal? ¿Por qué sus familias no pueden reclamarlos?

No olvidar: el video del Presidente pateando cadáveres no puede ser un escándalo de una semana. Debe ser un recordatorio permanente de la clase de gobierno que tenemos.

No normalizar: llamemos a las cosas por su nombre. No son «bajas», son niños asesinados. No es un «gesto de firmeza», es una patada a un cadáver.

Organizarnos: la única forma de enfrentar este poder es desde abajo. Desde las comunidades. Desde la indignación colectiva. Desde el rechazo a la barbarie.

El Presidente que patea cadáveres no es invencible. Su poder es una farsa. Un castillo de naipes que se derrumba solo. Cada acto de crueldad que cometen, cada cuerpo que abandonan, cada niño que matan, es un ladrillo menos en su frágil edificio de poder.

Colombia no merece esto. Los muertos merecen respeto. Los vivos merecen justicia.

No más patadas a los cadáveres. No más niños en las morgues. No más impunidad para los criminales con poder.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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