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La nueva orientación de la política colombiana en materia internacional “entra en seria tensión con el artículo noveno de la Constitución, que fundamenta las relaciones exteriores en la soberanía nacional, la autodeterminación de los pueblos y el derecho internacional, y las prioriza hacia la integración latinoamericana y caribeña”, expresa en su más reciente columna periodística para la plataforma virtual Confidencial Noticias, la exministra y exsenadora Clara López Obregón.
Al glosar el nuevo enfoque en política exterior, la excongresista señala que con el Gobierno de De la Espriella irrumpe una “doctrina de alineamiento con el eje Washington-Israel” que vulnera la soberanía nacional.
El texto de la columna periodística es el siguiente:
Colombia: de la multialineación a la subordinación
POR CLARA LÓPEZ OBREGÓN
El orden internacional basado en reglas cede terreno ante la coerción y las zonas de influencia. Para países medianos como Colombia, la alternativa no es escoger entre el multilateralismo ingenuo y la obediencia obsecuente a una potencia, sino preservar soberanía en un mundo multipolar.

El primer ministro canadiense Mark Carney y el presidente finlandés Alexander Stubb proponen un “realismo basado en valores” de coaliciones flexibles entre países con intereses convergentes. Anne-Marie Slaughter, profesora emérita de Princeton, precisa que estas solo serán legítimas y duraderas si actúan dentro de instituciones multilaterales, sin permitir que las potencias impongan sus intereses.
Sarang Shidore, del Quincy Institute, describe la “multialineación” de la India como el relacionamiento simultáneo con distintos centros de poder sin entregar a ninguno la definición del interés nacional. No es neutralidad ni oportunismo sino escoger socios según cada asunto para preservar soberanía.
Fortín, Heine y Ominami formularon para América Latina el “no alineamiento activo” a través de diversificar relaciones, fortalecer la integración regional y actuar con iniciativa multilateral. Ambos se complementan. La multialineación multiplica opciones mientras que el multilateralismo fija un suelo jurídico. Las alianzas amplían la acción y las reglas protegen a quienes no pueden imponerlas por la fuerza.

El nuevo Gobierno marcha en dirección contraria. En sus primeros días, Abelardo de la Espriella concretó cuatro virajes: el compromiso de retirar a Colombia de la Ruta de la Seda; el reconocimiento de la soberanía israelí sobre los Altos del Golán sirios, en contradicción con la Resolución 497 del Consejo de Seguridad; el reconocimiento del Sahara Occidental como territorio marroquí, aunque su autodeterminación sigue pendiente; y el ingreso al Escudo de las Américas, acompañado del anuncio de operaciones militares conjuntas con Estados Unidos.
Hubo un manejo selectivo de la cooperación tras el terremoto. Durante horas críticas, el Gobierno solicitó rescatistas únicamente a Estados Unidos, Israel, Ecuador y El Salvador; México informó que su contingente no fue admitido. Ofertas de Brasil, China y la ONU tampoco fueron aceptadas inicialmente, cubriendo de sospecha ideológica la solidaridad humanitaria.
Cada decisión aisladamente puede parecer pragmática, pero juntas conforman una doctrina de alineamiento con el eje Washington-Israel. La ideologización extrema de la política exterior es evidente. Resulta revelador que el anuncio sobre China se conociera en el Senado estadounidense con antelación a una explicación pública en Colombia.

La nueva orientación entra en seria tensión con el artículo noveno de la Constitución, que fundamenta las relaciones exteriores en la soberanía nacional, la autodeterminación de los pueblos y el derecho internacional, y las prioriza hacia la integración latinoamericana y caribeña. Colombia es, además, un Estado pluralista, no una confesión geopolítica única.
Estados Unidos es un socio central de Colombia, pero no debe ser el dueño de su brújula. En una era de esferas de influencia, la multialineación y el no alineamiento activo son un seguro de soberanía y el multilateralismo, la defensa jurídica de los Estados medianos y pequeños. Entrar disciplinadamente en una sola esfera vulnera la independencia nacional pues la subordina desde afuera.
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