POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ /
La reciente publicación del libro ‘Panamá en cámara lenta: una historia para actuar’, del jurista, historiador y profesor universitario Ricardo Sánchez Ángel, llega en un momento en que la discusión sobre la memoria histórica colombiana exige superar la conmemoración pasiva y entrar en el terreno de la comprensión crítica.
Presentado en los últimos días del pasado mes de junio de 2026 y divulgado mediante una entrevista en el programa ‘La Palabra en Radio’, del Centro Virtual Isaacs de la Universidad del Valle, el sugerente trabajo bibliográfico propone volver sobre la separación de Panamá de Colombia no como una pieza inmóvil del pasado, sino como una herida histórica que continúa interpelando la formación nacional, la soberanía, la geopolítica y la ciudadanía.
El punto de partida de la obra es una crítica explícita a la historia entendida como museo: una narración cerrada, monumental, despolitizada y distante de la gente común. Sánchez Ángel, cuya trayectoria académica combina derecho, historia, sociología y filosofía política, ha desarrollado una exhaustiva investigación orientada a examinar los conflictos sociales, las multitudes, las resistencias y los efectos del poder sobre la vida colectiva.

En esa línea, este nuevo libro plantea que la separación de Panamá no puede reducirse a una fecha ni a una conspiración diplomática aislada, sino que debe leerse como un proceso de larga duración que hunde sus raíces en la colonia, atraviesa el siglo XIX republicano y se proyecta hasta el presente.
‘Panamá en cámara lenta: una historia para actuar’ se organiza alrededor de una pregunta central: ¿cómo pudo configurarse, a lo largo de décadas, la pérdida de un territorio estratégico para Colombia y para el mundo? La respuesta del autor parece ubicarse lejos de las explicaciones simplistas.
La separación panameña de 1903 aparece como el desenlace de tensiones acumuladas: la debilidad del Estado colombiano, la fragmentación regional, los conflictos civiles del siglo XIX, la centralización política, la precariedad de las comunicaciones, las disputas por las rutas interoceánicas y la presión creciente de potencias extranjeras interesadas en controlar el tránsito entre el Atlántico y el Pacífico.
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El título mismo, “en cámara lenta”, sugiere una tesis interpretativa poderosa: la separación no fue un rayo súbito en el cielo despejado de la República, sino un proceso visible, acumulativo y progresivo, ante el cual las venales élites colombianas actuaron con insuficiencia, improvisación o incapacidad estratégica.
La obra invita a observar los acontecimientos con detenimiento, a ralentizar la mirada y a identificar las señales que anunciaban la ruptura. En este sentido, la historia deja de ser una sucesión de episodios para convertirse en una pedagogía política sobre las consecuencias de la desarticulación nacional.
Fracaso de la República para resolver su cuestión territorial
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Desde el punto de vista histórico, el libro se inscribe en una perspectiva de larga duración. La separación de Panamá es presentada como resultado de desuetas estructuras coloniales y republicanas que no lograron integrar plenamente el territorio.
Durante la colonia, el istmo tuvo una importancia excepcional como corredor comercial y militar del imperio español. Esa condición geográfica creó una identidad regional marcada por el tránsito, el comercio y la relación con circuitos internacionales, más que por una integración orgánica con el interior andino de la futura Colombia.
En el siglo XIX, la situación se agravó. Las guerras civiles, la disputa entre federalismo y centralismo, la inestabilidad constitucional y las dificultades para construir un Estado moderno debilitaron la presencia colombiana en Panamá.
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La obra subraya que la separación no puede entenderse sin examinar el fracaso de la República para resolver su cuestión territorial: gobernar, comunicar, invertir, escuchar y representar de manera efectiva a sus regiones periféricas. Panamá fue, en ese sentido, una frontera interna y externa a la vez: parte del país, pero vinculada de manera intensa a intereses comerciales y estratégicos globales.
La historia que propone Sánchez Ángel no se limita a los hechos diplomáticos de 1903. Su mirada se dirige hacia los antecedentes y las continuidades: la construcción del ferrocarril, los proyectos para la ejecución del canal, las relaciones con Estados Unidos, las aspiraciones comerciales europeas y la incapacidad colombiana para comprender la magnitud geoestratégica del istmo.
Así, la pérdida de Panamá aparece no solo como una mutilación territorial, sino como una derrota histórica de la incapacidad estatal y la opacidad de sus élites.

Cuando la geografía se cruza con el capital se convierte en destino político
En el plano político, el libro plantea una reflexión sobre la soberanía. La separación de Panamá evidencia la fragilidad de un Estado que no logró ejercer autoridad legítima, presencia institucional ni capacidad negociadora en un territorio decisivo.
Sánchez Ángel parece leer el episodio como síntoma de una crisis mayor: la de una nación cuyas élites retardatarias, utilitaristas y aprovechadoras del Estado no fueron capaces de articular un proyecto incluyente y estratégico de país.
La intervención de Estados Unidos ocupa un lugar central en esta interpretación. El Canal de Panamá no fue solo una obra de ingeniería, sino una infraestructura de poder mundial. Su control permitía redefinir rutas comerciales, proyectar fuerza militar y consolidar una hegemonía hemisférica.

Por ello, la separación del istmo debe analizarse dentro de la expansión imperial estadounidense y de la competencia internacional por los corredores estratégicos. El libro muestra que la geografía, cuando se cruza con el capital y la fuerza militar, se convierte en destino político.
Pero la obra no descarga toda la responsabilidad en el factor externo. Su valor crítico consiste en poner en relación la presión imperial con las debilidades internas de Colombia: la guerra, la exclusión política, la miopía diplomática, el centralismo y la ausencia de una política nacional para Panamá. En esa combinación entre intervención extranjera y crisis doméstica se encuentra una de las claves del análisis político del libro.
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Crítica a la desmemoria y a la naturalización de la pérdida territorial
Desde una perspectiva sociológica, ‘Panamá en cámara lenta’ propone devolver la historia a la ciudadanía. El autor insiste en que los grandes procesos nacionales no pertenecen únicamente a diplomáticos, presidentes, militares o archivos estatales. La historia debe ser apropiada por la gente común como herramienta de debate, conciencia y acción. Esta postura rompe con una tradición historiográfica que suele convertir los acontecimientos traumáticos en efemérides solemnes, pero políticamente inofensivas.
La separación de Panamá se convierte así en un problema de memoria colectiva. ¿Qué recuerda Colombia de esa pérdida? ¿Cómo la enseña? ¿Qué silencios la rodean? ¿Qué responsabilidades se han eludido? El libro invita a interrogar la nacionalidad colombiana desde sus fracturas, no desde sus mitos de supuesta unidad.
En esa dirección, la obra puede leerse como una crítica a la desmemoria y a la naturalización de la pérdida territorial.
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El énfasis en la acción ciudadana también revela una preocupación pedagógica. Para Sánchez Ángel, estudiar Panamá no significa alimentar nostalgias nacionalistas ni resentimientos abstractos, sino comprender cómo se producen las decisiones históricas, quiénes se benefician de ellas, quiénes quedan excluidos y qué aprendizajes pueden extraerse para el presente. La historia, entonces, no consuela: moviliza.
Lección sobre relaciones desiguales entre periferia y centros de poder mundial
La dimensión económica del libro gira alrededor del valor estratégico del tránsito interoceánico. Panamá fue, desde temprano, un punto de condensación de intereses comerciales globales. El ferrocarril, los proyectos de canal y la posterior construcción de la vía interoceánica muestran que el istmo no era una periferia irrelevante, sino un centro de la economía mundial en formación.
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La pérdida de Panamá implicó para Colombia mucho más que la reducción de su mapa: significó quedar al margen de una infraestructura clave para el comercio internacional y para la reorganización del capitalismo global.
El Canal de Panamá aparece como símbolo de una economía política de la dependencia. Su historia revela cómo las potencias convierten necesidades de circulación, comercio y seguridad en instrumentos de dominación. En este punto, la obra permite leer el episodio panameño como una lección sobre la relación desigual entre países periféricos y centros de poder mundial.

La pregunta económica no es solo quién construyó o administró el canal, sino quién capturó sus beneficios, quién asumió sus costos y qué lugar ocupó Colombia en esa disputa.
La lectura económica se complementa con una crítica a la falta de visión estratégica de las disipadas élites nacionales. Colombia no logró convertir la posición geográfica de Panamá en una política de desarrollo, integración e infraestructura. En cambio, la combinación de guerras internas, debilidad fiscal, endeudamiento y dependencia diplomática abrió el camino para que otros actores definieran el destino del istmo.
Herida histórica como campo de deliberación pública
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El mayor mérito de esta sugestiva obra es el de articular erudición histórica con vocación pública. No se trata de una historia neutralizada por la distancia académica, sino de una investigación que busca intervenir en el debate nacional.
La obra se apoya en una convicción: comprender el pasado es una forma de disputar el presente. Por eso su enfoque crítico resulta relevante en una Colombia que aún enfrenta problemas de integración territorial, soberanía, dependencia económica y desigualdad regional.
Su interpretación puede incomodar a quienes prefieren explicar la separación de Panamá como un accidente inevitable o como un asunto clausurado por la diplomacia. Sánchez Ángel obliga a reabrir preguntas sobre responsabilidad histórica, proyecto nacional y subordinación internacional. Esa incomodidad es parte de su fuerza intelectual.
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También resulta significativa la conexión entre esta obra y la trayectoria académica del autor. El fructífero trabajo intelectual de Ricardo Sánchez Ángel lo revela como un académico interesado en las luchas sociales, las multitudes, la democracia, el derecho y las rupturas del relato oficial. Esa continuidad permite situar ‘Panamá en cámara lenta’ dentro de una producción intelectual que privilegia la historia crítica y contrahegemónica, más que la narración celebratoria de las instituciones.
Esta nueva contribución intelectual del autor constituye una invitación a pensar la separación de Panamá como una cuestión viva. Su aporte consiste en mostrar que la pérdida territorial no fue únicamente un hecho consumado de 1903, sino el resultado de procesos históricos, políticos, sociales y económicos que revelan las fragilidades de la nación colombiana y las formas de intervención del poder internacional.
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Al examinar el proceso de la construcción del Canal, la geopolítica, la actitud antipatriótica y utilitarista de las élites, la memoria y la ciudadanía, Ricardo Sánchez Ángel convierte una herida histórica en un campo de deliberación pública.
La obra no busca simplemente recordar Panamá; busca activar una conciencia histórica. En tiempos en que la soberanía, los recursos estratégicos, las fronteras y la memoria siguen siendo asuntos decisivos, el libro plantea una tarea colectiva: mirar el pasado sin resignación, debatirlo sin solemnidad vacía y convertirlo en aprendizaje político para el presente y el futuro de Colombia.
Entrevista
A continuación, el diálogo periodístico entre el autor con el profesor de la Universidad del Valle, Darío Henao Restrepo, sobre los alcances de la obra:



