septiembre 25, 2026 5:18 am
Un Presidente con pistola no hace un país más seguro, ni borra su pasado

Un Presidente con pistola no hace un país más seguro, ni borra su pasado

POR OMAR ROMERO DÍAZ /

Ahora resulta que el presidente necesita aparecer con una pistola en la cintura para demostrar que es fuerte.

¡No, Presidente! Colombia no necesita un mandatario armado para las cámaras. Colombia necesita un Estado fuerte contra el narcotráfico, el paramilitarismo, la extorsión y la delincuencia.

Y aquí aparece una pregunta que no podemos evadir: ¿por qué tanta obsesión con representar al hombre fuerte cuando la historia profesional del propio Presidente está llena de relaciones y controversias que todavía generan preguntas?

Está documentada su relación profesional durante varios años con Alex Saab, a quien su firma representó en Colombia en investigaciones relacionadas con lavado de activos. El propio De la Espriella ha reconocido esa relación y ha explicado que terminó su representación en 2019.

 

También existen reportes periodísticos sobre su trayectoria profesional y casos relacionados con estructuras del narcotráfico y paramilitares. Él ha negado haber defendido a narcotraficantes o a Salvatore Mancuso. Entonces, que no nos vengan ahora a vender una película sencilla de “Presidente armado contra los malos”.

La historia de Colombia es mucho más compleja. Aquí hemos sufrido narcotráfico, paramilitarismo, corrupción, violencia política y alianzas oscuras entre dinero y poder.

Y una pistola en la cintura no borra esa historia. Tampoco demuestra resultados. Al colombiano que paga una extorsión no le importa la fotografía del primer mandatario armado. Al campesino amenazado no le sirve el espectáculo. Al trabajador que teme regresar de noche a su casa no lo protege una puesta en escena.

Lo que necesita el país son instituciones fuertes, inteligencia, justicia, persecución del dinero criminal y protección efectiva de la ciudadanía. Porque el Estado no se demuestra con una pistola: se demuestra desmontando las estructuras que viven del miedo y del dinero ilegal.

Y hay algo todavía más importante: quien pretende gobernar Colombia hablando de fuerza tiene que estar dispuesto a responder por toda su historia pública, sus relaciones profesionales y sus decisiones.

No basta con ponerse un arma para parecer el salvador. Colombia ya ha vivido demasiadas películas de hombres armados.

Lo que el pueblo necesita ahora no es otro protagonista armado. Necesita verdad, justicia, seguridad y resultados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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