abril 17, 2026 6:12 am
La puerta giratoria y la carencia de ética en el periodismo colombiano

La puerta giratoria y la carencia de ética en el periodismo colombiano

La operadora política de la ultraderecha colombiana, Vicky Dávila, retorna a la dirección de la ‘Revista Semana’ convertida en caja de resonancia de los intereses empresariales de la familia Gilinski y de los sectores ultraconservadores defensores del ‘statu quo’.

¿QUEQUÉ? /

La puerta giratoria entre el periodismo y la política en Colombia plantea serios interrogantes deontológicos y comunicacionales, especialmente cuando figuras como Vicky Dávila, tras su fallida incursión en la actividad político-electoral financiada por intereses empresariales como los del Grupo Gilinski, retornan a la dirección de la Revista Semana.

Este fenómeno revela una peligrosa confusión entre el ejercicio periodístico y el activismo político, erosionando la credibilidad tanto de quienes se autodenominan “periodistas” como de los medios que los acogen. La ética profesional exige transparencia y una clara distinción de roles, pues el periodismo, por definición, debe velar por la independencia, la veracidad y el servicio al interés público, valores que se ven comprometidos cuando el supuesto periodista se convierte en operador político y luego regresa a influir desde los medios corporativos que no son más que cajas de resonancia de los intereses empresariales y del gran capital sin reconocer su verdadera filiación ideológica.

Desde la perspectiva deontológica, la conducta de Dávila y de la Revista Semana representa una vulneración grave a los principios fundacionales de la profesión. El ocultamiento de intereses políticos y la manipulación de la audiencia bajo el pretexto de la independencia informativa constituyen no solo una falta ética sino también una amenaza a la pluralidad y la calidad democrática del debate público.

Lo correcto sería que tanto la dirección de este medio de propiedad de la familia Gilinski como sus protagonistas asumieran abiertamente su postura política, señalando de manera clara y categórica que son operadores de la ultraderecha colombiana, evitando así el engaño y la instrumentalización del periodismo como herramienta de propaganda.

En consecuencia, la puerta giratoria no solo desacredita a quienes la practican, sino que deteriora la confianza social en el periodismo, relegando a la profesión a un papel subalterno frente al poder político y económico.

La manipulación de la opinión pública mediante el disfraz de independencia, cuando en realidad se ejerce activismo político, es una práctica que desvirtúa la esencia del periodismo y pone en riesgo el derecho de la ciudadanía a recibir información veraz y plural.

Ante este panorama, resulta imperativo reivindicar los principios deontológicos y exigir mayor transparencia a los actores mediáticos, para preservar la integridad del oficio y evitar que la puerta giratoria siga socavando la legitimidad de la comunicación social en Colombia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Scroll al inicio