junio 12, 2026 2:33 pm
Un candidato presidencial exponente del neofascismo

Un candidato presidencial exponente del neofascismo

POR MARÍA CONSUELO DEL RÍO MANTILLA

La ciencia política del siglo XXI coincide en un diagnóstico fundamental: el fascismo moderno no necesita desfilar con camisas pardas ni proclamar dictaduras abiertamente para minar los cimientos de una república. El neofascismo contemporáneo avanza a través de los canales institucionales de la democracia liberal, utilizando una retórica de salvación nacional y la construcción de un enemigo existencial o interno.

En el actual escenario electoral colombiano, la plataforma política de Abelardo de la Espriella ofrece un caso de estudio idóneo para comprender cómo opera este enfoque de extrema derecha radical.

Abelardo de la Espriella: la versión colombiana del neofascismo.

Analizar sus discursos no es un ejercicio de adjetivación política, sino de anatomía conceptual. Al contrastar sus declaraciones explícitas con las teorías de la palingenesia nacional, el autoritarismo institucional y el nativismo exclusivista, el proyecto del abogado y candidato revela las coordenadas exactas de lo que los historiadores denominan el «fascismo posmoderno». Veamos cómo:

La «guerra moral»

El pilar fundamental de todo movimiento de corte fascista es el mito palingenésico: la idea de que la nación se encuentra en una decadencia moral y estructural absoluta, provocada por «traidores» y «bandidos», y que requiere una refundación violenta o espiritual. De la Espriella ha sido explícito al respecto, afirmando textualmente que su campaña «no solamente es una batalla política, es una guerra moral y espiritual».

Al enmarcar la competencia electoral como una «guerra espiritual» contra la izquierda, representada en su oponente Iván Cepeda, el discurso abandona el terreno de la deliberación democrática para instalarse en el de la eliminación teológica del adversario. No hay opositores legítimos; hay «fuerzas del mal» o «bandidos» a los que hay que derrotar. Esta narrativa conecta directamente con el concepto de la «contrarrevolución cultural» que él mismo promueve, orientada a reescribir la historia reciente y a desmontar el pluralismo social en nombre de un orden tradicional e innegociable.

En la arquitectura del neofascismo, la manipulación de las masas requiere como condición sine qua non un terreno abonado por la fragilidad educativa y la escasa cultura política de la ciudadanía. De la Espriella comprende y explota con astucia cínica el analfabetismo democrático y la amnesia histórica del colombiano promedio, un votante que, desprovisto de herramientas de pensamiento crítico, tiende a preferir las consignas viscerales y simplistas sobre el análisis programático complejo. Esta vulnerabilidad cultural permite al candidato moldear a su audiencia a conveniencia, presentándose ante un electorado desinformado como un redentor mesiánico incontestable.

Al simplificar los problemas estructurales del país, como la desigualdad o la violencia histórica, bajo la narrativa de un enfrentamiento básico entre «buenos y malos», el discurso neofascista anula la deliberación racional, transformando la legítima indignación ciudadana en fanatismo ciego y obediencia incondicional hacia el líder.

Una oda a la violencia

El fascismo histórico siempre ha glorificado la fuerza física y el quiebre de la legalidad procedimental en nombre de una justicia superior. En sus intervenciones mediáticas, el candidato ha defendido abiertamente que la función principal de su eventual gobierno será «combatir el crimen con mano de hierro», añadiendo una frase que encendió las alarmas de los defensores de los derechos humanos: «Ver a un bandido que no se someta, hay que aplicarle la ley. ¿Qué implica eso? Darle de baja. Las cosas hay que decirlas como son». Habla de asesinar como si eso fuera aplicar la ley y no se le cuestiona por eso. Su público ignorante y obnubilado le aplaude.

Esta validación de la eliminación física del adversario o del delincuente, por fuera del debido proceso judicial, se complementa con propuestas institucionales sumamente peligrosas para el monopolio de la fuerza del Estado, como la flexibilización del porte de armas para que los ciudadanos enfrenten directamente el crimen. La historia comparada demuestra que alentar a una sociedad civil a que se arme, bajo discursos de odio como el del candidato De La Espriella, produce inevitablemente la proliferación de estructuras paramilitares, un rasgo clásico del fascismo.

Fuera los contrapesos institucionales

Un totalitarismo imperfecto o en marcha se reconoce por su hostilidad hacia las instituciones encargadas de controlar el poder ejecutivo. De la Espriella ha enfocado sus baterías contra los pilares de la arquitectura de paz y justicia del país. Ha calificado de manera reiterada a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) como un «antro politiquero» y ha prometido suprimirla inmediatamente, lo que implicaría un choque frontal contra el orden constitucional, los compromisos internacionales de Colombia y los derechos de las víctimas. Es la consigna de deslegitimar las instituciones democráticas de antemano, para justificar cualquier acción posterior.

Asimismo, su propuesta de recortar el aparato estatal en un 40 % y excluir a organizaciones sindicales tradicionales, como Fecode, del diseño de las políticas públicas busca vaciar de contenido los espacios de mediación democrática. Al debilitar los cuerpos intermedios de la sociedad y los tribunales de justicia, el poder se concentra de manera monolítica en la figura del líder, quien asegura hablar en nombre de «Dios y el pueblo colombiano», presentándose como un «tigre» dispuesto a defender la patria «con garras y dientes». Promete no tocar la Constitución pero sus propuestas consisten en vaciarla de contenido como hizo Hitler con la Constitución de Weimar. Algo que sus electores no parecen entender.

El espejo de Donald Trump

Resulta una ironía histórica y política que un proyecto fundado en un nacionalismo chauvinista ultra radical esté profundamente ligado a dinámicas e intereses extranjeros. De la Espriella, quien ostenta también la ciudadanía estadounidense, ha recibido el respaldo explícito de Donald Trump, lo que ha generado el rechazo de diversos sectores democráticos que califican el hecho como una intervención indebida en la soberanía nacional.

La respuesta del candidato, anunciar que alineará al país al «Escudo de las Américas» y trasladar la embajada colombiana a Jerusalén, demuestra que este neofascismo no responde a las realidades agrarias o periféricas de la geografía colombiana, sino a una agenda global de la extrema derecha que incluye la desregulación ambiental extractivista, inspirada en el modelo de Javier Milei y la militarización.

El neofascismo del siglo XXI no necesita camisas pardas; se viste con trajes a la medida, utiliza tecnología política digital y apela al miedo colectivo ante la inseguridad para desmontar, pieza por pieza, el Estado Social de Derecho.

La plataforma de Abelardo de la Espriella de cara a la segunda vuelta del 21 de junio se ubica con claridad en la taxonomía de la extrema derecha radical contemporánea. La combinación de mesianismo moral, la justificación de la fuerza letal por encima del debido proceso, la destrucción de la justicia transicional y la adopción de discursos de odio configuran un escenario de alto riesgo para la estabilidad democrática de la nación.

La historia enseña que cuando las sociedades eligen el espejismo de una aparente seguridad absoluta a cambio de sus libertades fundamentales, el despertar suele ser autocrático y violento. Lo estamos viendo en el continente.

Revista Raya, Bogotá.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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