POR OMAR ROMERO DÍAZ /
La plata para enfrentar los impactos del terremoto: ¿quién pone la plata y quién se la ahorra?
El terremoto del pasado 10 de agosto de magnitud 7,4 que sacudió el occidente de Colombia ha dejado hasta ahora 304 muertos, 185.016 damnificados y más de 127.000 viviendas averiadas. Ciudades como Cali, Pereira y Manizales, así como amplias zonas del departamento del Chocó quedaron con graves daños. El nuevo presidente, Abelardo de la Espriella, declaró la “emergencia económica” y creó un “fondo milagro” para la reconstrucción.
Pero hay un problema: en medio de esta crisis, De la Espriella lanzó su programa “Patria Milagro”. La promesa es: recortar el Estado en un 40 %, crecer al 7 % anual y convertir a Colombia en un “país milagro”. Suena bonito, pero hay una obligación: el 91,5 % del presupuesto ya está comprometido en salud, pensiones, servicio de la deuda y transferencias. De cada 100 pesos que recibe el Gobierno, 96 ya están gastados por ley. Recortar el 40 % del Estado no es tan fácil cuando la mayoría del gasto no se puede tocar.

Entonces, ¿de dónde va a salir la plata para reconstruir las ciudades destruidas por el terremoto? Ahí aparece la decisión más contradictoria: eliminar el impuesto al patrimonio.
En su primer discurso como primer mandatario, De la Espriella anunció que va a eliminar el impuesto al patrimonio que se les cobra a los que tienen bienes y activos por más de 3.600 millones de pesos. Dijo que “debemos dejar de castigar a quienes invierten y generan riqueza”.
«Suena alegre», pero es un grave error. Colombia necesita plata urgente para atender a los damnificados, reconstruir viviendas, reparar 2.838 colegios y 285 centros de salud afectados por el terremoto. La reconstrucción va a costar miles de millones. Y justo ahora, cuando más se necesita recaudar, el Gobierno decide dejar de cobrarle a los más ricos.

¿Quién va a pagar entonces la cuenta? La historia ya la conocemos: si los grandes patrimonios no pagan, terminan pagando los de siempre. Cuando el Estado necesita plata y no la cobra donde está, la busca donde puede: subiendo impuestos al consumo, recortando subsidios o eliminando programas sociales. Eso significa que el que tiene menos termina pagando más.
El Presidente dice que la prosperidad nace de “crear condiciones para que millones de colombianos puedan emprender”. Pero la prosperidad también nace de la justicia: que el que tiene más aporte más, sobre todo en una emergencia nacional.
No estamos diciendo que el impuesto al patrimonio sea perfecto. Pero eliminarlo en medio de un terremoto y una crisis fiscal es una irresponsabilidad. Es como si en una familia donde todos están apretados, el que tiene más plata decide no poner un peso para la reparación de la casa que se les vino abajo, y espera que los demás pongan la cuota.

El “Plan Milagro” para la reconstrucción dice que van a participar empresarios, el sector financiero y los constructores. Está bien. Pero que los grandes ‘cacaos’ participen no significa que no tengan que poner plata. Participar en la reconstrucción es un deber, no un favor.
El verdadero milagro que necesita Colombia no es que los ricos paguen menos impuestos. El milagro que necesita es que la plata alcance para reconstruir lo que el terremoto destruyó, sin que los más pobres terminen pagando la factura.

Porque la plata para la reconstrucción no va a aparecer por arte de magia. Y si no la ponen los que más tienen, la van a poner los que menos tienen. O, peor aún, la van a poner nuestros hijos, con más deuda y más intereses.
Eso no es un milagro. Es una injusticia.



