UNIVERSIDAD NACIONAL DE LANÚS /
Gran parte de la semiótica (disciplina que estudia los signos que intervienen en las distintas formas de comunicación humana) y de las teorías de la comunicación hegemónicas se han desarrollado bajo un manto de aparente neutralidad científica, sirviendo en la práctica como instrumentos funcionales de control social, reproducción ideológica y dominación del capitalismo.
El estudio de los signos no puede desvincularse de las relaciones de poder, de la lucha de clases y de los procesos de alienación contemporáneos.
En las sociedades actuales, los medios de comunicación masiva, las industrias culturales y las plataformas digitales operan como aparatos de hegemonía encargados de modelar subjetividades, naturalizar prejuicios, imponer sentido común conservador y desmovilizar a la clase trabajadora. En ese contexto, el control de los signos y de la producción de sentido es el botín central de la dominación imperialista y burguesa.
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De ahí el desafío de fundar una semiótica crítica, emancipada y emancipadora. Esta nueva corriente teórica y práctica debe constituirse como un «brazo armado de la filosofía» al servicio de los movimientos sociales y las luchas populares. No basta con deconstruir los mensajes del poder; es indispensable construir un nuevo sentido común humanista, revolucionario y solidario que responda a las necesidades de igualdad y justicia social de los pueblos.
El ensayo ‘Hacia una semiótica para la emancipación’, de autoría del comunicólogo y filósofo mexicano Fernando Buen Abad Domínguez es un sugerente texto programático que impugna la pretendida neutralidad del estudio de los signos y reclama su inserción consciente en las luchas por la transformación social.
Publicado por la Universidad Nacional de Lanús, Argentina, el texto no ofrece un manual ni una taxonomía cerrada: formula una intervención epistemológica y política. Su tesis central sostiene que el sentido es una producción social, histórica y dinámica, inseparable de la ideología, de las condiciones materiales y de la lucha de clases; por ello, la semiótica debe examinar críticamente tanto los discursos dominantes como sus propias herramientas y tradiciones.
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Guerra simbólica
El recorrido del ensayo puede comprenderse en cuatro movimientos. Primero, Buen Abad cuestiona la semiótica tradicional y las teorías funcionalistas de la comunicación cuando aíslan el signo de la historia y de la economía política. La abstracción metodológica, advierte, se vuelve coartada ideológica si oculta quién produce los mensajes, con qué recursos, para qué intereses y bajo qué relaciones de propiedad. Segundo, caracteriza la esfera comunicacional contemporánea como una guerra simbólica: medios masivos, industrias culturales y plataformas disputan la capacidad de nombrar la realidad, organizar la percepción y definir lo que aparece como posible o legítimo.
En un tercer movimiento propone una semiótica emancipada de la subordinación al mercado y, a la vez, emancipadora: una práctica capaz de revelar la historicidad de los signos, desnaturalizar prejuicios y contribuir a un sentido común humanista, igualitario y solidario.
Ello exige una praxis político-comunicacional que salga del aislamiento académico. La herramienta semiótica debe probarse en la acción colectiva, servir para la defensa frente a la manipulación y fortalecer la capacidad popular de producir relatos, símbolos e imaginarios propios. La metáfora del «brazo armado de la filosofía» condensa ese programa: no alude a violencia física, sino a una teoría dotada de eficacia crítica e intervención cultural.
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Medios y modos de producción social del sentido
Desde el campo de la comunicación, el principal aporte del ensayo consiste en desplazar la mirada desde el mensaje aislado hacia los medios y modos de producción social del sentido. Comunicar no es transferir información entre sujetos abstractos: es intervenir en redes institucionales, económicas y tecnológicas que distribuyen de manera desigual la autoridad para hablar, la visibilidad y la credibilidad. De ahí que la propiedad de los medios, la concentración empresarial, la publicidad y la arquitectura de las plataformas sean dimensiones semióticas y no meros contextos externos.
La noción de guerra simbólica permite analizar operaciones recurrentes: selección y jerarquización de temas, repetición de marcos interpretativos, espectacularización, estigmatización y conversión de intereses particulares en sentido común.
Sin embargo, el planteamiento no reduce a las audiencias a una pasividad absoluta. Su llamado a dotar a los sectores subalternos de herramientas de descodificación y contraofensiva presupone capacidades de lectura crítica, organización y producción alternativa.
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En el entorno digital, esta perspectiva invita a estudiar también la intermediación algorítmica, la extracción de datos y la economía de la atención, mecanismos que amplifican ciertas voces y vuelven opacas las decisiones que ordenan la conversación pública.
Por un horizonte normativo humanista
Filosóficamente, Buen Abad adopta una concepción materialista e histórica del signo. Frente a la noción de una ciencia autosuficiente y contemplativa, sostiene que todo conocimiento está situado y debe interrogar sus condiciones de producción, sus compromisos y sus efectos. El signo es una objetivación social: conserva huellas de conflictos, instituciones y prácticas. Esta tesis obliga a revisar críticamente el canon —de Saussure y Peirce a Hjelmslev, Bajtín, Barthes, Benveniste, Lotman, Eco, Fabbri y Verón— sin mitificar autores ni escuelas y sin desechar sus aportes por simple filiación.
La propuesta enlaza verdad y praxis: una teoría demuestra su alcance cuando hace inteligibles las relaciones de dominación y orienta posibilidades de transformación.
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A la vez, reconoce límites, pues pide someter la herramienta y las destrezas de quien la usa a examen continuo. Esta reflexividad evita, al menos como principio, que la semiótica emancipadora se convierta en nueva ortodoxia.
Su horizonte normativo es humanista: la producción de sentido debe juzgarse por su contribución a la dignidad, la igualdad y la liberación colectiva.
Un terreno donde se reproducen y disputan estructuras de clase
Sociológicamente, el ensayo concibe la comunicación como un terreno donde se reproducen y disputan las estructuras de clase. La dominación no depende sólo de la coerción: requiere fabricar adhesiones, hábitos y categorías con las cuales los sujetos interpretan su posición social.
La naturalización convierte procesos históricos —desigualdad, mercantilización o exclusión— en hechos aparentemente inevitables. Los fetiches mercantiles y el consumismo no son simples preferencias individuales, sino formas de socialización que articulan deseo, identidad y pertenencia con la reproducción del capital.
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Al enfatizar movimientos sociales y luchas populares, Buen Abad recupera la agencia colectiva de los grupos subalternos. La emancipación exige instituciones de formación, medios comunitarios, organizaciones y redes que conviertan la lectura crítica en capacidad sostenida de intervención.
Un desarrollo sociológico complementario debería atender, además de la clase, otras formas de desigualdad y las diferencias territoriales, generacionales y tecnológicas que condicionan el acceso a la palabra pública, sin perder de vista su articulación con la estructura económica.
Crear lenguajes, símbolos y narrativas capaces de hacer imaginable otra organización de la vida
En el plano cultural, la obra entiende que las industrias culturales no sólo distribuyen entretenimiento: administran repertorios de imágenes, aspiraciones y memorias. La cultura mercantil convierte objetos, estilos de vida y relatos en fetiches, mientras presenta como universales valores asociados con el consumo y la competencia.
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La crítica semiótica debe mostrar la construcción histórica de esos códigos y las exclusiones que producen. Pero la tarea emancipadora no termina en desenmascarar: requiere crear lenguajes, símbolos y narrativas capaces de hacer imaginable otra organización de la vida común.
Este énfasis en la producción alternativa distingue el proyecto de una crítica puramente negativa. Su fecundidad dependerá, no obstante, de que el nuevo sentido común no borre la diversidad cultural ni reemplace una imposición por otra.
Una práctica coherente con la emancipación debe favorecer traducciones entre experiencias, participación efectiva y revisión pública de sus propios símbolos.

Democratización sustantiva de la comunicación
Politológicamente, el ensayo amplía la noción de poder: gobernar implica también fijar marcos de inteligibilidad, establecer qué problemas merecen atención y definir identidades legítimas.
La hegemonía funciona cuando una visión de mundo particular logra presentarse como normal y universal. En esa disputa, medios y plataformas actúan como infraestructuras de poder con capacidad para incidir en la agenda pública, la formación de consensos y la desmovilización. El control de la producción de sentido aparece así como recurso estratégico de las élites económicas y de las relaciones imperialistas.
La respuesta propuesta es una democratización sustantiva de la comunicación: redistribuir capacidades de enunciación, fortalecer medios públicos y comunitarios, garantizar acceso al conocimiento y formar ciudadanía crítica. Esta orientación convierte la política comunicacional en parte de la política democrática.
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Al mismo tiempo, el vocabulario de guerra y contraofensiva plantea un desafío: si se absolutiza, puede reducir el pluralismo a una confrontación binaria. Para preservar su impulso liberador, la estrategia contrahegemónica debe combinar conflicto social, deliberación, derechos y control democrático de quienes producen discursos en nombre de lo popular.
Entre las fortalezas de la obra destacan su potencia interdisciplinaria, su cuestionamiento del cientificismo neutralista y su insistencia en vincular análisis y transformación.
El ensayo ofrece un criterio fértil para estudiar la comunicación contemporánea: preguntar siempre quién puede significar, mediante qué medios, con cuáles intereses y efectos. También resulta valiosa su exigencia de autocrítica, porque ninguna herramienta emancipadora queda exenta de revisión histórica e ideológica.
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Transformación de la conciencia crítica
El ensayo de Buen Abad Domínguez propone reconsiderar radicalmente el estatuto del signo: no como entidad neutra, sino como condensación de relaciones históricas, económicas y políticas. Su aporte comunicacional reside en estudiar las condiciones de producción y circulación del sentido; el filosófico, en unir conocimiento situado, crítica y praxis; el sociológico, en mostrar cómo la dominación se incorpora en subjetividades y hábitos; el cultural, en disputar imaginarios y capacidades creadoras; y el politológico, en reconocer la hegemonía simbólica como dimensión constitutiva del poder.
La vigencia del ensayo aumenta en un ecosistema atravesado por concentración mediática, plataformas digitales y disputas por la atención. Su desafío decisivo consiste en transformar la conciencia crítica en prácticas duraderas de educación, organización y producción comunicacional, sin sacrificar diversidad ni deliberación.
En ese sentido, Buen Abad no presenta un tutorial, sino una invitación a poner la semiótica a prueba en la lucha por una cultura democrática, solidaria y capaz de imaginar futuros emancipados.
Acceder al ensayo
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Para acceder al texto del ensayo en archivo PDF, ingresar al siguiente enlace:



