febrero 27, 2026 5:52 pm
El reto de actualizar el debate sobre un Nuevo Orden Internacional de la Información y la Comunicación

El reto de actualizar el debate sobre un Nuevo Orden Internacional de la Información y la Comunicación

POR ALONSO YUPANQUI DE LA CHIRA /

Actualizar el debate sobre el Nuevo Orden Internacional de la Información y la Comunicación (Nomic) –conocido como Informe MacBride’, que impulsó la Unesco en la década de 1980– y tomar con pinzas el desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA), constituye uno de los desafíos para la democracia global, en un mundo atrapado por el monopolio de las plataformas digitales y las corporaciones mediáticas que logran imponer su narrativa y con ello manipular para tratar de dominar a una opinión pública atravesada por la codicia y el interés económico que sustenta un sistema como el capitalista.

Lo que en principio fue diseñado para ampliar los rangos de libertad y expresión de los pueblos, con su consigna “un solo mundo, múltiples voces”, el Nomic quedó sepultado por intereses y presiones políticas, sobre todo de las grandes potencias y sus empresas supranacionales, conscientes del poder que se puede ejercer tanto proporcionando riadas de información en un solo sentido como ocultándola. A lo que se añade el valor ilimitado de los datos extraídos a miles de millones de ciudadanos, el mayor robo de la historia de la humanidad con el saqueo generalizado del espacio público.

Legado del Informe MacBride

 

El ‘Informe MacBride’, titulado “Un solo mundo, múltiples voces”, fue un hito en la reflexión sobre la democratización de la información y la comunicación global. Su espíritu buscaba pluralidad, equidad y acceso, enfrentando la concentración mediática y la hegemonía de grandes potencias. Hoy, ese legado es más relevante que nunca, pero ha sido sepultado por intereses políticos y económicos, especialmente de empresas supranacionales y gobiernos que controlan flujos informativos.

La irrupción de la IA ha transformado radicalmente el ecosistema informativo, habida cuenta que puede amplificar tanto la diversidad como el pensamiento único, dependiendo de cómo se diseñen y regulen sus algoritmos. Las redes digitales, lejos de ser espacios neutros, se han convertido en arenas de disputa política, donde movimientos ultraconservadores pueden imponer narrativas homogéneas, contrarias al pluralismo defendido por el ‘Informe MacBride’.

Para actualizar el debate, es crucial abandonar la visión instrumental de la tecnología. Las tecnologías computacionales no son solo herramientas, sino que configuran el espacio político, social y cultural. Reconocer su carácter constitutivo permite identificar tanto sus riesgos disruptivos como sus potenciales emancipatorios: pueden ser usadas para la vigilancia y el control, pero también para la organización social, la resistencia y la expresión plural.

La extracción masiva de datos por parte de empresas y gobiernos representa el mayor saqueo de la historia, afectando la privacidad y el espacio público. El control de los datos se ha convertido en una nueva forma de poder, capaz de moldear opiniones, ocultar información y limitar la libertad de expresión. Esto exige una gobernanza internacional renovada, que proteja los derechos de los ciudadanos y promueva la transparencia.

El Nuevo Orden Internacional de la Información y la Comunicación debe recuperar el espíritu del ‘Informe MacBride’, adaptándolo a los desafíos actuales: pluralidad, equidad, protección de datos, regulación de la IA y defensa del espacio público. Solo así se podrá contrarrestar el pensamiento único y abrir posibilidades emancipatorias en la era digital.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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