julio 14, 2026 3:34 pm
Senadora Clara López: “De la Espriella tiene la obligación política y moral de despejar toda duda sobre a quién obedecerá cuando los intereses de Colombia y EE.UU. entren en contradicción”

Senadora Clara López: “De la Espriella tiene la obligación política y moral de despejar toda duda sobre a quién obedecerá cuando los intereses de Colombia y EE.UU. entren en contradicción”

CONFIDENCIAL NOTICIAS /

En su más reciente columna de opinión en la plataforma digital Confidencial Noticias, la senadora Clara López Obregón insistió en la necesidad de que el cuestionado abogado Abelardo de la Espriella, quien ingresará a la Casa de Nariño el próximo 7 de agosto, “tiene la obligación política y moral de despejar toda duda sobre a quién obedecerá cuando los intereses de Colombia y EE.UU. entren en contradicción”.

La dirigente política sostuvo además que la postura esgrimida por el excandidato presidencial Iván Cepeda de ejercer la desobediencia civil hasta que De la Espriella despejé las dudas sobre los compromisos que asumió con Estados Unidos al adoptar su nacionalidad, no solamente tiene asidero jurídico sino ético por cuanto se trata de defender la soberanía colombiana, hoy en serio riesgo por la nueva política exterior que pondrá en marcha la Cancillería de San Carlos y que no es otra que la obsecuencia frente a los dictados de Washington.

El texto de la columna periodística es el siguiente:

Desobediencia civil en defensa de la soberanía

 

POR CLARA LÓPEZ OBREGÓN

El llamado de Iván Cepeda a la desobediencia civil pacífica si Abelardo de la Espriella no renuncia a la ciudadanía estadounidense no puede reducirse a la reacción de un candidato vencido por escaso margen. Cepeda reconoció el resultado electoral, así cuestione su legitimidad. Lo que plantea ahora es una cuestión distinta y más profunda: ¿puede ejercer la Presidencia de Colombia quien, además de ser colombiano, ha jurado fidelidad a otra nación y ha llegado al poder con el respaldo explícito del presidente de esa potencia?

Donald Trump no se limitó a expresar una simpatía ideológica. Intervino directamente en la campaña colombiana desde sus redes sociales, respaldó a Abelardo de la Espriella, llamó “marxista” a Iván Cepeda y prometió que su candidato contaría, de ganar, con “el apoyo y la fuerza total de Estados Unidos”. No fue un comentario diplomático después de las elecciones, sino una toma de partido del gobernante de la principal potencia hemisférica durante la competencia electoral colombiana.

El conflicto de lealtades, por tanto, no es imaginario. No se trata de negar que la Constitución permita la doble nacionalidad. Se trata de advertir que la Presidencia no es un cargo cualquiera. Quien la ejerce dirige las relaciones internacionales, comanda la Fuerza Pública y jura defender la independencia, el interés nacional y la integridad territorial de Colombia.

El presidente electo, Abelardo de la Espriella, ha prestado un juramento a la nación estadounidense que exige fidelidad exclusiva a Estados Unidos y “renunciar por completo a toda lealtad y fidelidad a cualquier príncipe, potentado, estado o soberanía extranjero del que haya sido súbdito o ciudadano hasta ahora”. Además, ha recibido el respaldo personal de Donald Trump.

En consecuencia, Abelardo de la Espriella tiene la obligación política y moral de despejar toda duda sobre a quién obedecerá cuando los intereses de ambos países entren en contradicción. Es preocupante que el Consejo de Estado haya rechazado e inadmitido la demanda de nulidad que buscaba un pronunciamiento judicial sobre este grave conflicto de soberanías, presentada por el exmagistrado Luis Guillermo Pérez.

La preocupación adquiere mayor gravedad al leer la Estrategia de Seguridad Nacional expedida por la administración Trump en noviembre de 2025. Allí se proclama expresamente un “Corolario Trump” de la Doctrina Monroe destinado a restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio. El documento anuncia que Washington buscará “campeones regionales” y que “recompensará y alentará” a gobiernos, partidos y movimientos alineados con sus principios y su estrategia. También contempla ampliar la presencia militar y asegurar acceso a lugares considerados estratégicos.

No estamos, entonces, ante una interpretación suspicaz de la izquierda colombiana. Es la política oficial de Estados Unidos: reclutar aliados internos para garantizar sus intereses económicos, militares y geopolíticos. “America First” significa exactamente eso: primero los intereses estadounidenses, no los colombianos.

El método ya se ha probado. Trump respaldó abiertamente a Nasry Asfura en Honduras y amenazó con retirar ayudas si su candidato no ganaba. En Argentina condicionó el mantenimiento del respaldo financiero estadounidense al triunfo electoral de Javier Milei, después de ofrecer un salvavidas económico multimillonario. El propio Trump afirmó posteriormente que Milei había recibido “mucha ayuda” de Estados Unidos para ganar.

Ese modelo de injerencia augura mal para la soberanía latinoamericana. Y resulta especialmente ofensivo cuando estamos conmemorando los doscientos años del Congreso Anfictiónico de Panamá, convocado por Simón Bolívar para construir una liga de repúblicas independientes capaces de defenderse juntas frente a las grandes potencias. Estamos en pleno bicentenario de ese esfuerzo de unión latinoamericana celebrado entre el 22 de junio y el 15 de julio de 1826. Esta efeméride nos revive la vigencia de la disyuntiva entre bolivarismo y monroísmo: integración entre iguales o subordinación hemisférica.

Abelardo de la Espriella, quien tiene nacionalidad estadounidense es el nuevo aliado de Donald Trump en la región a partir del próximo 7 de agosto.

Frente a semejante peligro, la desobediencia civil es una opción legítima, comoquiera que se trata de una respuesta seria, pública, disciplinada y no violenta ante actos del nuevo gobernante que pretendan socavar la soberanía y el interés nacional. Thoreau se negó a cooperar con un Estado esclavista; Gandhi quebrantó pacíficamente las reglas del dominio colonial; Martin Luther King resistió leyes formalmente vigentes, pero moralmente injustas.

En Colombia podría expresarse mediante concentraciones silenciosas, vigilias, cabildos ciudadanos, marchas con la Constitución, acciones judiciales, boicots selectivos y negativa pacífica a colaborar con decisiones que entreguen bases, recursos, soberanía judicial o autonomía diplomática. No se trata de desconocer el voto popular ni de paralizar indiscriminadamente al país. Se trata de vigilar cada acto concreto de subordinación y oponerle una resistencia constitucional.

Colombia no puede convertirse en protectorado ni aceptar una condición colonial semejante a la que todavía padece Puerto Rico. La amistad con Estados Unidos debe existir entre naciones soberanas, no entre un imperio y sus administradores locales. La desobediencia civil, entendida en la tradición de Gandhi y King, no es violencia ni sedición: es la decisión democrática de no obedecer aquello que pretenda convertir la independencia nacional en una simple formalidad.

@ClaraLopezObre

https://confidencialnoticias.com/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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