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En lo que va corrido el siglo XXI se presenta una reconfiguración contemporánea del proyecto colonial. Se trata del colonialismo de datos, el cual puede entenderse como un dispositivo en el que la apropiación de territorios, cuerpos y recursos naturales es sustituida —sin desaparecer— por la extracción masiva de datos producidos por la vida cotidiana de poblaciones enteras.
Así como el colonialismo clásico se sostuvo en la expropiación de tierras, trabajo y saberes, el colonialismo de datos se fundamenta en la captura, acumulación y valorización de información generada por interacciones sociales, culturales, afectivas y políticas.
Esta nueva fase no reemplaza al colonialismo histórico, sino que se superpone y se apoya en sus asimetrías previas. Los flujos globales de datos reproducen la división centro–periferia: los datos se extraen mayoritariamente del Sur Global y de poblaciones racializadas, mientras que el procesamiento, la propiedad y el beneficio económico se concentran en corporaciones tecnológicas y Estados del Norte Global. De este modo, los datos operan como una materia prima colonial, indispensable para el funcionamiento del capitalismo contemporáneo.
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Dimensión comunicacional: plataformas, extractivismo y producción de subjetividad
Desde una perspectiva comunicacional, el colonialismo de datos se articula a través de plataformas digitales que median casi todas las formas de interacción social: comunicación interpersonal, consumo cultural, trabajo, educación y participación política. Estas plataformas no solo facilitan la comunicación, sino que convierten la comunicación misma en una fuente de extracción de valor.
Cada mensaje, imagen, búsqueda o desplazamiento geolocalizado se traduce en datos que son recopilados de manera opaca; procesados mediante algoritmos propietarios; y utilizados para modelar comportamientos, predecir acciones y orientar decisiones.
Este régimen comunicacional produce una asimetría radical de visibilidad y poder: las plataformas y los Estados ven, clasifican y anticipan a los sujetos, mientras que los sujetos desconocen cómo son observados, evaluados o jerarquizados. Así, la comunicación deja de ser solo un espacio de expresión y se transforma en un dispositivo de gobierno, donde la subjetividad es moldeada por métricas, recomendaciones algorítmicas y economías de la atención.
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Capitalismo racial y jerarquización algorítmica
El colonialismo de datos no es neutral. Está profundamente imbricado con el capitalismo racial, entendido como un sistema que produce valor económico a partir de la racialización diferencial de poblaciones. Los sistemas algorítmicos heredan y amplifican estas desigualdades, ya que se entrenan con datos históricos marcados por racismo, clasismo, patriarcado y colonialidad.
En términos sociológicos, esto se manifiesta en: sistemas de vigilancia intensiva sobre poblaciones pobres, migrantes o racializadas; tecnologías predictivas que refuerzan estigmas (por ejemplo, en seguridad, crédito o asistencia social); y una distribución desigual de los riesgos y beneficios de la digitalización.
El resultado es una jerarquización algorítmica de la vida social, donde ciertos cuerpos y territorios son convertidos en objetos de control, experimentación y extracción, mientras otros concentran capacidad de decisión, diseño tecnológico y acumulación de capital.
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Soberanía, gobierno de los datos y poder estatal-corporativo
Políticamente, el colonialismo de datos se sostiene en una alianza entre Estados y corporaciones tecnológicas, que comparten infraestructuras, bases de datos y capacidades de análisis. Esta articulación redefine la noción de soberanía: ya no se trata solo del control territorial, sino del control de la información sobre la población.
Los Estados utilizan datos para gobernar, predecir y gestionar poblaciones, mientras que las corporaciones influyen en políticas públicas, procesos electorales y marcos regulatorios. En muchos contextos del Sur Global, esta dependencia tecnológica implica una pérdida de soberanía digital, donde infraestructuras críticas y datos sensibles quedan en manos de actores externos.
De este modo, el colonialismo de datos configura un régimen de poder postcolonial, en el que la dominación se ejerce menos por la fuerza directa y más por la administración algorítmica de la vida.
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Prácticas colectivas y descoloniales para enfrentar el colonialismo de datos
Frente a este escenario, las respuestas no pueden ser únicamente individuales ni tecnocráticas. Enfrentar el colonialismo de datos requiere prácticas colectivas, políticas y descoloniales, entre ellas:
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Soberanía de los datos: impulsar marcos legales y comunitarios que reconozcan los datos como bienes colectivos, especialmente aquellos producidos por comunidades históricamente explotadas.
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Tecnologías situadas y comunitarias: promover el desarrollo de infraestructuras digitales locales, cooperativas y de código abierto, diseñadas desde las necesidades y saberes de los territorios.
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Alfabetización crítica y política de los datos: no solo aprender a “usar” tecnologías, sino comprender cómo operan, qué relaciones de poder reproducen y cómo pueden ser reapropiadas.
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Epistemologías: descoloniales: cuestionar la idea de que los datos son objetivos y universales, reconociendo que toda producción de datos implica una visión del mundo, una ontología y una jerarquía de valores.
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Articulación de luchas: vincular la crítica al colonialismo de datos con luchas feministas, antirracistas, indígenas, campesinas y ambientales, entendiendo que todas enfrentan formas conectadas de extractivismo.
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Extractores y extraídos
El colonialismo de datos no es simplemente un problema tecnológico, sino una forma contemporánea de dominación estructural. Al igual que el colonialismo histórico, organiza el mundo en función de quién extrae, quién es extraído y quién se beneficia. Sin embargo, también abre un campo de disputa: los datos, la tecnología y la comunicación pueden ser reapropiados como herramientas de autonomía, memoria y emancipación colectiva.
Pensar y practicar una descolonización de los datos implica, en última instancia, imaginar otras formas de vida digital, donde la tecnología no profundice la desigualdad, sino que sostenga relaciones más justas entre conocimiento, poder y comunidad.
Una lógica histórica que hoy se reconfigura
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El libro colectivo ‘Resistir al colonialismo de datos. Una intervención práctica’ (FES Comunicación, Bogotá, diciembre 2025) reúne a un amplio grupo internacional de autoras y autores provenientes de los estudios de comunicación, la sociología crítica, el pensamiento decolonial, la economía política y el activismo tecnológico. La obra parte de una afirmación contundente: el colonialismo no es un fenómeno superado, sino una lógica histórica que hoy se reconfigura y se intensifica a través de la extracción masiva de datos.
Lejos de utilizar el concepto como metáfora, el libro sostiene que estamos ante una nueva fase material del colonialismo, articulada con el capitalismo digital y la expansión global de plataformas tecnológicas.
La estructura del volumen combina marcos teóricos, análisis críticos y experiencias situadas de resistencia, lo que le permite trascender el diagnóstico abstracto. Desde la introducción —“Algo está mal con la extracción de datos”— hasta el llamado final a la acción colectiva, el trabajo bibliográfico propone comprender la dataficación como un proceso de despojo sistemático de la vida social, comparable en su lógica a los acaparamientos coloniales de tierras, cuerpos y recursos naturales.
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Un texto clave del volumen es el del sociólogo y comunicólogo británico Nick Couldry, que funciona como andamiaje conceptual del conjunto. Allí se afirma que la vida cotidiana —movimientos, vínculos, emociones, decisiones— ha sido transformada en materia prima extraíble, produciendo valor económico para las empresas tecnológicas y valor político para los Estados, en forma de nuevas capacidades de control y gobierno de las poblaciones. Esta tesis articula el libro en su totalidad y le otorga coherencia política e intelectual.
De la mediación a la extracción
Desde el campo de la comunicación, el libro realiza un desplazamiento fundamental: deja de pensar las plataformas digitales como espacios de mediación simbólica para analizarlas como infraestructuras extractivas. La comunicación ya no aparece solo como circulación de sentidos, sino como captura permanente de prácticas sociales. Cada interacción comunicativa —un mensaje, un clic, una reacción emocional— se convierte en un dato que puede ser almacenado, combinado y monetizado.
Este enfoque cuestiona de raíz las narrativas dominantes sobre la “participación”, la “conectividad” o la “expresión” en entornos digitales. El libro muestra cómo el discurso de la neutralidad tecnológica funciona como velo ideológico, ocultando relaciones profundamente asimétricas entre quienes producen datos (usuarios, comunidades, territorios) y quienes los apropian (corporaciones y Estados).
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En este sentido, la comunicación deja de ser un derecho o un espacio de intercambio para convertirse en una zona de extracción continua, donde incluso la emocionalidad es capturada y traducida en valor.
Soberanía, poder y gobierno algorítmico
En el plano político, la obra inscribe la cuestión de los datos en una discusión más amplia sobre poder, soberanía y democracia. El libro sostiene que la apropiación masiva de datos produce un conocimiento asimétrico, concentrado en pocas manos, que permite anticipar comportamientos, modular decisiones y gestionar poblaciones con una eficacia inédita.
Este nuevo régimen de poder no reemplaza al colonialismo histórico, sino que lo continúa bajo otras formas. Si antes el control se ejercía sobre territorios físicos, hoy se ejerce sobre los flujos de la vida social. Las plataformas digitales operan como nuevas metrópolis, mientras que vastos sectores del Sur Global se convierten en territorios de extracción de datos, muchas veces sin marcos regulatorios, capacidades de negociación ni beneficios reales.
El libro enfatiza que esta situación no es inevitable ni meramente técnica. Se trata de una decisión política sostenida por marcos legales, acuerdos internacionales y discursos de innovación que naturalizan la concentración del poder. Frente a ello, la obra propone pensar la resistencia al colonialismo de datos como una lucha por la soberanía, no solo estatal, sino también comunitaria y social.
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La vida social como materia prima
Desde una perspectiva sociológica, la tesis más potente del libro es que la vida social misma se ha transformado en materia prima. A diferencia de otras fases del capitalismo, aquí no se extrae únicamente trabajo o recursos naturales, sino relaciones sociales, afectos, hábitos y formas de estar en el mundo. La dataficación no es un proceso externo a la sociedad: la atraviesa y la reconfigura.
El libro muestra cómo esta extracción permanente produce nuevas formas de desigualdad, no siempre visibles. No todas las poblaciones son extraídas del mismo modo ni con las mismas consecuencias. Comunidades racializadas, feminizadas o empobrecidas suelen ser más intensamente vigiladas, clasificadas y gobernadas mediante datos, reproduciendo lógicas coloniales de jerarquización y control.
Al mismo tiempo, la obra subraya que la resistencia no puede pensarse solo en términos individuales (privacidad, elección personal), sino como práctica colectiva y situada. Las experiencias que recoge el libro —desde activismos comunitarios hasta propuestas de infraestructura alternativa— apuntan a reconstruir la relación entre tecnología y vida social desde principios de justicia, cuidado y autodeterminación.
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Este es un libro políticamente urgente y teóricamente sólido. Su principal aporte consiste en nombrar con claridad un régimen de poder en curso, evitando tanto el tecnofetichismo como el rechazo simplista de las tecnologías digitales. Al inscribir la dataficación en una historia larga de colonialismo, el volumen ofrece herramientas conceptuales para comprender el presente y, sobre todo, para imaginar formas de resistencia colectiva.
En un contexto latinoamericano marcado por desigualdades estructurales y dependencias tecnológicas, este texto se vuelve una referencia clave para los estudios de comunicación, la sociología crítica y el pensamiento político contemporáneo. En efecto, la obra interpela de manera particular a América Latina y el Caribe, una región históricamente atravesada por dinámicas coloniales que hoy se reconfiguran en clave digital.
El libro invita a mirar plataformas, algoritmos e inteligencias artificiales no como simples herramientas, sino como territorios en disputa. Más que un diagnóstico, es una intervención: una invitación a disputar el sentido, el uso y el control de los datos como condición para defender la vida social misma.
Acceso al libro
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Para acceder al libro en archivo PDF, ingresar al siguiente enlace:
Resistir al colonialismo de datos. Una intervención práctica



