POR ÓSCAR GUTIÉRREZ GUÁQUETA
¿Porque la violencia desmedida contra la protesta pacífica? Desde el pasado 14 de octubre la Policía viene utilizando el «estatuto antiterrorista» para aplicar la fuerza bruta ilimitada contra los ciudadanos que realizan protesta pacífica y reprimir sin límites mal interpretando el «orden público» en las ciudades y poblaciones colombianas, tratándolo como una confrontación armada, violando la Constitución Política y el Derecho Internacional Humanitario (DIH).
Para ello se recurre a las Fuerzas Armadas y le otorga patente de corso a la Policía, que es una institución de carácter civil. Ya no existe diferencia entre estos dos aparatos represivos. Ambos, sin límites en el uso de las armas, operan contra civiles desarmados como si fueran insurgentes o narcos. La brutalidad de corte fascista de sus actos ha recibido el apoyo de los políticos de derecha y ultraderecha, quienes aplauden y piden más facultades para la fuerza pública, alcaldes y gobernadores que también están dotados de superpoderes para ordenar mayor represión.

La oposición y los líderes sociales en esta época de la Colombia de De la Espriella transitan por estos «estatutos de muerte» pero de manera pacífica y jurídica han asumido el desafío de derrotalosr en las calles. Así se observa en el mundo donde la derecha fascista se quiere mantener y ampliar su poder a través de la guerra y la represión militar contra el pueblo. Es la orden de Trump ante su crisis interna y externa, que utiliza a sus títeres para la ocupación al estilo Gaza y apoderarse de recursos y dominio territorial.
La represión salvaje en Colombia desplegada por el aprendiz de dictador Abelardo de la Espriella tiene su justificación para gobernar a favor de los más ricos, las multinacionales, otorgándoles toda clase de excepciones económicas, facilitando el extractivismo y eliminando la consulta previa.


Entre tanto, los corporativos medios de comunicación arrodillados y haciendo apología a la represión son mudos, sordos y ciegos ante los acontecimientos. Es el regreso al fascismo de Laureano Gómez con su familia hoy en el poder.
El mundo por suerte reacciona y Colombia también. No hay otro camino que multiplicar las movilizaciones pacíficas, pero de masas, las demandas y denuncias internacionales y la acción jurídica. Es la garantía para la democracia y preservar la vida.



