octubre 20, 2026 12:00 pm
¿De qué se quejan? ¡Arturo Calle, usted también es responsable de la situación que está denunciando!

¿De qué se quejan? ¡Arturo Calle, usted también es responsable de la situación que está denunciando!

POR STELLA RAMÍREZ GRANOBLES

Hay decisiones políticas que se toman con entusiasmo, se defienden con vehemencia y, cuando la realidad toca a la puerta, algunos pretenden que nadie les cobre la palabra.

Arturo Calle, reconocido empresario colombiano, ha expresado su preocupación por la pérdida de cerca de 2.000 empleos en su compañía y ha señalado la caída de las ventas y la competencia de plataformas extranjeras como factores de esa situación.

Es una preocupación legítima.

Detrás de cada empleo perdido hay una familia que ve amenazada su estabilidad económica. Sin embargo, también hay preguntas incómodas que merecen respuestas.

¿Qué modelo de país respaldaron?

Cuando se promueve un proyecto político como la solución a los problemas nacionales, lo mínimo que cabe exigir es coherencia entre las promesas electorales y las propuestas económicas que se defienden y por las que se votaron.

¿Cuántos de esos 2000 empleados que hoy no tienen trabajo, fueron inducidos a votar por el proyecto político que apoyó el señor Calle? Sólo pregunto.

Por eso, también es legítimo seguir preguntando qué soluciones concretas ofrece ese proyecto frente a las dificultades que hoy denuncia el sector empresarial.

Ahora bien, el empresario señala a plataformas como Temu y Shein por la competencia que representan para el comercio tradicional. Pero ¿por qué responsabilizarlas de todos los males si su presencia en el mercado no es nueva y las empresas nacionales han continuado operando durante ese tiempo?

La competencia extranjera existe y plantea desafíos reales. Sin embargo, atribuirle por sí sola la caída de las ventas sería una explicación incompleta. Porque hay algo que las empresas no deberían olvidar: el consumidor compra donde su bolsillo se lo permite.

En las plataformas chinas se encuentran prendas atractivas, de diferentes estilos y, en todos los casos, a precios considerablemente inferiores a los de las tiendas de marca de los centros comerciales, que, en la mayoría de los casos, también importa de China los productos de sus vitrinas a precios premium.

Allí está la diferencia.

Como sucede en cualquier mercado, hay diferencias entre productos, materiales, calidad y vendedores. Pero sería un error ignorar que esos precios están modificando los hábitos de consumo.

Y aquí quiero compartir una experiencia personal que ilustra esta discusión.

Necesitábamos con urgencia una tapa para el depósito del líquido de frenos de nuestro vehículo.

la habíamos pedido por Temu, donde costaba apenas $6.500. pero, el tiempo de entrega no nos ayudó y tuvimos que comprarla en una plataforma nacional por $50.000.

Cuando llegó el pedido de Temu , comprobamos que era exactamente la misma tapa que habíamos comprado en la plataforma nacional. No era parecida, no era una versión alternativa: ¡era idéntica!

¿La diferencia? En Colombia pagamos $50.000; en Temu, $6.500. Es decir, una diferencia de $43.500 por el mismo producto.

¡Que alguien me explique esa diferencia! ¿De qué se quejan entonces?

¿De la competencia extranjera o de que el consumidor está descubriendo que puede conseguir el mismo producto por una fracción del precio?

Esta experiencia particular no significa que todos los comerciantes nacionales tengan precios abusivos, pero sí demuestra por qué los consumidores comparan, buscan alternativas y dejan de comprar donde su dinero rinde menos.

Porque el consumidor no tiene la obligación de pagar más por el mismo producto para proteger el margen de ganancia de una empresa.

El comprador tiene derecho a buscar el mejor precio y a preguntarse qué justifica diferencias tan abismales.

Además, si se cuestionan las importaciones provenientes de China, también es legítimo preguntar qué insumos y componentes importa la propia industria nacional desde ese país.

La discusión debe ser completa y no acomodarse a la conveniencia de cada momento.

Por supuesto, defender la industria colombiana es importante. Los empleos, la producción nacional y las familias que dependen del comercio merecen protección.

Pero esa defensa no puede consistir únicamente en señalar a la competencia extranjera: también exige revisar costos, márgenes comerciales, innovación, productividad y capacidad adquisitiva de los colombianos.

¡Qué fácil es vender esperanzas desde una campaña! Lo difícil es convertirlas en resultados.

La economía real no funciona con consignas. Funciona con producción, empleo, capacidad adquisitiva, competencia y consumidores que deciden dónde y cómo gastar su dinero.

La llamada «Patria Milagro» no se construye culpando al consumidor por buscar mejores precios ni señalando a la competencia sin examinar el conjunto del mercado.

Se construye con propuestas serias, reglas justas, una industria competitiva y empleos dignos.

Señor Arturo Calle, la pregunta sigue en pie: ¿de qué se quejan quienes respaldaron un proyecto político que prometía soluciones, cuando esas soluciones también deben medirse frente a las dificultades que hoy enfrenta el empresariado?

El empresariado colombiano le apostó a un nuevo modelo de país, porque el anterior modelo donde reportaban millonarias ganancias no les gustó, allí están los resultados y que más decir, si esto apenas empieza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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