POR PABLO MERIGUET /
Las elecciones se celebrarán el próximo 12 de abril en medio de una crisis política crónica. La diferencia entre los favoritos y los candidatos rezagados es tan estrecha que el resultado es impredecible.
En menos de dos semanas, los peruanos acudirán a las urnas para elegir a su próximo Presidente y renovar el Congreso. Un total de 35 candidatos compiten por la Presidencia de la República, aunque pocos superan el 5 % en las encuestas. Es difícil predecir el resultado, sobre todo porque la desilusión y la apatía de la ciudadanía podrían impulsar el voto a un candidato ajeno al sistema que logre captar la atención de un público harto de una clase política incoherente e incapaz de lograr consensos.
El país andino atraviesa una crisis política crónica tras una rápida sucesión de líderes: ocho presidentes en diez años. El último presidente electo fue el izquierdista Pedro Castillo, quien fue destituido y encarcelado tras intentar convocar una Asamblea Constituyente para reemplazar la Constitución peruana, un documento neoliberal que beneficia profundamente a ciertas élites económicas nacionales e internacionales y cuyo núcleo alberga un marco institucional diseñado para sabotear cualquier proceso político transformador y redistributivo.
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Tras su destitución, la vicepresidenta de Castillo, Dina Boluarte, asumió el cargo. Rápidamente se distanció de su antiguo aliado y gobernó favoreciendo a las élites locales y los intereses geopolíticos de Estados Unidos.
Boluarte fue responsable de liderar la brutal represión contra las manifestaciones que estallaron en todo el Perú, exigiendo la liberación de Castillo y su restitución como Presidente. El resultado de las manifestaciones, que duraron varios meses, fue de más de 50 muertos y cientos de heridos, por los cuales Boluarte se encuentra actualmente bajo investigación.
Pero no fue su presunta implicación en abusos contra los derechos humanos lo que provocó la destitución de Boluarte, sino un supuesto escándalo de corrupción que los partidos que controlaban el Congreso aprovecharon para expulsarla una vez que dejó de serles útil. Posteriormente, José Jerí ejerció como presidente interino durante apenas cuatro meses, y fue sucedido por José María Balcázar, quien declaró que su administración se centraría especialmente en la transición de poder al nuevo líder.
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Los “innumerables” candidatos presidenciales
Las elecciones de este año serán bastante inusuales. La lista de candidatos presidenciales incluye 35 nombres, una cifra récord para el país. Lo que podría interpretarse como una muestra de la fortaleza del pluralismo democrático es, en realidad, otro indicio de la debilidad del sistema político peruano.
Según las encuestas, ninguno de los candidatos parece superar el 12 % de las preferencias electorales. Sin embargo, la fragmentación política no implica una gran diversidad ideológica. La mayoría recurre a un discurso que roza el populismo, prometiendo a los votantes «milagros» imposibles de lograr, solo para ganar unos pocos votos. Esta actitud, que podría considerarse reprobable desde un punto de vista moral, tiene una justificación pragmática: con el voto tan dividido, un candidato podría pasar a la segunda vuelta sin un apoyo popular significativo.
Esto quedó demostrado mediante una auditoría técnica de los planes de gobierno de los candidatos. Según el Instituto para el Desarrollo Industrial Sostenible (IDIS), casi el 85 % de las propuestas de los candidatos se basan en ilusiones sin fundamento para su implementación, ya sea por falta de financiación o de capacidad institucional para llevarlas a cabo.
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A pesar de los llamamientos de IDIS para que se reformulen los planes en función de la realidad del país, a la mayoría de los candidatos en el remedo de democracia representativa peruana parece importarles poco si las propuestas son absurdas o realistas, siempre y cuando les permitan acumular votos.
¿Quién lidera las encuestas?
A pesar de la marcada fragmentación política, están surgiendo algunos candidatos destacados. Según la encuestadora Ipsos, la principal candidata, con el 11 % de los votos, es la derechista Keiko Fujimori, hija del exdictador peruano Alberto Fujimori, condenado por varios delitos graves. Sin duda, Keiko ha construido su perfil político apelando a quienes alguna vez apoyaron a su cuestionado y fallecido padre, aunque esa lealtad, tan simbólica, ha llevado a gran parte de la sociedad peruana a rechazarla como candidata presidencial viable. Keiko parece tener un apoyo particularmente fuerte en la capital, Lima, y en el oriente del país.
En segundo lugar, se encuentra el exalcalde de la capital, el ultraderechista Rafael López Aliaga, del Partido Renovación Popular, quien, según las encuestas, cuenta con el 9 % de los votos. López Aliaga, empresario de profesión, es miembro de pleno derecho del Opus Dei y mantiene una postura firmemente antiabortista, lo que le ha permitido obtener el apoyo de los sectores más reaccionarios de la sociedad peruana.

Siguiendo la línea de un discurso intransigente contra el crimen (algo que Fujimori y López repiten siempre que pueden), se encuentra el comediante Carlos Álvarez. El candidato de Patria Para Todos realizó una parodia cómica de uno de los candidatos durante un debate presidencial, y en otro apareció junto a un personaje memorable de un programa de comedia local, lo que ha captado la atención de un sector del electorado claramente desencantado con el sistema político peruano. Álvarez se ubica tercero con un 7 % de apoyo.
El primer candidato que mantiene una postura moderada es Jorge Nieto, del Partido Buen Gobierno, quien obtiene el 5 % de los votos. Le sigue el candidato de centroizquierda Alfonso López Chau, de Ahora Nación, con el 4 %.
López Chau parece contar con mayor apoyo en el sur del país. Empatado con él se encuentra Roberto Sánchez, el único candidato de izquierda.
Detrás de ellos en las encuestas se encuentra un gran número de candidatos con menos del 2 % de apoyo, como Ricardo Belmont, César Acuña, Fernando Olivera, Marisol Pérez Tello, Yonhy Lescano y Ronald Atencio.
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¿Quién podría ganar las elecciones?
Sería un error descartar a cualquier candidato. A menos de dos semanas de las elecciones, uno de los candidatos que lideran las encuestas podría perder terreno, mientras que otro que va rezagado podría ganar apoyo, asegurándose así un puesto en la segunda vuelta. Y entonces, dependiendo de quién llegue a la segunda vuelta, la evaluación tendría que cambiar. Las variables son enormes.
Esta volatilidad implica que los candidatos se esmeran en mantener la imagen que han proyectado para estas elecciones, aunque no es descabellado pensar que alguno de los 35 candidatos podría atreverse a realizar una maniobra que atraiga mucha atención para ganar algunos puntos en la contienda. Esto es especialmente importante si se tiene en cuenta que casi un tercio de los peruanos aún no ha decidido por quién votar.
En resumen, nada está escrito en piedra. Perú volverá a ser escenario de incertidumbre, generada en gran medida por su propio sistema político: cansancio, indiferencia, ira e incluso resentimiento. Y no es que las élites económicas y políticas desconozcan estos síntomas, sino que han aprendido a utilizarlos para mantener el control y asegurar que nada cambie.



