abril 10, 2026 6:53 am
“La equidad es el camino del desarrollo”: mensaje del candidato Iván Cepeda en el acto de protocolización del respaldo de la senadora Clara López y el movimiento Todos Somos Colombia

“La equidad es el camino del desarrollo”: mensaje del candidato Iván Cepeda en el acto de protocolización del respaldo de la senadora Clara López y el movimiento Todos Somos Colombia

El candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda, durante su intervención en el multitudinario acto político de apoyo de la senadora Clara López a su aspiración presidencial.

POR IVÁN CEPEDA CASTRO /

Texto del discurso pronunciado por el candidato presidencial del Pacto Histórico, Iván Cepeda Castro, durante el multitudinario acto de respaldo a su nombre de la senadora Clara López Obregón, su movimiento político Todos Somos Colombia (TSC) y el partido Esperanza Democrática, Hotel Gran Park, Bogotá D.C., 8 de abril de 2026.

Queridas compañeras y queridos compañeros:

Me complace esta noche saludar el acuerdo que hemos suscrito con mi amiga y compañera Clara López Obregón, los movimientos Esperanza Democrática, Todos Somos Colombia y de otras corrientes políticas.

Se trata ni más ni menos que de la expresión de una convergencia plural, de un grupo de mujeres y hombres con trayectoria, con ideas, con historia, que hoy deciden seguir fortaleciendo la Alianza por la Vida.

Una alianza que no nace de la coyuntura, sino de una historia de luchas sociales, de unir fuerzas mediante paciente construcción para continuar transformando a Colombia, y que, estoy seguro, nos conducirá a la victoria en las elecciones presidenciales del próximo 31 de mayo, cuando triunfemos en primera vuelta.

Quiero detenerme, de manera especial, en una figura que honra esta convergencia: Clara López Obregón. Economista, abogada, senadora de la República, exalcaldesa de Bogotá, exministra del Trabajo.

El aspirante presidencial Iván Cepeda acompañado por las senadoras Clara López Obregón, Gloria Flórez, María José Pizarro y el exgobernador de Nariño, Camilo Romero Galeano.

Pero, sobre todo, una dirigente visionaria que ha sabido construir puentes. Una mujer que ha entendido que la política, en su sentido más noble, es el arte de congregar voluntades para producir los grandes cambios en la sociedad.

Como lo decía, una gran mujer dedicada a la filosofía, Hannah Arendt, el poder de la humanidad radica en su capacidad de realizar la acción colectiva a través de la concertación, a través del diálogo y del acuerdo.

Desde muy temprano en su vida pública, Clara asumió con valentía el camino del cambio social. Cuando hacerlo implicaba riesgos, estigmatización y aislamiento, ella decidió acercarse, sin temores, a las fuerzas que luchaban por una Colombia distinta.

Recordémoslo. Corrían los tiempos del genocidio político contra la Unión Patriótica (UP). Una época en que los encuentros semanales de la izquierda se hacían en los cementerios del país para despedir al dirigente o a la dirigente de turno que habían asesinado.

Oscuros tiempos en que el solo gesto de simpatía hacia la izquierda podía ser señalado como una falta imperdonable, como una traición de clase, como el motivo de la amenaza e incluso del atentado contra la vida.

En esa época en que sectores de la clase política tradicional asumía la actitud cómplice del silencio vergonzante, cuando justificaban o se alejaban con pánico de los dirigentes de la UP amenazados, Clara dio un paso valiente hacia el encuentro, hacia el diálogo, hacia la construcción de un proyecto común e ingreso a las filas del movimiento que estaba siendo exterminado.

Fue pionera en momentos decisivos de nuestra historia reciente. Lo fue al alzar su voz frente al horror de los llamados falsos positivos, cuando muchos guardaban silencio.

Lo fue al contribuir a las denuncias que permitieron avanzar en los juicios contra la parapolítica.

Lo fue también cuando, en una hora crucial para la paz, comprendió, junto a nuestro compañero presidente Gustavo Petro, la importancia de consolidar la reelección del presidente Juan Manuel Santos, una decisión que abrió el camino al Acuerdo de Paz de 2016 y que, sin duda, transformó el destino de Colombia.

En los años que compartimos en la dirección del Polo Democrático, al lado de nuestro gran maestro Carlos Gaviria Díaz, siempre estuvo pensando el país, desafiando los límites de lo posible, abriendo caminos para el progresismo y para un pensamiento emancipador que hoy ha comenzado a plasmarse en realidades políticas y sociales.

Por todo ello, lo digo con gratitud, recibir hoy su respaldo es un gran honor para el Pacto Histórico y las fuerzas que se han unido a nuestro proceso.

Su confianza no solo fortalece esta candidatura, sino que reafirma la posibilidad de construir un segundo gobierno progresista, social, demócrata, reformista y transformador.

Nuestra sociedad y nuestra tradición política, ha sido durante mucho tiempo el campo del imperio del patriarcado. Gracias a mujeres como Clara se han abierto caminos para que hoy muchas otras mujeres puedan ejercer, como debe ser, plenamente sus derechos en la vida pública.

Gracias, Clara López Obregón, por tu confianza. Gracias por tu ejemplo.

Y gracias también a los demás sectores y dirigentes que se han ido uniendo en esta Alianza por la Vida, que hoy se fortalece para seguir transformando la historia de Colombia.

Como lo dije anoche, en otro escenario de encuentro -cuando el ala progresista de la Alianza Verde anunció su respaldo a nuestra candidatura-, esta convergencia que hoy crece y se fortalece no es un acuerdo vacío ni una suma de intereses pasajeros.

Es, ante todo, la construcción consciente de un camino común alrededor de un programa sólido, pensado para consolidar el cambio, para generar oportunidades reales y para abrir las puertas del progreso al pueblo colombiano.

Nuestra unidad tiene un propósito claro, seguir transformando el rumbo del país.

Uno de los pilares fundamentales de ese propósito es poner el modelo económico al servicio de la gente, al servicio de la vida. No al servicio de la codicia y la ambición individuales.

Un modelo que deje de estar orientado exclusivamente a la acumulación y que, en cambio, tenga como horizonte la erradicación de la pobreza y la superación de la desigualdad social que por décadas han marcado nuestro destino.

Esta no es una consigna vacía. Es una convicción profunda. Es la certeza de que no habrá democracia plena mientras millones de colombianos y colombianas sigan viviendo en condiciones de exclusión, sin acceso a derechos básicos, sin oportunidades, sin dignidad.

Por eso, nuestra propuesta se inscribe en una idea que recorre hoy a nuestra América Latina, una idea sencilla pero poderosa, que ha sido expresada con claridad desde México: «Por el bien de todos, primero los pobres».

Se trata de una definición ética y política. De elegir de qué lado estamos en la historia.

Es, en esencia, una opción preferencial por quienes han sido sistemáticamente marginados, por quienes han cargado el peso de un modelo que concentró la riqueza y distribuyó la desigualdad.

Es decidir que el centro de la acción del Estado debe ser los más vulnerables, los olvidados, los que han resistido en silencio, los territorios de la Colombia profunda.

Desde la reflexión moral y espiritual, voces del mundo, nos interpelan sobre la urgencia de este compromiso. Como nos lo ha recordado recientemente el papa León XIV ha llegado la hora de poner por delante la opción preferencial por los pobres en la sociedad. Dice el Paра:

“La condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos. En el rostro herido de los pobres encontramos impreso el sufrimiento de los inocentes y, por tanto, el mismo sufrimiento de Cristo».

Pero también, como en estos días me lo recordaba Clara López, esa es la conclusión a la que han llegado las más recientes teorías económicas emanadas del período de la pospandemia.

Este pensamiento se muestra como un camino que no solo corresponde a un imperativo ético, sino también a un camino perfectamente viable, e incluso necesario.

La equidad social, la productividad y el crecimiento económico no pueden seguir siendo concebidos como términos contradictorios y excluyentes.

El mito equivocado de que el aumento del salario mínimo llevaba a la catástrofe económica ha sido controvertida ya por los hechos tanto en América Latina como en Colombia. El aumento salarial lleva al crecimiento económico, a la disminución del desempleo y de la inflación.

Así lo ha demostrado, de manera exitosa nuestro Gobierno, bajo la correcta conducción de nuestro compañero presidente, Gustavo Petro Urrego.

El presidente Petro deja sembrado un camino hacia la transformación productiva de largo plazo que necesita Colombia.

Apuestas estratégicas cómo la Reforma Agraria, la transición energética y la reindustrialización han empezado a ser los motores de una nueva economía.

Así como lo reseña el Centro de Pensamiento Vida en su informe titulado «El modelo económico está cambiando» el Gobierno deja contundentes resultados en la transición de un modelo rentistaextractivo a uno productivo, con niveles de crecimiento económico que ha beneficiado a los más pobres.

Mi Gobierno, nuestro segundo Gobierno progresista que elegiremos el próximo 31 de mayo, consolidará ese legado.

Esta transformación exige un plan que, por supuesto incluya al empresariado que le apuesta a la producción nacional y no al rentismo, pero que también incluya a las economías populares y campesinas cómo sujetos del desarrollo y no como receptoras de subsidios como ocurrió en el fracasado modelo neoliberal.

Es cierto que Colombia ha sido especialmente afectada por el modelo neoliberal.

Es cierto que ha sido considerada, por mucho tiempo, una de las sociedades más desiguales del planeta.

Pero también es cierto que Colombia ya empezó a cambiar ese rumbo.

También es cierto que hoy comenzamos a ver resultados que nos permiten afirmar que ese camino no solo es posible, sino necesario.

Es cierto que podemos realizar una revolución productiva que sobre la equidad y la justicia social haga de Colombia una Potencia Mundial de la Vida.

Compañeras y compañeros:

La llegada de Clara López Obregón y la presencia de nuestra candidata vicepresidencial Aída Quilcué son también una señal clara del carácter antipatriarcal de nuestro proyecto.

Somos un proyecto que tiene la gran virtud de contar con liderazgos de mujeres que se han formado y que hoy dirigen desde la consistencia humana y política de las resistencias y la dignidad de nuestro pueblo y de nuestros pueblos.

Mujeres que han demostrado que saben gobernar y conducir transformaciones profundas. Por eso, este será un gobierno que seguirá transformando al país.

Que pondrá en primer plano a las mujeres, reconociendo sus derechos, abriendo espacios para el desarrollo pleno de sus inmensas capacidades y haciendo de sus demandas y propuestas un eje central de su política.

Por esas y muchas otras razones, porque somos el gran Pacto Histórico y la gran Alianza por la Vida, ganaremos en primera vuelta e iniciaremos el camino de la segunda ola de transformaciones progresistas y democráticas de la sociedad colombiana.

Y para hacerlo debemos marcar la primera casilla para ganar en primera vuelta: arriba y a la izquierda.

Muchas gracias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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