mayo 13, 2026 11:03 pm
Reconfiguración del poder global en la era digital

Reconfiguración del poder global en la era digital

Cecilia Rikap, autora del libro 'Teoría de la dependencia digital'.

TSC /

La expansión del desarrollo digital ha desplazado el eje clásico del poder internacional desde el dominio territorial hacia el control de infraestructuras, datos, capacidades computacionales y regímenes de propiedad intelectual. En este escenario, las grandes compañías tecnológicas (Big Tech) no actúan simplemente como empresas dominantes, sino como nodos estratégicos capaces de condicionar la soberanía de los Estados, orientar agendas regulatorias y definir los umbrales de acceso a la innovación, una tendencia señalada en análisis recientes sobre su creciente influencia geopolítica y sobre la centralidad de los llamados monopolios intelectuales en la economía global.

Desde una perspectiva tecnológica, su poder no reside solo en producir herramientas, sino en controlar plataformas, nubes, semiconductores, modelos de Inteligencia Artificial y ecosistemas enteros de investigación, lo que les permite fijar el ritmo de la producción y capturar valor a partir de conocimiento generado socialmente en múltiples territorios.

Sociológicamente, esta dinámica reordena las dependencias contemporáneas: ya no se trata únicamente de una relación binaria entre metrópoli y colonia, ni puede reducirse sin más a la metáfora del “tecnofeudalismo”, sino a una cartografía más compleja, donde actores corporativos metaestatales subordinan economías, instituciones científicas y mercados laborales mediante mecanismos de extracción de datos, estandarización tecnológica y concentración de capacidades cognitivas.

El resultado es un orden asimétrico en el que la dominación se ejerce menos por ocupación directa que por la capacidad de intermediar, privatizar y reapropiarse del conocimiento producido por el resto del planeta.

Se trata de la expansión de los “monopolios intelectuales” en los que las grandes tecnológicas subrayan su papel en la reescritura del poder geopolítico global.

Consolidación de monopolios intelectuales que se apropian del conocimiento socialmente producido

Teoría de la dependencia digital. Soberanía y desarrollo en el capitalismo del siglo XXI’ (Caja Negra Editora, Buenos Aires, 2026), un sugerente trabajo bibliográfico en el que se propone una actualización ambiciosa de la tradición latinoamericana de la dependencia para explicar cómo se organiza el poder en el capitalismo contemporáneo. Su autora, la economista e investigadora social Cecilia Rikap, sostiene que el centro de gravedad del dominio global ya no puede comprenderse únicamente mediante la oposición clásica entre metrópoli y colonia, ni tampoco a través de metáforas como el tecnofeudalismo: el rasgo decisivo de nuestro tiempo sería la consolidación de monopolios intelectuales capaces de apropiarse del conocimiento socialmente producido, dirigir la innovación y subordinar a Estados, universidades, empresas y trabajadores a sus plataformas, infraestructuras y estándares.

A partir de este marco de referencia la autora vincula la nube, la Inteligencia Artificial (IA), los centros de datos y el extractivismo de recursos con un nuevo patrón de dependencia global.

El libro se presenta como un ensayo de intervención teórica y política. Su valor principal radica en que no se limita a denunciar el peso desmedido de las Big Tech, sino que intenta explicar el mecanismo estructural que les permite planificar sectores enteros de la economía mundial.

En esa arquitectura, firmas como Microsoft, Amazon y Google no sólo dominan mercados: administran ecosistemas de innovación, fijan ritmos de inversión, absorben conocimiento producido en ámbitos públicos y convierten a otros actores en dependientes de sus infraestructuras. La nube, lejos de ser una metáfora neutra o meramente técnica, aparece como una forma de privatización de capacidades estratégicas.

La economista argentina Cecilia Rikap durante su intervención en el ‘Foro Economía para la Vida: hacia un Nuevo Orden Económico Internacional’ realizado en Bogotá recientemente por el Gobierno del presidente Gustavo Petro y la Internacional Progresista.

En ese sentido, Rikap desplaza la discusión desde el consumo digital hacia la cuestión del control sobre la producción de conocimiento, el cómputo y las capacidades estatales.

Centros de comando del capitalismo digital

Desde el ángulo geopolítico, la propuesta de Rikap es especialmente sugerente porque redefine la cartografía del poder mundial. El núcleo dominante no estaría conformado exclusivamente por Estados nacionales, sino por conglomerados corporativos —principalmente estadounidenses y, en menor medida, chinos— que operan como centros de comando del capitalismo digital. Esta lectura matiza los enfoques que reducen el conflicto global a una disputa interestatal y sugiere, en cambio, una red de jerarquías en la que incluso países del Norte, como los europeos, pueden ocupar posiciones periféricas si carecen de autonomía computacional, industrial y regulatoria.

La autora subraya así la emergencia de “nuevas periferias digitales” en América Latina, África y Europa, cuestionando la idea de que la sola adopción de IA o la instalación de centros de datos conduzca automáticamente al desarrollo.

Otro aporte geopolítico relevante es la tesis de la inversión de roles entre corporaciones y Estados. Según Rikap, muchos gobiernos han pasado de ser planificadores y productores de capacidades técnicas a convertirse en clientes cautivos de proveedores privados de nube, software e inteligencia artificial. Esa mutación deteriora la soberanía porque externaliza funciones críticas de administración, seguridad, salud, educación e investigación.

Además, la autora vincula el poder de las grandes tecnológicas con la infraestructura militar, el Departamento de Defensa de Estados Unidos y la expansión de tecnologías con usos bélicos, lo que amplía el problema de la dependencia digital hacia el terreno de la seguridad internacional y la gobernanza global.

Conjunto de modelos estadísticos, algoritmos, datos y capacidad de procesamiento

En el plano digital y tecnológico, el libro propone leer la IA no como magia ni como destino inevitable, sino como un conjunto de modelos estadísticos, algoritmos, datos y capacidad de procesamiento. Esa desmitificación es importante porque permite ver que el poder tecnológico no reside únicamente en la sofisticación matemática de los modelos, sino en el acceso desigual a tres recursos decisivos: bases de datos masivas, procesadores y capacidad de entrenamiento.

Desde este contexto, la carrera por la IA reproduce y profundiza asimetrías previas: quienes controlan la nube y los chips controlan también las condiciones materiales de la innovación. La tesis es coherente con el fragmento editorial del libro, donde la autora parte de una definición de la IA como técnica de medición y clasificación, y discute críticamente el paradigma según el cual el progreso depende de modelos cada vez más grandes e intensivos en cómputo.

La referencia a técnicas como el destilado resulta especialmente pertinente porque muestra que incluso las aparentes innovaciones en eficiencia suelen depender de aprendizajes previos concentrados en modelos ya existentes.

Es decir, la reducción de costos de cómputo no elimina la dependencia, sino que a menudo la reordena. Bajo esta lógica, universidades, start-ups y organismos públicos aportan datos, investigación o aplicaciones sectoriales, mientras los monopolios intelectuales conservan las capas estratégicas: la infraestructura, los modelos base, la propiedad intelectual y la capacidad de imponer estándares.

El resultado es una innovación subordinada, donde numerosos actores participan en la creación de valor, pero pocos capturan el conocimiento acumulado y los beneficios duraderos.

La dimensión económica del libro es una de las más sólidas. Rikap reelabora la noción de monopolio para argumentar que las grandes tecnológicas ejercen un poder que no se agota en la concentración de mercado. Su ventaja decisiva es intelectual: apropian conocimiento, marcas, patentes, datos, capacidades de coordinación y redes de innovación. Por eso pueden subordinar a la competencia sin necesidad de eliminarla por completo.

Economía planificada por corporaciones privadas

El libro sugiere así que el capitalismo del siglo XXI funciona cada vez menos como un mercado de agentes equivalentes y cada vez más como una economía planificada por corporaciones privadas que administran cadenas de innovación, financiamiento y captura de rentas. Esta interpretación dialoga con los trabajos recientes de la autora sobre capitalismo de monopolio intelectual y sistemas corporativos de innovación.

Cecilia Rikap

Asimismo, la crítica a los centros de datos cuestiona una promesa económica hoy muy extendida en la periferia: la idea de que atraer infraestructura digital equivale a industrialización. Rikap sostiene que esos proyectos suelen demandar enormes volúmenes de energía, agua y suelo, generan menos empleo del que prometen, ofrecen escasa transferencia tecnológica y consolidan una inserción dependiente en la economía mundial.

En lugar de producir desarrollo endógeno, refuerzan la expatriación de valor y el pago continuo de rentas por servicios esenciales. Esta objeción resulta particularmente fuerte para América Latina, donde la narrativa del “polo de IA” o del “hub regional” puede encubrir una nueva especialización subordinada basada en recursos baratos, regulación favorable y capacidades públicas debilitadas.

Conocimiento, trabajo y subjetividad

Desde una perspectiva sociológica, el ensayo ilumina cómo la dependencia digital reorganiza las relaciones entre conocimiento, trabajo y subjetividad. No se trata sólo de quién posee una tecnología, sino de quién define qué cuenta como conocimiento valioso, qué problemas deben resolverse y bajo qué criterios se mide la inteligencia.

Rikap advierte que el dominio de los monopolios intelectuales tiene un efecto epistemológico: orienta agendas de investigación, financia discursos legitimadores, redefine prioridades universitarias y acota la imaginación política sobre lo tecnológicamente posible. La dependencia, por tanto, no es meramente económica; es también cognitiva e institucional.

En ese marco, la obra también permite pensar la transformación del trabajo y de la vida cotidiana. Si los algoritmos y plataformas organizan la producción, la comunicación y la decisión pública, entonces moldean comportamientos, incentivos y formas de atención.

En declaraciones periodísticas recientes, Rikap ha señalado que la confianza ciega en la IA puede erosionar capacidades de pensamiento crítico y creatividad, mientras los sistemas digitales se diseñan para profundizar el control, la estandarización y la dependencia funcional. Esta dimensión vuelve al libro especialmente fértil para dialogar con la sociología del conocimiento, la sociología del trabajo y los estudios críticos de tecnología.

Captura del Estado, extractivismo de datos y crisis ecológica

La principal virtud del libro está en su capacidad para ofrecer una categoría analítica —la dependencia digital— que conecta problemas habitualmente tratados por separado: la nube, la IA, la propiedad intelectual, la financiarización, la captura del Estado, el extractivismo de datos y la crisis ecológica.

Además, evita tanto el optimismo ingenuo sobre la innovación como el fatalismo que presenta la subordinación tecnológica como irreversible. Su apuesta por ecosistemas digitales alternativos, centros de datos públicos y modelos fundacionales abiertos convierte el diagnóstico en programa.

Como posible límite, puede señalarse que el horizonte de construcción institucional aparece más esbozado que desarrollado: el lector queda con ganas de una discusión más extensa sobre financiamiento, escalas de coordinación internacional, gobernanza democrática y viabilidad política de esas infraestructuras públicas. Aun así, la fuerza del ensayo reside precisamente en abrir ese campo de debate con gran claridad conceptual y urgencia política.

Teoría de la dependencia digital es, en suma, un libro central para comprender el nuevo mapa del poder global. Su hipótesis de que el capitalismo contemporáneo está siendo organizado por monopolios intelectuales que capturan conocimiento, gobiernan infraestructuras y subordinan la autonomía estatal ofrece una lente poderosa para interpretar la geopolítica de la IA y de la nube.

Más que un ensayo sobre tecnología es una intervención sobre desarrollo, soberanía y democracia en el siglo XXI. Su mensaje de fondo es contundente: si las sociedades no construyen capacidades públicas e internacionales para gobernar la infraestructura digital, la innovación seguirá siendo una promesa de modernización para muchos, pero una máquina de extracción de valor para unos pocos.

¿Polo de inteligencia artificial?

Para acceder a un fragmento del libro acceder al siguiente enlace:

IA: código, datos y procesadores

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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